Campos petroleros: el ocaso de los urbanismos que imitaban el sueño americano

Hoy, ese modelo habitacional está en ruinas.  Esos 20 campos petroleros construidos en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, que albergaron para ese entonces unas 10 mil personas, son el reflejo de la crisis que ha llevado a la decadencia a la economía petrolera del país.

por Noris Hernández

Cabimas.- Durante gran parte del siglo XX, los campos petroleros de la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, en municipios como Cabimas, Simón Bolívar, Lagunillas, Bachaquero y Baralt, fueron símbolo de modernidad, desarrollo y estilo de vida estadounidense.

Construidos por compañías petroleras extranjeras, estos urbanismos ofrecían viviendas organizadas en cuadras, con jardines, porches, clubes sociales, escuelas y hospitales cercanos. Era una Venezuela que respiraba petrodólares y aspiraba al confort suburbano.

«Una dosis de desarrollo en un país subdesarrollado», escribiría el periodista Daniel Pardo en un reportaje sobre el tema para la BBC mundo.

Hoy, ese modelo habitacional está en ruinas.  Esos 20 campos petroleros construidos en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, que albergaron para ese entonces unas 10 mil personas, son el reflejo de la crisis que ha llevado a la decadencia a la economía petrolera del país.

“Los venezolanos que vivimos en campo petrolero vivíamos literalmente en USA. Con casa, club, playas privadas, comisariato, clínica, estadios fútbol o béisbol, gym, muelle con yates, todo eso, pero en Venezuela”, sostuvo un usuario de la red social Instagram identificado como @jhonysaludable, en respuesta a un vídeo de recorrido por el campo Hollywood de Cabimas realizado por el influencer argentino Luciano Viajero en su visita al Zulia.

Esta etapa de las regiones petroleras de Venezuala estaba adornada por la bonanza que generó la explotación petrolera, que pintó sus paisajes con hermosas villas donde todo estaba a la mano de sus moradores, y que representaban la transformación cultural y social de la Región.

Infraestructura colapsada

Las casas que alguna vez fueron ocupadas por ingenieros, técnicos y obreros petroleros ahora muestran techos colapsados, calles rotas, postes caídos y servicios públicos inexistentes. La estética estadounidense que caracterizaba estos barrios con casas idénticas, amplias avenidas y zonas verdes, ha sido reemplazada por el abandono y el deterioro.

La crisis de la industria petrolera venezolana, agravada por décadas de desinversión, corrupción y sanciones internacionales, ha dejado a estas comunidades sin mantenimiento ni inversión. Muchas viviendas están deshabitadas o han sido ocupadas informalmente por familias que no tienen acceso a servicios básicos continuos.

Carlos Medina, economista zuliano, y autor de varios libros basados en el desarrollo y el ocaso de estos urbanismos petroleros, asegura que «el deterioro de la cultura petrolera que se avista en estos centros urbanísticos, es el pago por las ambiciosos programas sociales de los años recientes».

Contaminación, abandono, memoria y nostalgia

 A esto se suma la grave contaminación ambiental. Los derrames petroleros y la acumulación de basura en las costas del Lago de Maracaibo han afectado directamente a los campos petroleros, donde las estaciones y balancines están oxidados y muchos de ellos sin funcionamiento. Pescadores denuncian que el petróleo en el agua ha reducido la fauna y generado problemas de salud.

Para quienes vivieron en estos urbanismos en su época dorada, el recuerdo es casi cinematográfico: fumigaciones diarias, hamburguesas con malteadas los fines de semana, fiestas en sus clubes sociales, vigilancia privada y una vida comunitaria activa.

«Teníamos una unidad de Atención comunitaria, donde hasta los bombillos nos los cambiaban. Pintaban nuestras casas, cortaban la maleza y recogían la basura casi a diario», son los recuerdos que repiten sin cesar quienes habitaron esas viviendas.

Hoy, esa memoria contrasta con la realidad de calles desiertas, estructuras corroídas y una sensación de pérdida colectiva.

Pedro Romero un usuario de las redes escribía y con mucha razón, un comentario donde desglosa las causas de abandono de estos campamentos, marcando como primera la nacionalización petrolera, 1975, que no transfirió la propiedad de la vivienda al trabajador petrolero.

Agregó que otra causa visible es que los campamentos petroleros no fueron integrados a la administración de los municipios durante la nacionalización y posterior trasferencia, por la descentralización.

“Luego tenemos el decreto nacional sobre la subsidencia, que ordenó el traslado de las comunidades bajo el nivel del lago a cotas más altas. Ello condujo a suspender nuevos desarrollos y mantenimientos”, explicó.

Romero sumó que este decreto partió del supuesto equivocado de la fragilidad del dique. “El sistema de diques y drenajes de la COL contó con la experticia de los Países Bajos, Shell, que han persistido en el tiempo debajo del nivel del Mar.

Indicó que la subsidencia existe como tal, pero es un asentamiento lento y uniforme, no es diferencial. No es el causante por ejemplo de las fracturas de las casas en el urbanismo Campo Alegría en Lagunillas. «Estos campamentos están asentados sobre áreas ganadas al lago, rellenos, la mayoría construidas sin estructuras, solo bloques trabados en sus esquinas y encuentros de paredes divisorias. Si se observa el estado de las calles y aceras, construidas muy posteriormente a las casas, con un compacto relleno de soporte, las mismas no presentan quiebres ni hundimientos”.

Como última causa Romero señala la caída de la producción petrolera por la peor dirección que ha habido en el país, en toda su historia, y de su principal industria, lo que explica el colapso no solo de las poblaciones petroleras sino de toda Venezuela.

¿Hay esperanza?

Aunque algunos esfuerzos comunitarios y gubernamentales han intentado recuperar espacios, el deterioro estructural y ambiental es profundo. Expertos señalan que sin una reactivación seria de la industria petrolera y un plan integral de recuperación urbana, los campos petroleros seguirán siendo testigos silenciosos del auge y caída de una bonanza petrolera que se extingue en el país.

Texto y Fotos/Noris Hernández

Fuente/Copilot IA

 

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