SALUD.- Año tras año, cada 19 de octubre, el mundo se tiñe de rosa para recordar un mantra médico incuestionable: «el diagnóstico temprano salva vidas». Sin embargo, en la realidad asistencial y económica de la Costa Oriental del Lago, estado Zulia, este mandato científico se convierte en una carrera de resistencia donde la fe, los hábitos de vida y el acceso a la salud determinan quién logra ganarle la batalla a la enfermedad oncológica más prevalente en las mujeres.
Para la Dra. Rebeca Lalsie, cirujano oncóloga-mastóloga, el punto de partida exige un cambio de paradigma urgente en la sociedad: el cáncer de mama no debe verse como una sentencia de muerte mortal, sino como una enfermedad crónica potencialmente curable y reversible, a diferencia de condiciones de control de por vida como la diabetes o la hipertensión. Tras recibir el diagnóstico, el primer fármaco que debe administrarse al paciente es intangible pero vital: «Esperanza y Confianza».

El escudo inmunológico: Fe, ciencia y el caso «Nilu»
La oncología moderna mira cada vez más hacia la conexión mente-cuerpo, y la experiencia clínica en el municipio así lo confirma. La Dra. Lalsie subraya que la actitud emocional y espiritual de la paciente altera directamente el pronóstico biológico.
«Aquellas mujeres que creen en algo superior, que viven con esperanza y fe, evolucionan de una manera muchísimo mejor y se curan. En cambio, aquellas pacientes que se deprimen, que se sienten solas o desvalidas, tardan más en curarse y a veces no se logra la sanación», enfatiza la especialista.
Esta afirmación encuentra su base científica en la neuroinmunoendocrinología. El optimismo, el ejercicio físico y actividades como la bailoterapia estimulan la liberación de hormonas como la oxitocina, dopamina y endorfinas, componentes químicos encargados de robustecer el sistema inmunológico del paciente en tratamiento.
Para la especialista, el mejor ejemplo de esta resiliencia en la geografía local es Yeniret Sandrea, conocida en el mundo de las artes como «Nilu». A pesar de los rigores y las progresiones propias de la enfermedad, Nilu se ha mantenido estable y activa durante años, aferrada a la vida con optimismo y un estricto apego a sus terapias; un testimonio vivo y admirable de perseverancia para las mujeres de la región.

Yeniret Sandrea, conocida en el mundo de las artes como «Nilu»
Complementando el soporte emocional, la especialista sentencia que el ejercicio regular (como trotar o asistir al gimnasio) y la adopción de una dieta mediterránea baja en carbohidratos complejos y rica en proteínas magras y vegetales con altos niveles de antioxidantes constituyen los pilares fundamentales tanto para prevenir la aparición del tumor como para acelerar la recuperación de los tejidos golpeados por los tratamientos sistémicos.
El estándar de oro y la brecha del acceso económico
A pesar del valor del soporte emocional, la supervivencia real se mide en la oportunidad del diagnóstico. El 80% de las mujeres a nivel mundial se encuentran en riesgo de padecer cáncer de mama lo que equivale a 8 de cada 10 mujeres, una prevalencia estadística implacable que se mantiene idéntica en todas las latitudes de la Tierra y donde solo el 5% de los casos responde a factores hereditarios; la gran mayoría aparece sin antecedentes familiares.
Para cercar esta estadística, la Dra. Lalsie detalla el «estándar de oro» de la prevención:
A partir de los 20 años: Autoexamen mamario obligatorio una vez al mes, idealmente una semana después de la menstruación (un hábito que también deben adoptar los hombres, quienes representan el 1% de los casos diagnosticados).
A partir de los 35 años: Mamografía y ecosonograma mamario con carácter anual para todas las mujeres sanas, incluso ante la ausencia total de síntomas o lesiones palpables.

La urgencia de cumplir este cronograma radica en la frialdad de los números médicos: un diagnóstico temprano, capturado en etapa 1 o 2, ofrece una tasa de sobrevida de entre el 90% y el 95%. Por el contrario, cuando la enfermedad se detecta de forma tardía en etapa 4 (metastásica), las probabilidades de supervivencia caen drásticamente a un rango de apenas el 5% al 2%.
Es en este punto donde la teoría preventiva choca contra la realidad socioeconómica local. La Dra. Lalsie reconoce abiertamente que los estudios imagenológicos de alta resolución resultan costosos para el ciudadano común. En entornos donde la disponibilidad de mamógrafos operativos en la red pública sufre marcadas limitaciones, la pesquisa anual pasa a depender del bolsillo familiar en el sector privado.
Aunque la especialista destaca que en el país se proveen tratamientos a través de las Farmacias de Alto Costo del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) y que existen fundaciones y clínicas privadas que abaratan sus tarifas durante el «Mes Rosa» para que el factor monetario no actúe como una limitante excluyente, la sostenibilidad económica de la ruta oncológica (que abarca cirugías, quimioterapias y radioterapias) sigue requiriendo de intensas campañas de recaudación y soporte comunitario.

El futuro de la mastología y el llamado a la acción
Mientras la salud global debate sobre la incorporación de la Inteligencia Artificial (IA) en la medicina capaz de detectar hasta un 30% más de lesiones sutiles que el ojo humano, transformando los diagnósticos del futuro en los países desarrollados, en Cabimas la batalla se sigue librando con las herramientas de la concientización y la movilización social de calle, afirma Lalsie.
Más allá de los lazos decorativos, la lucha exige vencer el miedo al examen clínico y derribar el tabú de la consulta. Bajo la consigna fundamental de «Tócate para que no te toque», la especialista extendió una invitación formal a la colectividad de la Costa Oriental a sumarse activamente a la tradicional «Marea Rosa» el próximo 24 de octubre. El miedo al diagnóstico no frena la enfermedad; perder el miedo a la evaluación a tiempo es, hoy por hoy, el único sinónimo real de curación.
Gayledys Barrientos
Fotos y video Adriana Gutiérrez
EL REGIONAL DEL ZULIA
