COL.– Hay tragedias que marcan una vida, pero para los originarios de La Guaira, la naturaleza ha vuelto a ensañarse de una manera indescriptible. El pasado 24 de junio, la tierra rugió en lo que muchos ya califican como el sismo más devastador de la historia reciente de Venezuela.
En medio de las ruinas, el polvo y el eco de los gritos de auxilio, cuatro miembros de una misma familia lograron vencer la muerte. Hoy, refugiados en los apartamentos de Ciudad Bolívar, en el municipio Simón Bolívar del estado Zulia, dos parejas abren su corazón para relatar el milagro de estar vivos, arrastrando consigo el trauma de haberlo perdido absolutamente todo.
El desplome por dentro: «El piso se hundió»
Para Eleidys Escobar de Méndez (32 años) y su esposo Gilbert Méndez, la tarde transcurría con la normalidad de un día de juegos junto a sus pequeños hijos: una niña de seis años y un bebé. Se encontraban en el sector Guanape cuando el suelo comenzó a vibrar con una violencia inusitada.

Eleidys Escobar de Méndez (32 años) y su esposo Gilbert Méndez
«Empezó de un viaje, rápido el temblor… llegó un momento en que mi esposo me empujó, salimos corriendo y abrimos las puertas», relata Eleidys con la voz aún entrecortada por el shock. La escena fue de terror: la estructura no cayó hacia la calle, sino que la placa colapsó hacia el interior.
«Mi hija en ese momento se agarró de un tubo y logramos salir. Fue algo impactante, demasiado… yo pensé que no iba a contar nada ni a ver más a mi familia», confiesa, reviviendo el trauma de escuchar a la gente gritar y correr en medio de la catástrofe.
Gilbert, sobreviviente también de la histórica tragedia de Vargas en 1999, describe esos tres segundos como una marca imborrable en su memoria: «Sentí la vibración, empujé a mi hija hacia afuera… el apartamento se estaba cayendo feo, humo, se fue la luz de repente».
Para él, el dolor material pasa a un segundo plano ante las pérdidas humanas en su entorno: un primito de apenas 10 años en Caribe y unas primas con sus esposos e hijos en Los Corales perdieron la vida. La única luz en su dolor fue la aparición de su hermano, quien estuvo desaparecido. «Un milagro de Dios», afirma con resignación.
Como una galleta triturada: El terror en Playa Grande
A kilómetros de Guanape, en la torre P13 del Urbanismo Suma Hugo Chávez (Playa Grande), la otra parte de la familia vivía su propio infierno. Emily Méndez se encontraba cuidando una casa cuando un espejo le cayó encima debido a la fuerte sacudida. En medio del caos, su prioridad fueron sus cuatro perros.

Emily Méndez y Yorman Dasilva
«Me caí varias veces, me di golpes en el piso… la reja estaba trancada y tuve que volver a subir a buscar la llave en pleno temblor», recuerda.
«Los centros comerciales estaban abajo, las panaderías… todo abajo». Su pareja, Yorman Dasilva, terminaba de lavar su auto cuando sintió que la tierra se abría. «Veo cuando todo se va al suelo, como si fuera una galleta triturando una galleta. Es una cosa inexplicable, ver cómo tantos años de sacrificio se destruyen en segundos». Yorman corrió desesperado a buscar a su mamá , cuya vivienda colapsó, a su abuela y a su hija, hallándolas a salvo pero con los ojos llenos de devastación.
El dolor del desarraigo y un clamor por ayuda
A pesar de estar a salvo en el estado Zulia gracias al cobijo de sus familiares, el proceso de asimilación es una tortura psicológica. Yorman confiesa el dilema de haber dejado su tierra: «Mi cuerpo está aquí, pero mi mente allá. Mi familia está allá refugiada en Marapa Piache… es muy difícil. Aún siento miedo».
Hoy, estas dos parejas y sus hijos forman parte de las estadísticas de damnificados que no tienen un techo propio al cual regresar. Desde el Zulia, elevan una voz de súplica unísona a las autoridades competentes: solicitan con urgencia ser reubicados en viviendas dignas.
«La casa es lo más importante ahorita, porque lo demás uno lo consigue trabajando y luchando», expresa Gilbert con la resiliencia del guaireño.
Al cierre de su testimonio, Emily deja una reflexión profunda para un país en duelo:
«Ahorita no vale lo material. Lo que vale es estar en familia, perdonar los rencores y dejar el orgullo a un lado. Hoy estamos y mañana no sabemos. Esto pasó en cuestión de segundos… hay que valorar la vida».
Gayledys Barrientos
Fotos y video: GB
EL REGIONAL DEL ZULIA