NACIONALES.- Cuando se cumple un mes de los terremotos que sacudieron al país, la etapa de remoción de escombros y atención inicial a las víctimas da paso a uno de los desafíos más complejos de la historia urbana reciente: la reconstrucción del litoral guaireño. Para José Humberto Gómez, director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), este proceso exige prudencia, rigor técnico y, sobre todo, una profunda pausa para la reflexión antes de levantar nuevas estructuras.
En una entrevista concedida al portal Banca y Negocios, el experto subraya que el inusual fenómeno telúrico del pasado 24 de junio dejó una lección contundente: el evento «nos agarró fuera de base a todos». Ante este escenario, la consigna institucional y profesional debe centrarse en comprender qué ocurrió, por qué fallaron ciertas estructuras y, fundamentalmente, aprender de aquellas que lograron resistir.

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La tormenta perfecta en el litoral
Lejos de emitir juicios apresurados o culpar de manera generalizada a la calidad constructiva previa, Gómez matiza que en La Guaira se configuró una “tormenta perfecta”. El desastre combinó un evento telúrico extraordinario e inimaginable con suelos aluviales de sedimentación no competentes y una tipología urbanística dominada por torres altas.
“Uno no puede decir irresponsablemente que todo estuvo mal construido. Porque hubo edificaciones que se cayeron, pero que estaban muy bien construidas. Quizá hubo algún tipo de negligencia en términos constructivos, eso nos tocará verlo en qué proporción exactamente”, aclara el arquitecto, quien advierte que la magnitud del sismo superó cualquier pronóstico conservador de los calculistas.
Esta realidad abre una ventana de oportunidad para someter las normativas de construcción vigentes a una revisión orientada a establecer previsiones más estrictas. Para Gómez, la discusión debe abordarse desde una perspectiva multidisciplinaria donde intervengan arquitectos, geólogos, sismólogos e ingenieros civiles.

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Reordenamiento territorial y el valor de los vacíos
A la hora de replantear el diseño urbano de las zonas costeras afectadas —donde se calcula que unas 400 edificaciones sufrieron daños de diversa escala—, el director de Arquitectura de la UCAB insiste en que la reconstrucción no se limita a limpiar parcelas para edificar de inmediato.
Espacios públicos y densidades: El especialista defiende la necesidad de replantear los usos del suelo, priorizando la creación de parques, paseos, jardines y zonas verdes por encima de la proliferación de torres altas en áreas de alta vulnerabilidad.
El concepto del vacío urbano: “No se trata solamente de edificar en parcelas limpias de escombros. Hay vacíos que no se llenan, sino que se transforman, hay vacíos necesarios para las ciudades”, puntualiza, abogando por un equilibrio sostenible en la política de ocupación territorial.

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Diagnósticos profundos y el factor humano
El informe estructural de las edificaciones que continúan en pie también demanda cautela. Gómez advierte que una etiqueta roja asignada tras una inspección visual preliminar (“triaje solo visual”) no debe traducirse automáticamente en una demolición, sino en una invitación a realizar estudios más profundos mediante equipos especializados. No obstante, advierte sobre una limitante operativa actual: la saturación y escasez de patólogos estructurales, así como la carencia de equipos avanzados que el país debería adquirir con urgencia.
Asimismo, el investigador enfatiza que el componente social y antropológico es ineludible. Al recordar las lecciones del deslave de 1999, señala que los traslados definitivos de población hacia otros estados fracasan porque el habitante de la costa mantiene sus vínculos de arraigo y afecto con el mar. Por ello, recomienda que cualquier reubicación habitacional durante la fase de obras sea estrictamente temporal, permitiendo el retorno de los pobladores una vez garantizada una urbanización segura.

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El rol transformador de las universidades
Ante un futuro en el que se deben anticipar nuevos eventos sísmicos en el territorio nacional, las instituciones académicas han asumido un papel protagónico. Gómez celebra las iniciativas conjuntas entre la UCAB, la Universidad Central de Venezuela y el Colegio de Ingenieros para capacitar a inspectores de estructuras, una labor que a su juicio debe institucionalizarse de manera permanente a través de brigadas especializadas de triaje.
Por su parte, la Escuela de Arquitectura de la UCAB ha adaptado su oferta académica incorporando una materia electiva enfocada en los principios de sismorresistencia —cuya meta es mantener la edificación en pie para salvaguardar la vida humana, diferenciándose de la tecnología antisísmica de alta complejidad aplicada en naciones como Chile o Japón—. Del mismo modo, la institución prepara un ciclo de encuentros con expertos para los próximos meses de septiembre y octubre, con el objetivo de impulsar un “laboratorio de aprendizaje” enfocado en el diseño y la construcción de emergencia.