Salud.- Lo que comenzó como una herramienta para entretener a los más pequeños mientras los padres cocinan o hacen compras, se ha convertido en una amenaza para el desarrollo infantil. Pediatras de Atención Primaria en toda España advierten sobre el alarmante aumento de bebés menores de tres años que presentan retrasos en el lenguaje, dificultades cognitivas, problemas emocionales e incluso físicos, como consecuencia del uso excesivo de pantallas digitales.
“La exposición prolongada a móviles y tabletas somete al cerebro inmaduro del bebé a una sobrecarga de estímulos visuales y sonoros para los que no está preparado”, explica la doctora María del Pilar Mallada, pediatra en Zaragoza.
En sus consultas, cada vez es más común encontrar niños que no responden a su nombre, no articulan palabras básicas o muestran irritabilidad constante, además de estar expuestos a problemas de ansiedad, obesidad, hipertensión y bajo rendimiento escolar.. Muchos de estos casos terminan siendo derivados a unidades de Atención Temprana, donde se confirma el diagnóstico de retraso en el desarrollo del lenguaje.

“Hijos de la pandemia” y el fenómeno del “canguro digital”
Los especialistas han acuñado el término “hijos de la pandemia” para referirse a niños que han crecido rodeados de pantallas, con escasa interacción verbal y afectiva con sus cuidadores. En lugar de juegos, canciones o contacto visual, estos menores han sido expuestos desde muy temprana edad a dibujos animados, aplicaciones y vídeos, muchas veces como sustituto de la atención directa.
“Es preocupante ver cómo algunos padres incorporan soportes para móviles en los carritos del bebé, como si fueran parte del equipamiento básico”, señala Mallada.
Un problema subestimado por las familias
Uno de los mayores desafíos es la percepción errónea que tienen los padres sobre el tiempo que sus hijos pasan frente a las pantallas. “Cuando les preguntas, dicen que es solo una hora, pero no cuentan los momentos durante las comidas, los paseos, las compras… En realidad, son muchas más”, advierte la pediatra.
Este uso excesivo no solo afecta el lenguaje, sino también la motricidad, la capacidad de atención, y el desarrollo emocional. La falta de interacción humana limita el aprendizaje por imitación, esencial en los primeros años de vida.

Experimento argentino
En Argentina un equipo de especialistas del Hospital Natalio Burd de Centenario, encabezado por el jefe de Fonoaudiología, Claudio Ruiz, evaluó a 64 niños de entre 3 y 10 años con trastornos del desarrollo del lenguaje. Los resultados revelaron un patrón inquietante: los chicos procesan muy bien la información visual, pero presentan serias dificultades para decodificar el lenguaje oral.
Según Ruiz, no se trata de problemas de audición ni de fonación. Los niños oyen correctamente, pero tienen dificultades para transformar lo que escuchan en significados, palabras y estructuras lingüísticas. “Ellos oyen bien. Lo que cuesta es transformar lo que escuchan en significados, en palabras, en estructuras de lenguaje. Y ahí está el punto crítico”, explicó el especialista.
Este fenómeno apunta a una alteración en el canal auditivo del lenguaje, que afecta la comprensión verbal, la construcción de frases y la capacidad de responder a consignas orales.
Una de las hipótesis más fuertes del estudio es que la exposición temprana y prolongada a pantallas —como celulares, tabletas y televisores— estaría reforzando el canal visual en detrimento del auditivo. En otras palabras, los niños se acostumbran a procesar imágenes, pero no desarrollan adecuadamente la capacidad de comprender y producir lenguaje hablado.
Ruiz advierte que la falta de interacción verbal en el entorno familiar, el aislamiento y el uso de dispositivos como “canguros digitales” están afectando el desarrollo neurolingüístico de los menores.
El hospital también reportó un aumento significativo en las consultas por trastornos del lenguaje, con más de 200 pacientes en lista de espera. Ruiz considera que esta situación atraviesa a toda la familia, donde el uso de pantallas ha reemplazado la interacción directa entre adultos y niños.
Este estudio no solo revela un problema clínico, sino también un fenómeno social que exige atención urgente.
Llamado urgente a la prevención
Las sociedades pediátricas coinciden en que este fenómeno representa una “epidemia silenciosa” que irá en aumento si no se toman medidas. Aunque existen propuestas para regular el acceso de menores a internet y redes sociales, aún no se han implementado políticas concretas para los más pequeños.
Los expertos recomiendan evitar el uso de pantallas en menores de dos años y limitarlo estrictamente en los primeros años de vida. En su lugar, promueven el juego libre, la lectura compartida, el contacto físico y la conversación como pilares del desarrollo saludable.