¿Ha crecido la desigualdad social y económica en Occidente?

Para Daniel Waldersdröm, el mito es que algunos grupos tienen una interpretación diferente de estos resultados y una narrativa diferente que considera injusta con los estados de bienestar que se han construido, financiados por unos ingresos fiscales que se han cuadruplicado durante el siglo XX.

por Noris Hernández

Economía.- Unas mil personas se convirtieron en millonarias cada día de 2024 en Estados Unidos. De acuerdo con un Informe de Riqueza Global recién publicado por la consultora UBS, la mayor parte de ellas, cuyas fortunas se ubican entre US$1 millón y US$5 millones, pertenecen a lo que UBS llama Emilli’s (Millonarios de todos los días).

Basado en el libro del director del programa de investigación Impuestos y Sociedad en el Instituto de Investigación de Economía Industrial de Estocolmo, Daniel Waldenström, quien publicó también un artículo sobre el tema en la revista Foreign Affairs, podría afirmarse que el interés que se ha puesto en las llamativas fortunas de los fundadores de las grandes empresas tecnológicas no ha permitido ver una gran transformación ocurrida en las sociedad occidentales, donde la riqueza de los hogares en general ha aumentado hasta niveles anteriormente inimaginables, mientras que los indicadores de bienestar como la esperanza de vida o las posibilidades de consumo han mejorado de forma generalizada.

Waldenström asegura que las sociedades occidentales «no son ni remotamente tan desiguales como muchos creen».

Muchos expertos hablan del aumento de la desigualdad como una característica de la época en que vivimos. Algunos incluso afirman que las desigualdades globales contemporáneas se acercan a los niveles máximos observados a principios del siglo XX, pero para Waldersdröm la razón por la que se oye hablar de la creciente desigualdad es porque hay grupos a los que les gusta hablar de ello y, a menudo, por motivos ideológicos.

“Son gente de centro-izquierda. Para ellos, la desigualdad siempre es demasiado alta. Pero son ellos los que han comprendido que la desigualdad es importante. El problema con otros grupos de la sociedad, especialmente los de centro-derecha, es que nunca hablan de la desigualdad, no saben nada al respecto”, expresó.

La BBC Mundo conversó con Daniel Waldenström para indagar sobre lo que él llama en su libro el «mito de la desigualdad».

Para Waldenström, profesor de economía sueco, si se analiza la historia, es claro que la mayoría de los indicadores de desigualdad económica, ya sea la distribución total de la renta disponible de los hogares, el grado de movilidad social, la proporción de hogares pobres con bajos ingresos que tienen acceso a una buena educación, las diferencias en la esperanza de vida y, de hecho, también las medidas de distribución y desigualdad en la riqueza; demuestran claramente que el siglo XXI es un período mucho más igualitario para el mundo occidental que las épocas históricas anteriores, especialmente a principios y mediados del siglo XX.

El mito es, según el analista, que algunos grupos tienen una interpretación diferente de estos resultados y una narrativa diferente que considero injusta con los estados de bienestar que hemos construido, financiados por unos ingresos fiscales que se han cuadruplicado durante el siglo XX.

“En la actualidad obtenemos entre el 30% y el 45% del PIB en ingresos fiscales anuales, frente al 5% o el 10% de hace cien años”, explicó.

Para el experto es solo un mito que argumenta que la desigualdad es mucho mayor que antes, que vivimos en sociedades históricamente desiguales, que difiere cuando se analiza la mayoría de las medidas estándar de desigualdad económica.

“Nadie parece discutir que ahora vivimos mejor que hace 100 años, pero eso no significa que la brecha entre los más ricos y los pobres no esté creciendo”.

Waldensdröm agregó que existen muchas brechas: entre el individuo más rico y el más pobre, entre hombres y mujeres, entre jóvenes y mayores, y así sucesivamente.

“Tenemos una economía en crecimiento que es como una escalera mecánica. Esto significa que todos los que están en esa escalera mecánica se beneficiarán del crecimiento económico, pero también hay grupos que no avanzarán, como aquellos que viven en países extremadamente pobres gobernados por dictadores o sufriendo guerras, sin nada y con sociedades desestructuradas, por lo que no están en esta escalera mecánica”, dijo el profesor sueco.

“Así que esa brecha aumenta con el progreso económico”.

Sostuvo en relación a esa perspectiva que la buena noticia es que el grupo que no está en la escalera mecánica se está reduciendo rápidamente. “A nivel global, las tasas de pobreza están disminuyendo”.

Adicionó que, en los últimos 20 años, las tasas de pobreza que utiliza el Banco Mundial, etc., se han reducido a la mitad. Por lo tanto, existen brechas que podrían estar aumentando, pero cree que no son completamente representativas.

Por otra parte, el hecho de que haya crecimiento y personas que puedan enriquecerse porque tienen mucho éxito global brindándonos productos y servicios, tampoco es necesariamente un problema.

Productos como los teléfonos inteligentes han ayudado a miles de millones de personas a acceder a información diaria y usarla casi sin costo, “y como esto hay muchos ejemplos, así que los beneficios están llegando a la gente, incluso teniendo a estas personas tan exitosas y súper ricas”.

La brecha entre el ingreso de los directores ejecutivos y los trabajadores de las empresas se ha ensanchado en las últimas décadas.

¿Hay o no un crecimiento desigual?

