DÍA NACIONAL DEL ABOGADO

POR: DR. ALIRIO FIGUEROA ZAVALA.

Individuo de número de la Academia de Ciencias Jurídicas del Estado Zulia.

El próximo jueves 23 del presente mes y año se celebra el Día Nacional del Abogado, y como suelo hacerlo, escribo algunas notas alusivas sobre nuestra profesión. Ese día es para exaltar la memoria del Dr. Cristóbal Mendoza, quien fuera Presidente del Primer Poder Ejecutivo de nuestra República; y para enaltecer la labor del profesional del derecho, por su aporte al progreso del país y a la causa de la justicia.

La abogacía es, quizás, la profesión, que ha suscitado más diversidad de juicios. Ella se péndula entre la confianza y el escepticismo, entre el elevado concepto y el mayor oprobio; la razón de esto se fundamenta en que ninguna profesión se enfrenta con más pasiones e intereses debatidos.

Esto explica que sus defectos trasciendan al público con más estridencia que el daño que infringen otras profesiones de extraviada conducta. No obstante, la abogacía es una profesión de vital importancia para la sociedad; y de allí, que el Abogado es imprescindible para que el Estado cumpla sus fines; y por esta razón la Constitución Nacional vigente, consagra una importancia a la abogacía, pues en el artículo 253, la coloca como parte integrante del sistema de justicia.

En este orden de idea, tenemos que tener claro que el Derecho es algo de mucha significación para la comunidad. En un sistema de plenas libertades, el Derecho es el verdadero punto de equilibrio, eje de la paz social y representación autentica de la equidad y justicia; y de la manera como se interpreten sus normas, de la forma como se apliquen en la búsqueda de dar a cada quien lo que verdaderamente le corresponda, dependerá el prestigio o el desprestigio del abogado.

Al paso de los años se ha demostrado que todo Derecho, todo sistema de legalidad es expresión de un determinado sistema de legitimidad, de una cierta idea de la justicia. Porque cada quien tiene derecho a hacer o a exigir lo que la ley establece, permite y no prohíbe; y lo deseable habrá de ser siempre que nada considerado legal sea injusto, que de una aplicación de la Ley no nazca una aberración jurídica, ni un abuso del derecho en beneficios de unos y perjuicios de otros.

Finalmente, es pertinente traer a colación lo que escribió el Ilustre Jurisconsulto, Dr. Ángel Ossorio, quien expreso: “La Abogacía no se cimenta en la lucidez del ingenio, si no en la rectitud de la conciencia”.