OPINIÓN

EL ÚNICO CULPABLE 

POR: DR. ALIRIO FIGUEROA ZAVALA.

Individuo de número de la Academia de Ciencias Jurídicas del Estado Zulia.

La Venezuela de hoy es una nación de crecientes inquietudes. Algunas son de vieja data y otras de reciente cosecha, pero todas tienden agudizarse a medida que se acentúan los efectos de la crisis que nos golpea y que por cierto parece no haber alcanzado todavía su grado culminante. En todo caso, nos encontramos como Adán y Eva en los momentos posteriores a su expulsión del paraíso: Perplejos y sin conocimiento claro de lo que les había ocurrido. Solo al amanecer del día siguiente – creo que así lo cuenta la biblia – adquirieron conciencia cabal del drama que habían provocado con su desobediencia. Como para sentar precedente, la primera acción de los expulsados fue buscar alrededor alguien sobre quien descargar la culpa de su trascendental pecado. El único tercero disponible era la serpiente y quedó consagrada para siempre como sospechosa. En la versión actual y venezolana del relato algunos afectados imputan a los partidos políticos todas las calamidades, tanto por sus antagonismos públicos como por sus secretas complicidades. Otros opinan que la culpa es de la Cuarta República y todos los males que padecemos son productos de las malas políticas de esos gobiernos. No falta quien apunte a la institución presidencial y sus atribuciones juzgadas excesivas como la causa principal de los problemas que se confrontan. Por su puesto, el Poder Judicial y sus mecanismos no dejan de atraer la atención y los reproches de otros observadores. Todas estas lucubraciones confluyen en un anhelado cambio de la política del actual gobierno. Es evidente que confrontamos una crisis y que es peligroso simplificarla ingenuamente. Una reorientación sobre todo en la política económica tiene que hacerse en forma convenida entre el gobierno, los trabajadores, los empresarios y los partidos politicos. También hay que tomar en cuenta que una buena política económica no se arregla exclusivamente con leyes. Las leyes no son buenas ni malas, sino que todo depende del modo de su aplicación. Además, es necesario tener presente, que cuando nos referimos a una especie de concertación entre los sectores anteriormente mencionados, debemos detenernos a recordar la importancia que reviste el acondicionamiento de los hombres que van aplicar y manejar los instrumentos productos de esa concertación. Se necesita funcionarios competentes, idóneos, pulcros en el manejo de la cosa pública. Se necesitan jueces honrados, profesores bien informados y cumplidores de sus deberes, recaudadores pulcros, planificadores competentes y notablemente motivados, etc. Toda esta magna tarea que la nación nos reclama, tal vez pueda expresarse con el vocablo “educación”. Para el pensamiento moderno es un axioma que el hombre cambia con las circunstancias y entre estas pesan, notoriamente, la escuela y el ambiente social.