Nacional.- La tranquilidad del sector Aguada Grande, en el municipio Urdaneta del estado Lara, se quebró con un olor penetrante, similar al formol, que emanaba de un salón de clases del Liceo Juan Antonio Rodríguez Domínguez. Lo que siguió fue el caos: 72 adolescentes presentando síntomas de intoxicación, desmayos y malestar general. Hoy, semanas después del incidente, el misterio persiste y la angustia de los padres se ha transformado en protesta de calle.
“No politicen la salud de nuestros hijos”
Los padres y representantes de los jóvenes afectados han roto el silencio. En una reciente manifestación, el clamor fue unánime: transparencia. A pesar de que el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) adelanta las pesquisas, las familias denuncian que aún desconocen la naturaleza exacta de la sustancia “misteriosa” que afectó a sus hijos, algunos de los cuales permanecen bajo estricta observación médica.
“Pedimos justicia, que se aclare y que no hagan política con la salud de nuestros hijos”, sentenció un vocero de los representantes. El temor de la comunidad es que el caso se diluya en la retórica oficialista o de oposición, dejando de lado la urgencia médica y la seguridad escolar. Esta es, según reportes, la segunda intoxicación masiva que registra este plantel en lo que va de año, lo que sugiere un patrón de vulnerabilidad o una acción deliberada recurrente.
El fantasma de los retos virales
La principal línea de investigación del CICPC apunta hacia los “retos” difundidos en redes sociales, una tendencia que ha puesto en jaque a instituciones educativas en toda la región.
Luzmila Real, representante de Médicos Unidos en el estado Lara, advierte que este fenómeno no es aislado. “Las intoxicaciones están ahí. Los retos los están llevando a ese estado; recientemente en Colombia vimos el caso de una menor afectada por un reto de acetaminofén”, explicó Real, haciendo un llamado a la responsabilidad compartida entre autoridades y representantes. “Queda de parte de nosotros cuidar a nuestros hijos y supervisar su exposición digital”.

¿Falla en la seguridad o fenómeno social?
El uso de gases tóxicos o sustancias volátiles en espacios cerrados como aulas de bachillerato plantea interrogantes graves sobre el control de acceso en los liceos venezolanos. Si se confirma que estas acciones son provocadas por los mismos estudiantes bajo la influencia de algoritmos de redes sociales, el sistema educativo se enfrenta a un desafío que supera lo policial: una crisis de salud mental y supervisión.
Por otro lado, la opacidad en los informes toxicológicos alimenta la desconfianza. Mientras los expertos recolectan trazas de lo que podría ser un derivado de formaldehído o gases químicos caseros, la falta de una respuesta técnica inmediata deja a los padres en un limbo informativo.

Un llamado a la acción inmediata
El caso de Lara se suma a una lista de incidentes similares en otros estados de Venezuela, dibujando un mapa de riesgo para la población estudiantil. La exigencia de los padres en Aguada Grande es un recordatorio de que, más allá de las estadísticas, hay adolescentes cuya salud a largo plazo es incierta.
Mientras no se identifiquen las sustancias y se establezcan protocolos de seguridad y prevención digital, las aulas seguirán siendo escenarios de un riesgo “invisible” que amenaza con repetirse.
DATOS CLAVE DEL INCIDENTE
Lugar: Liceo Juan Antonio Rodríguez Domínguez, Aguada Grande (Lara).
Afectados: 72 estudiantes de bachillerato.
Sustancia: Desconocida (reportes indican olor similar al formol).
Hipótesis: Uso deliberado de gases tóxicos vinculados a retos de redes sociales.
Estatus: Investigaciones en curso por el CICPC; estudiantes en recuperación.