¿Está sufriendo la sociedad venezolana un Burnout Social?

El principal factor estresor en los venezolanos, aunque parezca reiterativo, es la crisis económica sostenida por años. Esta erosión prolongada ha generado un sostenimiento crónico del nivel de estrés en la nación.

por Noris Hernández

Salud.– Venezuela atraviesa una emergencia emocional que no se mide en indicadores económicos, sino en el profundo desgaste psíquico de sus ciudadanos. El ambiente del malestar en el país se mantiene en niveles elevados, no solo por factores políticos, sino por una exposición prolongada a la incertidumbre económica y social.

Venezuela se ha convertido en un estado de alerta constante, provocado por la incertidumbre prolongada, que está erosionando la estabilidad emocional de la población, manifestándose en un fenómeno que UCV Noticias ha denominado una «hemorragia emocional», con mayor incidencia entre los jóvenes y que, en regiones como el estado Trujillo, ha disparado las cifras de suicidio hasta niveles alarmantes.

A diferencia del estrés agudo ligado a una amenaza de guerra, los venezolanos enfrentan un conjunto de estresores crónicos y sostenidos que, según el psicólogo Karim Osgood, han llevado a una parte de la población a un estado de fatiga emocional y resignación.

Según Osgood , este proceso emocional se manifiesta en dos extremos de la población: Resignación o desesperanza aprendida. Un amplio sector cae en la apatía ante la falta de expectativas de mejora. O comportamientos arriesgados e indolentes. En el otro extremo, la necesidad empuja a algunos a perder principios, manifestando conductas deshumanizadas para la supervivencia.

“A esto se suma la sensación de cerco y la incertidumbre sobre lo que depara el futuro, factores que contribuyen al malestar social generalizado”, asegura el especialista.
Osgood señala que, más que hablar de un “estrés traumático crónico”, es más específico referirse al concepto de Burnout Social para describir el estado actual de una parte de la sociedad venezolana. Este burnout (fatiga o agotamiento) se debe a la exposición prolongada a la incertidumbre económica y social.

“Una buena parte de la población está fatigada y resignada”, afirma Osgood, quien aclara que este estado afecta especialmente a quienes no invierten en sí mismos, pues van a estar más volubles.

Sophia Behrens, especialista en psicología y sexología.

La falta de certeza es el problema

Por su parte la especialista en psicología y sexología, Sophia Behrens, ha puesto el foco en esta raíz del problema: la exposición continua a la falta de certeza. En una conversación en el Circuito Éxitos, la doctora explicó que el ser humano necesita seguridad y previsibilidad. Cuando esta condición falla por años —una constante en el entorno venezolano—, el cerebro entra en un estado de alerta crónica que deteriora progresivamente el bienestar mental.

“Aunque los venezolanos han desarrollado una notable capacidad de resiliencia y mecanismos de adaptación, el mantenerse en este estado de alerta continuo produce un desgaste emocional considerable”, señaló Behrens.

Las manifestaciones de este agotamiento crónico son múltiples e impactantes en la convivencia diaria:

Ansiedad Anticipatoria: Preocupación y estrés persistente por el futuro incierto.

Agotamiento Persistente: Sensación de cansancio crónico, no resuelto con el descanso.

Irritabilidad y Conflictos: Incremento en los desacuerdos y la tensión en las relaciones interpersonales.

Dificultad de Planificación: Problemas para establecer metas a mediano y largo plazo.

El deterioro del bienestar mental no es un lujo, sino una condición para el funcionamiento social. La irritabilidad se convierte en una consecuencia común, enmascarando un dolor y un cansancio que, al no ser atendidos, buscan salidas dramáticas.

Trujillo en Alerta Roja: El Estado que se Desangra en Silencio

La crisis emocional se materializa con crudeza en regiones andinas. El estado Trujillo enfrenta lo que una investigación reciente de Cotejo.info calificó como una emergencia silenciosa que se agrava año tras año: el aumento sostenido de los suicidios.

Según cifras recabadas por el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), Trujillo cerró el año 2024 con una tasa de 8,7 suicidios por cada 100.000 habitantes, una de las más elevadas a escala nacional y superior al promedio venezolano estimado en 6,9. La tendencia es alarmante: el índice saltó de 4,0 casos por 100.000 habitantes en 2022 a un pico de 11,9 en 2023.

Este drama se ve agravado por la opacidad estatal. Venezuela no publica cifras oficiales sobre suicidios desde 2016, impidiendo comprender la verdadera dimensión del problema. La carencia de datos oficiales genera un subregistro, donde muchas muertes son clasificadas bajo la ambigua categoría de “Muertes de Intención No Determinada” (MIND), especialmente en zonas rurales.

Especialistas consultados coinciden en que, en estados andinos, el suicidio es alimentado por una combinación de factores estructurales: la presión social, el silencio de las familias, y el estigma arraigado hacia la búsqueda de ayuda profesional. El padre Danny Socorro, director de psicología de la UCAB y coordinador de la plataforma PsicoData, apunta a niveles preocupantes de desesperanza aprendida, trauma acumulado en la región.

La Generación Perdida: “Una Falla Estructural Profunda”

El problema es particularmente crítico entre la juventud, una generación que carga sobre sus hombros la promesa del futuro del país. En un informe de fuerte llamado de atención, UCV Noticias advierte que estamos ante una «falla estructural profunda» que se traduce en una «hemorragia emocional» que no se detiene y desangra la vida de nuestros jóvenes.

El texto critica duramente la superficialidad de las campañas de conciencia, señalando que mientras el mundo se enorgullece de su «conciencia», «en el silencio cómplice de los hogares y aulas, la vida se apaga».

La minimización de la ansiedad y la depresión —catalogadas irresponsablemente como «cosas de la edad» o «clichés» de la vida moderna— es, para el informe, una forma de violencia pasiva. La indiferencia institucional y social se ha convertido en una sombra silente que desangra a los jóvenes más brillantes.

El portal concluye con una pregunta crucial: ¿de qué sirve la libertad académica si nuestros jóvenes están muriendo por la falta de libertad emocional? La clave para un futuro sostenible de un país, sentencian, no está en el Producto Interno Bruto (PIB), sino en el bienestar emocional de su población.

Karim Osgood, psicólogo.

Llamada a la acción: Romper el silencio y exigir datos

El análisis de los especialistas Osgood y Behrens sobre la alerta crónica de la salud mental de los venezolanos y el llamado de UCV Noticias sobre la hemorragia juvenil se entrelazan con la trágica realidad de Trujillo: la población está agotada y sin redes de contención suficientes.

A la Población: Es urgente romper el silencio y el estigma. La irritabilidad o la ansiedad constante no son «normales», sino síntomas de un desgaste crónico que requiere atención. Buscar apoyo psicológico y priorizar el bienestar mental debe ser visto como un acto de responsabilidad y resiliencia, no de debilidad.

A los Organismos Oficiales: La opacidad mata. Es imperativo que el Estado retome de inmediato la publicación de cifras oficiales actualizadas sobre suicidios para comprender la magnitud real de esta tragedia. El primer paso para detener la hemorragia es reconocerla. Es urgente invertir y fortalecer las redes de apoyo emocional gratuito, especialmente en las regiones con mayor vulnerabilidad, asegurando que la libertad emocional se convierta en una prioridad nacional. Solo así se podrá salvar a la generación que lleva en sus manos la promesa de un futuro para Venezuela.

El Regional del Zulia

Noris Hernández

Fotos/WEB/Gemini

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