Curiosidad.- En el bullicio del Puente Internacional Simón Bolívar, entre el rugir de los motores y el ir y venir de maletas, apareció una imagen que detuvo el tiempo en la mirada de quienes la observaban: un bicitaxi. No era un vehículo de paseo, era el «arca» de la familia Bravo. A bordo, Miguel, su esposa, sus cuatro hijos y un cachorro que, apretado entre los regazos infantiles, recordaba que en las mudanzas del alma no se deja a nadie atrás.
Cuatro años de raíces que no terminaron de prender en suelo colombiano quedaron atrás. Miguel, con la mirada cansada pero el norte claro, resumió el adiós con una frase que guarda el pudor de quien ha sufrido: «Hay cosas que no se pueden decir». Lo que sí se podía ver era el sudor. Ese esfuerzo titánico de pedalear durante 15 días, turnándose con su esposa para vencer la geografía del Cesar y Norte de Santander.
Un viaje entre la tragedia y la solidaridad
El camino no fue amable. En Ocaña, el destino les puso una prueba de fuego cuando un vehículo los embistió por detrás, lanzando sus sueños y su bicitaxi a una cuneta. Pero una familia que decide cruzar una frontera en tres ruedas no se rinde fácilmente. Lo repararon con las manos y la voluntad, y siguieron adelante.
Hubo ángeles en la vía: camioneros que, al ver la fragilidad del vehículo frente a la inmensidad de la carretera, les dieron «aventones» que acortaron la agonía del asfalto. Sin ellos, el sol todavía los encontraría en mitad de la ruta.
El motor de la nostalgia
Mientras los transeúntes de la Avenida Venezuela en San Antonio sacaban sus celulares para registrar lo increíble, Miguel no buscaba fama, buscaba el abrazo de su madre. El bicitaxi, adquirido por 600,000 pesos gracias a la ayuda de un patrón generoso en una finca, ahora enfilaba hacia Peracal.
El destino final son los Valles del Tuy, en Miranda. Falta mucho camino, muchas subidas que quemarán las piernas y bajadas que exigirán frenos de acero, pero el motor de este bicitaxi no es de gasolina: es el deseo de volver a casa, al lugar donde alguien los espera para decirles, finalmente, que el viaje ha terminado.