Según los datos citados por Waldensdröm, desde 1980, el percentil más rico de EE.UU. ha aumentado su participación en la riqueza de poco más del 20% a entre el 35% y el 40% en la actualidad. La pregunta es si este aumento ocurrió sin una disminución, que sugiera desigualdad, en la participación en la riqueza del resto de la sociedad.

Para Waldersdröm pese a que sea una señal de la creciente desigualdad lo que ocurre en EE UU es ligeramente diferente al del resto de Occidente.

“En Europa Occidental, Canadá y Australia, la proporción de la riqueza de los más ricos prácticamente no ha aumentado en la última década. Pero en EE UU ese aumento ha sido evidente, y a medida que la proporción del 1% más rico ha aumentado, la proporción del resto, por supuesto, matemáticamente ha disminuido, y este aspecto de la desigualdad ha ido aumentando. Pero es importante la interpretación de esos datos”, indicó.

Instó a analizar las listas de las corporaciones más grandes del mundo en 1980, la mitad estaban radicadas en Estados Unidos y la otra mitad en países como Japón, Alemania o Francia. “Hoy, esa lista incluye casi exclusivamente empresas estadounidenses, lo que significa que sus emprendedores exitosos han sido mejores en la producción de bienes y servicios que la gente desea, y han sido los más exitosos a nivel mundial”.

“El hecho de que los mejores emprendedores, líderes y dueños de negocios hayan superado a todos los demás es lo que explica este aumento de su participación en la riqueza en Estados Unidos”.

La brecha entre el ingreso de los directores ejecutivos y los trabajadores de las empresas se ha ensanchado en las últimas décadas.

La pregunta obligada

¿Usted ha dicho que si alguien tiene miles de millones, eso no debería ser un problema para un ciudadano común, siempre que su vida vaya bien. Sin embargo, en ocasiones ese millonario invierte en áreas en las que compite con el ciudadano común, como al parecer ocurre en muchos países con la compra de viviendas, lo que eleva los precios a niveles que muchos trabajadores no pueden costear…?

-Hay muchos matices y perspectivas sobre las consecuencias de la propiedad de la riqueza y las diferencias en ella. Así que sí, si eres rico, puedes hacer más cosas y comprar más cosas, incluyendo una casa más grande, etc.

Creo que es muy importante que nos aseguremos de que nuestros sistemas fiscales y bancarios sean buenos para que las personas con trabajo, aunque no sean ricas, puedan educarse y conseguir buenos empleos para poder ir al banco y pedir un préstamo para comprar una casa o un apartamento.

Pero también podrían ser simplemente inquilinos. Pueden alquilar la casa que compró una persona rica. Es decir, hay diferentes variantes de cómo se desarrolla todo esto. Y aquí no está claro qué está bien y qué está mal, porque es un continuo. Hay una variedad de comportamientos.

Cuando los ricos depositan su dinero en los bancos o en fondos de inversión, ayudan a financiar a quienes desean obtener préstamos o facilitan la inversión que necesitan los emprendedores.

Si compran cosas, como autos o servicios, esto generará ingresos, empleos, etc., lo cual también es positivo. Puede ser que aumenten los precios de los restaurantes, y potencialmente habrá más gente que quiera abrir restaurantes de ese tipo, lo que a su vez puede reducir los precios.

No creo que haya nada correcto o incorrecto aquí. Es como un juego espontáneo, pero es importante que facilitemos el acceso a personas que no son ricas para comprar una casa y, lo más importante, es que reciban una buena educación.

Deberíamos tener un mercado laboral y un sistema de crédito que funcionen.

El acceso a educación de calidad gratuita o asequible es uno de los elementos que Waldenstrom considera fundamentales para el bienestar de la sociedad.

¿Cuál diría que es el diagnóstico y la solución correctos para lo que mucha gente percibe como una desigualdad creciente?

Hemos escuchado una narrativa que, en mi opinión, no es del todo errónea, pero sí está en gran medida desinformada, y creo que es injusto para los estados de bienestar que hemos construido, quizás más en Europa que en Estados Unidos.

Sin embargo, también escuchamos estas conversaciones en Europa. Creo que es muy injusto para nuestras sociedades de impuestos elevados.

Creo que una evaluación más apropiada debe mirar realmente dónde están los problemas.

Y el problema no es que algunas personas tengan mucha suerte o éxito en sus trabajos, dirigiendo empresas con altos salarios o emprendiendo; ese no es el problema.

De hecho, esos ingresos y ganancias están sujetos a impuestos y son clave para financiar nuestros sistemas de bienestar.

En cambio, centrémonos en quienes no han tenido suficiente acceso a esas cosas.

Soy un firme defensor de un sistema educativo igualitario, que ofrezca una educación de calidad a muy bajo costo o gratuita.

No me gusta la idea de tener escuelas privadas donde se puede pagar mucho para que los hijos reciban una educación de mejor calidad porque esto vinculará a los padres ricos con la calidad de la educación de sus hijos, y no me gusta ese modelo social.

Va en contra de la movilidad social y la igualdad de oportunidades, que considero clave. Por lo tanto, si queremos igualdad o igualación, deberíamos centrarnos en cómo impulsar a los de abajo, y no en desestabilizar a los de arriba.

Fuente y Fotos/Ángel Bermúdez

BBC News Mundo

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