Cada cierto tiempo, el cielo nos ofrece momentos que despiertan asombro. Para mí, no son simples coincidencias astronómicas; son instantes que invitan a mirar hacia adentro.
En torno al mes de agosto de 2026, la danza del firmamento reunirá varios acontecimientos que captarán la atención del mundo. Más allá de la ciencia que los explica, mi alma percibe un llamado profundo: recordar que somos seres transitorios, viajeros de paso por esta Tierra.
Cuando observo a Júpiter, siento la expansión de la conciencia. En Mercurio, la necesidad de decir nuestra verdad. Marte me habla del valor para actuar con el corazón. Urano susurra que ningún cambio llega para destruirnos, sino para despertarnos. Saturno recuerda que toda evolución requiere responsabilidad y humildad. Y Neptuno abre la puerta al misterio, a la compasión y a la conexión con lo invisible.
Los eclipses, para mí, representan portales simbólicos. No anuncian destinos inevitables; nos invitan a cerrar ciclos, a soltar aquello que ya no pertenece a nuestra historia y a confiar más en la luz que en el miedo.
Por eso siento que este tiempo nos pide vivir sin rencores, sin cargas innecesarias y con menos apego a lo material. Nada de lo que acumulamos permanecerá para siempre. Lo único que verdaderamente trasciende es el amor que entregamos, la paz que sembramos y la huella que dejamos en el alma de otros.
No escribo estas palabras para convencer. Las comparto porque es lo que mi alma escucha cuando contempla el cielo.
Con amor,
Milly Ordóñez / Guía espiritual
@MILIORDONEZ_OFICIAL
