Curiosidades.- En una hazaña que marcó un antes y un después en el desarrollo científico de América Latina, Venezuela se convirtió en el primer país de la región en construir y operar un reactor nuclear de investigación: el legendario Reactor RV-1.
La historia comenzó en la década de 1950, en plena efervescencia mundial por el potencial pacífico de la energía nuclear.
Bajo el impulso de la recién creada Comisión Venezolana de Energía Atómica (CVEA) y con el respaldo técnico de organismos internacionales como el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Venezuela comenzó en 1956 a dar vida al proyecto más ambicioso de la región: la construcción del Reactor RV-1 en el Centro de Investigaciones Nucleares, ubicado en Los Chaguaramos, Caracas.

Humberto Fernández Morán: el gran científico
El científico zuliano Humberto Fernández-Morán fue la figura clave detrás del desarrollo del Reactor Nuclear RV-1. Su papel fue fundamental como director del Instituto Venezolano de Neurología e Investigaciones Cerebrales (IVNIC), epicentro de la investigación científica avanzada en Venezuela, institución que luego se transformaría en el IVIC, y que fue fundado por este brillante científico.
Fernández-Morán fue el principal asesor científico del gobierno venezolano en el proyecto, durante la presidencia de Marcos Pérez Jiménez. Supervisó el diseño y construcción del reactor, en colaboración con General Electric y expertos internacionales como Walter Zinn y K.O. Donelian.
También participó en la firma del convenio con EE.UU. dentro del programa “Átomos para la Paz”, que permitió la donación de fondos y tecnología para el reactor.
Representación internacional del reconocido científico venezolano, fue esencial al integrarse a la delegación oficial venezolana en la Conferencia Internacional sobre el Uso Pacífico de la Energía Atómica en Ginebra (1955), organizada por el OIEA. Asimismo, promovió la visión de Venezuela como potencia científica emergente en el ámbito nuclear.
Bajo la dirección del doctor Humberto Fernández-Morán, el RV-1 se convirtió en una plataforma para formar científicos, producir radioisótopos y realizar investigaciones en física y radiobiología.
Aunque fue exiliado tras el derrocamiento de Pérez Jiménez en 1958 y no vio el reactor en funcionamiento, su huella quedó impresa en cada etapa del proyecto. Su visión científica y compromiso con el país lo posicionan como uno de los grandes pioneros de la ciencia venezolana.

Gran inauguración
Inaugurado oficialmente el 12 de febrero de 1960, el RV-1 fue un reactor de tipo tanque-piscina, moderado con agua ligera y alimentado por uranio enriquecido. Era un tipo de reactor tipo MTR con capacidad de 3 mil megavatios ideal para pruebas científicas y desarrollo de materiales. Su finalidad no era generar energía eléctrica, sino servir como plataforma de investigación científica, formación de personal especializado y producción de radioisótopos para usos médicos e industriales.
El RV-1 posicionó a Venezuela como un referente en tecnología nuclear en América Latina, siendo el único país con capacidad para entrenar físicos, químicos e ingenieros en energía atómica en ese momento. Además, impulsó estudios pioneros en física de partículas, radiobiología y materiales, consolidando la reputación del país en el ámbito académico.


Un legado que perdura
Aunque el reactor fue dado de baja en el año 1991, su legado sigue vivo. El RV-1 representa la visión de un país que apostó por la ciencia como motor de desarrollo, marcando el inicio de una etapa de colaboración internacional y autosuficiencia técnica inédita en el continente.
En el año 2001 renació como una planta de esterilización por rayos gamma, que hoy se usa para esterilizar alimentos y materiales quirúrgicos, además de otras aplicaciones científicas, con el nombre de Pegamma.
El terreno abonado por la proyección del Dr. Humberto Fernández-Morán, hacen posible que Venezuela continúe con esa mirada multidisciplinaria de la tecnología radioisotópica y de irradiación aplicada a una variedad de esferas inimaginables, principalmente en la medicina, la industria, la agricultura y el medio ambiente, lo que convierte no solo a Pegamma en un referente en el territorio, sino también en punta de lanza dentro del proceso de investigación científica y las alianzas que se desarrolla con el uso pacífico de la energía atómica.
El recuerdo del RV-1 es símbolo de lo que Venezuela puede lograr cuando la voluntad científica se une con el compromiso institucional.
