NACIONAL.- El doble terremoto que ha azotado a Venezuela ha dejado una huella de destrucción cuya magnitud se refleja, con dolorosa crudeza, en el colapso de los servicios forenses. Las morgues de Caracas y La Guaira han sido superadas, forzando la creación de centros de acopio improvisados donde los cuerpos yacen en condiciones precarias, a la espera de ser reclamados por sus seres queridos.
La espera para recuperar los cuerpos de las víctimas se ha convertido en una tortura diaria para cientos de personas, y según un reporte digital de una emisora radial extranjera, el proceso, marcado por la desinformación, el sol inclemente y la burocracia, ha desgastado la paciencia de los sobrevivientes.
Allí, en el piso de las morgues improvisadas, tapados con sábanas, bolsas plásticas o cualquier alternativa, están algunos de los cuerpos que ya fueron identificados, llegan grupos de personas llegan buscando información, queriendo encontrar el cuerpo de sus seres queridos

FOTO/CAPTURE
Testimonio sobre la situación
Alvin Jiménez, dice que lleva dos días buscando a cinco familiares que perdió en la tragedia, sorteando trámites fallidos y traslados entre distintas morgues.
Por su parte Greta Torres, denuncia que tiene cuatro días esperando frente a la morgue de Bello Monte, advirtiendo sobre el avanzado estado de descomposición de los cuerpos.

FOTO/CAPTURE
Denuncias de corrupción en medio del duelo
A la tragedia y la imposibilidad de realizar funerales tradicionales —debido a que los cuerpos deben ir directamente a cremación— se suman denuncias de extorsión. Según testimonios de los afectados, funcionarios públicos estarían exigiendo cobros indebidos para agilizar los trámites de entrega de cadáveres.
“Es increíble que no tengamos solamente que lidiar con la tragedia, sino también con la extorsión de quienes deberían prestar un servicio público”, señaló Greta Torres al respecto.

FOTO/CAPTURE
Cifras que no dejan de crecer
Mientras las familias continúan su lucha entre papeles y promesas incumplidas, la cifra oficial de fallecidos sigue en aumento, superando ya las 2.954 víctimas. La realidad en la zona cero es clara: el sistema ha sido rebasado y el duelo de todo un país se ve empañado por la negligencia y el dolor de una gestión forense inoperante.