Economía.- Mientras buques de guerra estadounidenses patrullan el Caribe en una demostración de fuerza que ha sido interpretada como una amenaza al gobierno de Nicolás Maduro, para la mayoría de los venezolanos ese conflicto geopolítico no ocupa el centro de sus preocupaciones. La batalla diaria se libra en los mercados, en los bolsillos y en la lucha por sobrevivir a una economía que no da tregua.
La devaluación del bolívar y la inflación galopante se han convertido en los verdaderos enemigos del ciudadano común, mientras Maduro centra su atención en el Caribe sur, donde Estados Unidos desplegó una flota naval con el argumento de combatir el narcotráfico. El presidente venezolano estima que Washington busca invadir el país para propiciar un cambio de régimen político..
En un país donde los precios cambian más rápido que los titulares, el poder adquisitivo se desvanece y la estabilidad financiera es una ilusión; es donde se vive una verdadera guerra.
La brutal desvalorización de la moneda venezolana, tanto en el mercado oficial como en el paralelo, asfixia a una economía dolarizada que depende del petróleo y de las importaciones.

Economía en caída libre
Según economistas independientes, el bolívar ha perdido más del 90 % de su valor frente al dolar en lo que va de año, mientras que la inflación interanual supera los tres dígitos. El salario mínimo, que ronda los 130 bolívares —menos de 1 dólares al tipo de cambio oficial—, no alcanza para cubrir ni una fracción de la canasta básica.
“¿Buques en el Caribe? Eso no me quita el sueño. Lo que me preocupa es cómo alimentar a mis hijos mañana”, comenta Mariela, madre de tres y trabajadora informal en Maracaibo. Su testimonio refleja el sentir de millones que enfrentan una guerra silenciosa, sin uniformes ni misiles, pero con consecuencias devastadoras.
Por su parte Yubiris Reyes Velásquez, una profesora jubilada, recibe una pensión en bolívares equivalente a unos 120 dólares mensuales, dijo en una entrevista ofrecida a AFP esta profesional que vende dulces para complementar sus ingresos,”tenemos oficialmente la moneda, el bolívar, pero los precios están fijados en dólares, que aumenta a diario. Es imposible cubrir las necesidades básicas».

El drama del consumo
En los supermercados, los precios de productos esenciales como harina, aceite y proteínas se disparan semana tras semana. La dolarización informal ha generado una economía dual, donde quienes no tienen acceso a divisas quedan excluidos de bienes y servicios básicos.
“Cada vez que cobro, ya el dinero no vale lo mismo. Es como si me pagaran con humo”, dice José, docente jubilado, mientras revisa precios en una farmacia. La escasez de medicamentos y el aumento de los servicios médicos agravan aún más la situación.
El dólar paralelo rige casi todas las transacciones entre quienes compran o venden. En el mercado oficial el billete verde se cotiza a 178 bolívares, pero en el negro está a cerca de 300, un 73% más.
El gobierno logró contener el tipo de cambio hasta 2024 para frenar la inflación. Pero ya este año no pudo mantener el anclaje y el FMI proyecta para fin de año una inflación de 254%, la mayor del mundo.
Maduro destaca la «gran capacidad de compra del pueblo venezolano» y asegura que «la economía real crece a ritmo de 9%». Además ordenó anticipar la Navidad a partir del 1 de octubre. Atribuye los problemas a otra «guerra» con Estados Unidos de tipo «económica, comercial, monetaria y financiera».
Una guerra sin tregua
Para muchos venezolanos, la inflación no es un concepto abstracto, sino una experiencia cotidiana que define sus decisiones, sus angustias y sus esperanzas. La guerra que enfrentan no se libra en altamar, sino en los pasillos de los mercados, en las colas por gasolina, en los cortes de luz y en la migración forzada de familiares.
Mientras el discurso oficial se enfoca en amenazas externas, la ciudadanía exige soluciones concretas a una crisis que ha erosionado el tejido social y económico del país. “La verdadera guerra es contra el hambre, la miseria y el olvido”, concluye Mariela, con la mirada puesta en un futuro que aún parece lejano.