HENDER

POR: EUNGENIO MONTORO

Hace unos días asistimos al acto de exaltación a la galería de abogados ilustres de nuestro querido amigo Hender Castillo Rincón. Una especie de hall de la fama en beisbol, pero de abogados zulianos y que concluye con su foto puesta en esa galería a la entrada del Colegio de Abogados.

Se hizo un acto protocolar, cordial y sencillo, con la asistencia de su familia y muchos de sus amigos y conocidos Unas cien personas. Habló el presidente del Colegio de Abogados, después su amigo y compadre Oswaldo Álvarez Paz quien, por supuesto resaltó las muchas cosas buenas de Hender y algunas anécdotas, y luego Hender hizo el discurso que, sin duda, preparó con mucho entusiasmo.

El discurso de Hender, un abogado de enorme experiencia y postín, además de profesor universitario, se centró en colocar los asuntos legales en el prestigio que les corresponde. En la necesaria ética para cumplir con lo establecido en las leyes y normas y en la necesaria confidencialidad del abogado y su cliente tal como si de confesión cristiana se tratara. Una clase magistral colocando a los asuntos de derecho en donde deben estar, en lo alto de la pulcritud y la decencia, pues sin estado de derecho no hay república, ni país, ni nada y de allí su enorme importancia.

Nunca sabremos cuantos inversionistas nacionales e internacionales dejaron de pensar en Venezuela al ver un TSJ sin independencia como el que existe hoy arrodillado al Ejecutivo. La absurda conducta del actual TSJ y la de decenas de cuentos que nos fueron llegando durante muchos años de actuaciones impropias de abogados y jueces nos crearon una imagen de que los asuntos legales en Venezuela solo se solucionan con ilegalidades. Hender, con su discurso, reivindicó la majestad del abogado y puso enorme claridad entre lo que debe ser y lo que lamentablemente muchos malandros de ese gremio están haciendo.

Con su discurso Hender apuntala a la Venezuela con la que soñamos, una donde la honestidad existe, donde lo legal campea y donde la seguridad jurídica no es el capricho de nadie. Agua fresca en este difícil camino de recuperación de la patria.

Las irregularidades que se han cometido en estos veinte y tantos años son tan grotescas que cuesta creerlas. Nuevos millonarios a costillas del robo del dinero de los venezolanos y unos cuantos mil millonarios. Una vergüenza para el país y un enorme pecado que no debe ser perdonado.

Por el manejo irresponsable de todo, este régimen de ineptos tiene los resultados a la vista, seis millones de conciudadanos se han ido de su patria y casi todas las familias están afectadas. El PIB cayó 80%, un récord mundial, pues lo hicieron sin guerra. Alemania durante la II guerra mundial bajó su PIB en 45% y estos bárbaros casi lo duplican, hasta la esperanza de vida, que crece en todo el mundo, estos rojos la bajaron, antes teníamos 72 años y ahora 68.

Salir de estos infames bandidos es una obligación de patria. Han demostrado su infinita incompetencia en casi todo, pero también en la joya de la corona de un país como lo es la educación de sus ciudadanos. La garantía del futuro y del progreso como nación está hecha flecos. Toda la infraestructura educativa destruida, miles de profesores perdidos y la matrícula de estudiantes por el suelo. Estos atarantados rojos no solo afectan nuestro presente, sino que, además, están destrozando el futuro de la nación.

Unas elecciones de presidente están en el horizonte. Algunos creen que Maduro podría adelantarlas para el 2023 de manera de sorprender a sus opositores y evitar un año más de deterioro de su gestión. Ojalá lo hiciese. La oposición está demostrando mucha madurez política y no tendría problema alguno para elegir un candidato rápidamente y le daríamos la paliza del siglo en las urnas.

Y si quiere hacerlo en el 2024 también debe preparar las maletas. Esta vez a Maduro no lo salva nadie pues hasta los mismos chavistas están hartos de pelar bolas con mucha inflación, sin trabajo, ni salud, ni educación y sin un carajo. Dicen que hasta los militares andan muy molestos. Veremos, pero de que salimos de este follón no hay duda alguna.

Y de tanto asco a la corrupción que hemos acumulado, el nuevo país va a dar un paso gigante hacia la honestidad. Una nueva Venezuela se abre en el horizonte, no solo en lo jurídico a lo que se refería Hender, sino en todos sus muchos aspectos. Desde el mecánico hasta el presidente. Un país de gente de bien, un país decente, dueño de su futuro y, sobre todo, muy contento y alegre en su proceso de recuperación.

 

Eugenio Montoro

montoroe@yahoo.es