«Hospital McDonald’s» un inusual centro de esperanza en Caraballeda

El conocido restaurante, ubicado junto a complejos de viviendas derrumbados, evolucionó rápidamente para atender las necesidades urgentes. Se convirtió en un hospital provisional para víctimas del terremoto y, simultáneamente, en un centro de localización y tratamiento para mascotas desaparecidas en la localidad

por Mileydi Piña
McDonald's de Caraballeda

Nacionales.- Tras los devastadores terremotos que golpearon La Guaira, un inusual centro de esperanza surgió en un restaurante McDonald’s de Caraballeda. Allí, sobreviviente como Gabriela Alves buscaron con desesperación a sus mascotas, desaparecidas tras el sismo que sacudió la región el 24 de junio de 2026. El local se transformó en el un improvisado hospital humano y en un vital punto de rescate de mascotas tras el terremoto, ofreciendo consuelo y ayuda en medio de la tragedia, según informó la agencia AP.

Gabriela Alves experimentó un milagro al reencontrarse con Buddy, su perro de seis años, una semana después de los devastadores sismos. El canino se había perdido cuando los dos fuertes movimientos telúricos azotaron la zona costera. El jueves 2 de julio de 2026, Alves abrazó a su mascota en el «Hospital McDonald’s» atípico centro de ayuda , mostrando la resiliencia en tiempos de adversidad.

McDonald's de Caraballeda

AP Photo Matias Delacroix

El conocido restaurante, ubicado junto a complejos de viviendas derrumbados, evolucionó rápidamente para atender las necesidades urgentes. Se convirtió en un hospital provisional para víctimas del terremoto y, simultáneamente, en un centro de localización y tratamiento para mascotas desaparecidas en la localidad de Caraballeda. Este punto de encuentro resalta la solidaridad comunitaria.

Los terremotos consecutivos dejaron un saldo trágico de, al menos, dos mil quinientas noventa y cinco personas fallecidas y doce mil cuatrocientas heridas, según informes de las autoridades. Numerosas familias buscaron a sus seres queridos, incluyendo a sus gatos y perros, extraviados entre los escombros. La magnitud del desastre movilizó una respuesta humanitaria sin precedentes.

Un centro de esperanza en Caraballeda

Ángel Matute y un equipo compuesto por setenta veterinarios, estudiantes, médicos y voluntarios civiles llegaron desde Barquisimeto. Ellos buscaban un refugio para descansar y resguardarse de las intensas lluvias tropicales. Encontraron en el McDonald’s una de las pocas instalaciones operativas en medio del caos, con su aire acondicionado aún funcionando.

El grupo se instaló en el restaurante, donde comenzaron a distribuir suministros médicos y a atender pacientes humanos. De manera paralela, el lugar se transformó en un centro para tratar animales heridos y buscar a perros y gatos que continuaban desaparecidos. Matute expresó que, para ellos, «una mascota es una vida humana más».

McDonald's de Caraballeda

JUAN BARRETO AFP vía Getty Images

El jueves, Matute coordinó las labores de docenas de voluntarios dedicados al cuidado de animales. Su equipo reportó el rescate de ciento cuarenta mascotas y la atención de sesenta más. Tienen previsto continuar con esta vital misión de rescate de mascotas y reunificación hasta que su ayuda ya no sea necesaria en la zona devastada.

La búsqueda incansable de Gabriela

Gabriela Alves llegó al «Hospital McDonald’s» movida por la desesperación de encontrar a su querido perro. Ella se encontraba en casa de un familiar cuando los temblores sacudieron el norte de Venezuela. Horas después, se dirigió a su hogar en moto, hallando solo ruinas y la ausencia de Buddy.

La mujer de treinta y seis años se enteró de que el McDonald’s de Caraballeda fungía como centro para mascotas perdidas y empezó a visitarlo a diario. Revisaba si los voluntarios habían encontrado algún perro blanco antes de regresar a casa y llamar a Buddy. Por más de una semana, solo el silencio respondió a su llamado. «Había perdido toda esperanza», afirmó Alves.

Sin embargo, Alves no se rindió y rebuscó entre los escombros, logrando sacar ropa de la habitación de su madre. Fue entonces cuando escuchó un ladrido lejano y vio la oreja blanca de Buddy a través de una grieta en el concreto. Inmediatamente, gritó pidiendo ayuda a los equipos de rescate cercanos.

Los rescatistas abrieron un agujero en la pared y sacaron al perro, cubierto de polvo. Alves sollozaba mientras lo sostenía, envuelto en una manta. Horas más tarde, los veterinarios del improvisado hospital examinaron a Buddy en busca de lesiones, después de pasar ocho días atrapado. «Es algo positivo en medio de todo lo malo», concluyó Alves, refiriéndose al rescate de mascotas tras el terremoto.

EL REGIONAL DEL ZULIA

Con información de AP

FOTOS: JUAN BARRETO AFP vía Getty Images 

 

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