Economía.– La economía venezolana enfrenta una nueva paradoja que ha encendido las alarmas entre analistas y expertos financieros: el país, históricamente receptor de remesas, se ha convertido en un exportador neto de las mismas. Así lo revela un informe reciente de la casa de cambio Zoom, cuyo presidente, César Atencio, ofreció declaraciones contundentes en entrevista con Unión Radio.
Según Atencio, por cada dólar que ingresa al país, dos salen con destino a Colombia, una dinámica que refleja no solo el debilitamiento del flujo de remesas hacia Venezuela, sino también el creciente número de migrantes que ahora dependen del apoyo económico de sus familiares que permanecen en el país.
Este fenómeno se ve agravado por la caída de las remesas formales, que han descendido de un 60% a un 47% en el último año, según datos de Western Union. La causa principal, advierte Atencio, podría ser el posible fin del Estatus de Protección Temporal (TPS) para más de 600 mil venezolanos en Estados Unidos, lo que reduciría drásticamente el envío de fondos desde ese país.

Infraestructura precaria y vías informales
Otro factor que contribuye a esta situación es la escasa infraestructura formal para recibir remesas. Venezuela cuenta con apenas 132 puntos autorizados, en contraste con los 25 mil de Colombia y los 100 mil de México. Esta limitación ha incentivado el uso de canales informales, donde el diferencial cambiario favorece la salida de divisas.
Para contrarrestar esta tendencia, Zoom propone habilitar corresponsalías bancarias en comercios como farmacias y supermercados, lo que podría captar hasta 800 millones de dólares adicionales al año.

El cambio en el perfil del migrante
El economista Ronald Balza, decano de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), añade una perspectiva humana al fenómeno. “Muchos migrantes ya no pueden enviar dinero; ahora dependen de sus familiares en Venezuela”, señala. El perfil del migrante ha cambiado: si antes eran profesionales con empleos estables, hoy enfrentan mayores dificultades económicas que limitan su capacidad de enviar remesas.
Un reflejo regional
La situación venezolana se enmarca en una desaceleración más amplia del flujo de remesas en América Latina, que cayó entre un 10% y un 15% en 2024, frente a los 160 mil millones de dólares recibidos en 2023.
Este giro inesperado en el comportamiento de las remesas plantea interrogantes profundos sobre la sostenibilidad económica del país y la resiliencia de sus redes familiares. En un contexto donde casi el 40% de la actividad económica depende de las remesas, Venezuela se enfrenta a una encrucijada que exige respuestas urgentes y estructurales.
¿Quién sostiene a quién? En esta nueva realidad, la respuesta ya no es tan clara.