SUCESOS.- Una venezolana con un perfil delincuencial impregnado de una crueldad como pocas, Crismar Andreína Contreras González alias “La Cortadedos”, señalada como cabecilla de una facción de “El Tren de Aragua” en Perú; ha causado un revuelo en los espacios judiciales de la ciudad de Lima, donde fue llevada luego de su captura durante un megaoperativo efectuado por agentes de la División de Secuestros de la Dirincri de la Policía Nacional peruana.
El pasado 17 de mayo, la facción hamponil “Nueva Generación” sufrió un duro golpe al ser detenidos 15 de sus supuestos miembros, pero una figura destacaba por encima del resto: la joven Contreras González, “La Cortadedos”, cuyo alias no es una invención mediática, sino un título ganado por la ferocidad con la que ejecutaba a sus víctimas.
La joven de nacionalidad venezolana, de escasos 19 años de edad, se muestra desafiante y burlona ante las cámaras, y según las autoridades, operaba bajo un esquema camaleónico. Utilizaba sus redes sociales para proyectar una imagen seductora, atrayendo a empresarios, ingenieros y comerciantes a locales nocturnos. Una vez ganada su confianza, los entregaba a una red criminal que no conocía límites.

La mecánica del horror
El modus operandi no se limitaba al secuestro extorsivo; incluía una metodología de tortura diseñada para quebrar la voluntad de las familias. Las víctimas eran trasladadas a “casas de seguridad” en la urbanización Ancieta Alta y la cooperativa Huancayo, en El Agustino.
Según el coronel PNP Jorge Luis Carpio Ordaya, jefe de la División de Secuestros, Contreras González era la mano ejecutora:
“La detenida utilizaba cuchillos y hojas de afeitar para cercenar las falanges de los secuestradores. Estos actos eran filmados y enviados a los familiares como prueba de vida y, simultáneamente, como una amenaza letal”.
La detenida confesó ante las autoridades que utilizaba su propia habitación como lugar de cautiverio y que consumía tusi para mantener una insensibilidad que le permitiera agredir físicamente a los secuestrados sin vacilar.

El génesis de un perfil sociópata
Lo que convierte a Crismar en un caso de estudio perturbador es su origen delictivo. La pericia psicológica forense indica que su deshumanización comenzó tempranamente. Según su propio testimonio, a los 8 años, tras ser víctima de un intento de abuso en su país natal, reaccionó cercenándole los dedos a su agresor con un serrucho. Ese momento, lejos de ser un trauma paralizante, fue —según sus palabras— el origen de una “sensación de bienestar” ligada a la violencia.
Su biografía es un reflejo de precariedad y ruptura: educación básica incompleta, un padre asesinado en una gresca callejera y una vida marcada por la impulsividad, llegando incluso a atacar con arma blanca al padre de su hijo de 3 años.

La estructura de la red
El golpe de la Policía Nacional del Perú y la Fiscalía desmanteló una célula mixta y altamente peligrosa:
- 11 ciudadanos extranjeros (Venezolanos): Entre ellos, Jenny Gonzales Mendoza, madre de la cabecilla, quien posee antecedentes por tráfico de drogas y delitos informáticos.
- 4 ciudadanos peruanos: Encargados de la logística local.
- 1 menor de 17 años: Integrante activa del brazo operativo.
¿Qué sigue en el proceso judicial?
Actualmente, los 15 implicados se encuentran bajo prisión preventiva mientras avanza la fase de investigación preparatoria. Contreras Gonzales enfrenta cargos de secuestro extorsivo, tortura, sicariato y pertenencia a organización criminal. Dada la naturaleza de los delitos —incluyendo el asesinato y mutilación de un ciudadano venezolano cuyo cuerpo fue hallado en Santa Anita—, la Fiscalía busca la cadena perpetua.
La actitud de “La Cortadedos” al abandonar la sede policial, sonriendo ante los medios, no es más que la confirmación de lo que el informe psicológico ha determinado: una ausencia total de culpa y una baja tolerancia a la frustración que la convierte en una de las criminales más peligrosas detectadas recientemente en la capital peruana.
