SALUD.- A un mes exacto del devastador doblete sísmico que sacudió la región norte-central el pasado 24 de junio, las consecuencias de la emergencia no solo se miden en toneladas de escombros e infraestructura colapsada, sino en una silenciosa y compleja crisis epidemiológica.
Los boletines oficiales de sanidad correspondientes a las últimas semanas documentan el impacto de la catástrofe sobre el sistema de vigilancia epidemiológica del país, evidenciando un escenario donde patologías prevenibles y de notificación obligatoria se mantienen en constante aumento, superando con holgura los promedios históricos esperados.
La situación se desarrolla en un contexto de vulnerabilidad extrema: miles de personas damnificadas permanecen hacinadas en albergues temporales y carpas improvisadas, donde la interrupción prolongada del acceso regular a agua potable y servicios sanitarios básicos dinamita las barreras tradicionales de contención bacteriana y viral.

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Colapso en el Flujo de Datos: El Silencio Epidemiológico
Uno de los primeros y más graves daños colaterales de los sismos ocurrió dentro de las propias estructuras de control del Estado. El flujo de datos sobre enfermedades de notificación obligatoria sufrió un desplome generalizado en los días posteriores a los movimientos telúricos.
Cobertura crítica: La transmisión nacional de centros asistenciales apenas alcanzó el 47,93% en la semana 25, recuperándose de manera muy leve hasta el 51,10% en la semana 26.
Apagón informativo: El estado Miranda experimentó un silencio epidemiológico absoluto en la semana 25, registrando un 0% de transmisión informática debido a severas fallas eléctricas.
El caso Zulia: Entidades de alta densidad poblacional como el estado Zulia —que concentra la mayor cantidad de unidades notificantes del país— operaron en niveles críticos, con apenas un 7,71% de sus centros reportando sus incidencias durante la semana 26.

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Brotes en refugios: Diarreas e infecciones respiratorias al alza
Siguiendo las advertencias de la Sociedad Venezolana de Infectología (SVI), tras superar la fase inicial de rescate, el país ingresó en la etapa de vida colectiva y desplazamiento. En este período (del cuarto día a la cuarta semana), el hacinamiento y la precariedad higiénica disparan de inmediato las patologías entéricas y respiratorias.
Enfermedades Diarreicas Agudas (EDA)
Entre el 28 de junio y el 4 de julio se contabilizaron más de 16 mil casos semanales en todo el país, cifras que superan de forma sostenida la media histórica esperada de 12.704 casos.
- Los estados Amazonas, Trujillo, Yaracuy y Falcón encabezan la morbilidad por esta causa.
- La tasa de diarreas en lactantes menores de un año escaló hasta los 211,25 casos por cada 100 mil habitantes, poniendo en riesgo crítico a la población neonata y infantil.
Infecciones Respiratorias Agudas (IRA) y COVID-19
Las afecciones respiratorias registraron un incremento del 5,27% respecto a la semana previa, totalizando 47.918 casos.
- El impacto en la infancia es alarmante: la incidencia en lactantes pasó de 384,7 a 425,5 casos por 100 mil habitantes entre las semanas 25 y 26.
- Mientras las neumonías experimentaron un leve descenso (2.376 casos) y la influenza cayó a 194 reportes, las Infecciones Respiratorias Agudas Graves (IRAG) aumentaron a 165 casos.
- Por su parte, el COVID-19 repuntó con tres casos confirmados en la semana 26, superando la expectativa epidemiológica semanal.
El Riesgo Silente de la Hepatitis A
El Ministerio de Salud documentó ocho casos de hepatitis A en la última semana epidemiológica. Expertos sanitarios advierten que, en albergues y refugios temporales, la propagación por la vía fecal-oral —a través de agua o alimentos contaminados y la ausencia de higiene adecuada para el lavado de manos— encuentra un caldo de cultivo ideal. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recuerda que los menores de seis años suelen pasar la infección de forma asintomática, convirtiendo los espacios compartidos en focos epidemiológicos silentes.

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Panorama de endemias: Dengue, malaria y zoonosis
A las patologías asociadas directamente con la crisis de los refugios se suman las cargas endémicas preexistentes en el territorio nacional:
Dengue: Superó los 8.200 casos acumulados en el año. Un 31,3% de estos presentan signos de alarma, afectando principalmente a niños de entre 0 y 9 años.
Malaria: Los contagios continúan sumándose de manera sostenida, situando la cifra anual en torno a los 54 mil casos, con una concentración crítica en los estados Bolívar y Amazonas.
Fiebre Hemorrágica Venezolana: Se registró una marcada discrepancia en el boletín de la semana 26; mientras el texto narrativo indicaba ausencia de nuevos diagnósticos, el tablero epidemiológico oficial contabilizó cuatro casos confirmados del virus Guanarito, ubicando la tendencia anual por encima de las estimaciones históricas.
En contraste, indicadores como la rabia humana y la parálisis flácida se mantuvieron controlados, cerrando ambas semanas sin registros confirmados.
Alertas en patologías inmunoprevenibles
El grupo de enfermedades prevenibles por vacunación experimentó incrementos puntuales y preocupantes durante la semana 26:
Hepatitis B: Se elevaron a 2 los reportes sospechosos.
Difteria: Se documentó un caso sospechoso, rompiendo la tendencia en cero de la semana anterior.
Sarampión: Los casos sospechosos escalaron a 28 (cuatro más que en el período previo).
Tos Ferina (Pertúrsis): Se ubicó «por encima de lo esperado» tanto en el balance semanal como en el anual, tras registrar tres casos sospechosos. Esta infección bacteriana aguda de las vías respiratorias —caracterizada por accesos de tos intensa seguidos de chillidos al inhalar— representa un peligro latente en comunidades con coberturas de inmunización rezagadas.

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Respuesta Humanitaria y Hospitales de Campaña
Ante el colapso de la infraestructura hospitalaria tradicional en las zonas más golpeadas, la respuesta de emergencia se reorientó mediante la integración de Equipos Médicos de Emergencia (EMT) y hospitales de campaña internacionales.
Durante la semana 26, estas instalaciones brindaron 1.595 consultas médicas especializadas, atendiendo:
- Traumatismos graves en cabeza, columna, torso y extremidades.
- 78 heridos moderados y 203 leves derivados del colapso estructural.
- 29 intervenciones quirúrgicas mayores y 2 amputaciones de extremidades.
- 141 atenciones psicológicas y psiquiátricas orientadas a manejar crisis agudas de salud mental en los sobrevivientes.
Transición hacia la Recuperación Temprana
El pasado 14 de julio, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) anunció formalmente la transición hacia la fase de recuperación temprana en Venezuela. Con el respaldo de la cooperación internacional, los esfuerzos nacionales se han reenfocado en la rehabilitación prioritaria de la red pública de salud, la dotación de insumos esenciales, kits quirúrgicos y la distribución masiva de agua potable en centros asistenciales.
Para evitar una crisis biológica secundaria en las próximas semanas —donde la malnutrición y el estrés crónico podrían propiciar la reactivación de patologías como la tuberculosis o la leptospirosis, según advierte la SVI—, los organismos internacionales insisten en blindar tres ejes fundamentales:
Restauración absoluta de los sistemas de agua potable y saneamiento.
Garantía estricta de suministros para profilaxis y vacunación estratégica (incluyendo toxoide tetánico y antibióticos).
Despliegue de patrullaje epidemiológico activo en tiempo real dentro de cada refugio temporal del país.