ECONOMÍA.- La economía de Venezuela atraviesa una encrucijada sin precedentes. Lo que comenzó en enero como una prometedora etapa de apertura, marcada por la reinserción en el sistema financiero internacional y la atracción de capital privado hacia los sectores petrolero, minero y eléctrico, ha sido eclipsado por la fuerza de la naturaleza. Los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron al país el 24 de junio han obligado a la nación a transitar hacia un “modo tragedia”.
Los terremotos han transformado radicalmente el panorama económico del país, reduciendo hasta cuatro puntos las previsiones de crecimiento anual, que originalmente se situaban entre el 4% y el 8%.

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Un impacto profundo en las proyecciones
La catástrofe ha dejado un saldo humano desgarrador de 3.811 fallecidos y 16.740 heridos, además de 17.900 personas sin vivienda que hoy residen mayoritariamente en campamentos transitorios. El costo del desastre se refleja directamente en los indicadores macroeconómicos:
Ajuste del PIB: Felipe Capozzolo, presidente de Fedecámaras, estima que la catástrofe podría restar entre dos y tres puntos al producto interno bruto (PIB).
Reducción de expectativas: El economista Asdrúbal Oliveros señala que las proyecciones iniciales de crecimiento (5% a 8%) han sido recalibradas a un rango entre el 2% y el 4%.
Presión inflacionaria: Se advierte que el aumento del gasto público necesario para la reconstrucción podría generar nuevas presiones sobre la inflación.
Infraestructura y reconstrucción
El daño físico es masivo. Con 190 edificios colapsados y daños críticos en hospitales, escuelas, comercios, puentes y el Aeropuerto Internacional “Simón Bolívar”, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estima de manera preliminar los daños directos en 6.700 millones de dólares.
Ante este escenario, la estrategia de recuperación se perfila bajo los siguientes ejes:
Alianzas público-privadas: Fedecámaras propone un modelo de trabajo conjunto para acelerar la recuperación, requiriendo necesariamente financiamiento internacional.
Gestión institucional: La mandataria encargada, Delcy Rodríguez, ha establecido conversaciones con EE.UU., Brasil, el FMI y el Banco Mundial.
Recursos inmediatos: Se ha creado un fondo inicial de 200 millones de dólares y una cuenta especial en la CAF para canalizar donaciones internacionales.
El respaldo internacional se mantiene
A pesar de la magnitud de la tragedia y el cambio inevitable en la “hoja de ruta”, el interés estratégico de actores clave como Estados Unidos permanece inalterado. La estrecha colaboración entre Caracas y Washington, impensable hasta hace pocos meses, ha mutado de una agenda de apertura comercial a un frente común de respuesta ante el desastre.
Para el Gobierno estadounidense, la energía venezolana sigue siendo un eje fundamental, y la administración de Donald Trump ha confirmado que sus planes con el país permanecen intactos. “Eso no significa que se hayan abandonado los objetivos iniciales”, asegura Oliveros, subrayando que la reconstrucción y la atención a los damnificados, aunque demandantes, no detendrán la hoja de ruta económica planteada para este año.