Curiosidades.- Sin registros de entierro. Sin lápidas. Sin monumentos conmemorativos. Absolutamente nada.
En 2014, la historiadora local Catherine Corless descubrió pruebas de una fosa común, posiblemente en un antiguo tanque de aguas residuales, que se cree que contenía cientos de bebés en Tuam, Condado de Galway, al oeste de Irlanda.
Corless ubicó 796 certificados de defunción de niños que habían muerto en St. Mary’s, pero solo dos registros de entierro. Su investigación reveló que los restos podrían estar enterrados en el antiguo tanque de aguas residuales en el terreno del hogar de Madres y Bebés de esa localidad.
En los años 70, niños que jugaban en el lugar encontraron huesos humanos bajo una losa de hormigón. Mapas antiguos indicaban que el área era un tanque séptico en desuso desde 1937.
Corless comparó registros civiles y mapas, concluyendo que los niños estaban enterrados allí sin sepultura formal.
Comparó los mapas: uno, de 1929, indicaba la zona donde los chicos encontraron los huesos como un «tanque de aguas residuales». Otro, de la década de 1970, tras la demolición de la casa, tenía una nota manuscrita junto a esa zona que decía «cementerio».

Origen del hallazgo en el St. Mary’s
Entre 1925 y 1961, el Hogar de Madres y Bebés de St. Mary’s, fue gestionado por la orden religiosa católica de las Hermanas del Buen Socorro. Esta institución albergaba a mujeres solteras embarazadas, muchas de ellas rechazadas por sus familias, y a sus hijos recién nacidos. El hogar fue parte de una red de 18 centros similares en Irlanda, donde se estima que murieron unos 9,000 niños.
En los 35 años transcurridos entre sus muertes, se sabe que otros 794 bebés y niños pequeños murieron allí. Y se cree que están enterrados en lo que el ex Taoiseach (el primer ministro irlandés) Enda Kenny, denominó como la «cámara de los horrores».
El 14 de julio de 2025 comenzó oficialmente la excavación forense en el sitio, ahora convertido en una urbanización con parque infantil. El proceso durará aproximadamente dos años y está liderado por el Office of the Director of Authorised Intervention in Tuam (ODAIT), con expertos de varios países.
Se han identificado al menos 20 cámaras subterráneas con restos humanos. Más de 80 familiares han aportado muestras de ADN para intentar identificar a los niños.
Para la investigación es que lleven a la identificación de los restos óseos, se emplean técnicas avanzadas como análisis de péptidos dentales y ADN.
Se creía que los restos eran de la hambruna irlandesa de la década de 1840. Antes de ser una casa para madres y bebés, la institución fue un hospicio donde habían muerto muchas personas precisamente a causa de esas penurias.

Los niños «basura de la calle»
Los niños murieron por enfermedades como sarampión, tuberculosis y bronquitis, en condiciones de hacinamiento, mala alimentación y falta de atención médica. Muchos fueron separados de sus madres al nacer y vivieron en aislamiento social, estigmatizados como “basura de la calle”.
El gobierno irlandés pidió disculpas en 2021 por su papel en estos centros, mientras las Hermanas del Buen Socorro ofrecieron €13 millones al fondo de compensación estatal.
El cuidador del lugar donde funcionó el hogar, le contó a Catherine que a medidos de la década de 1970, tras la demolición del edificio, dos niños jugaban en esa zona cuando se encontraron con una losa de hormigón rota. La levantaron y descubrieron un agujero.
Dentro vieron huesos. El cuidador dijo que informaron a las autoridades y se tapó el lugar.
El mapa parecía indicar que había una tumba en el lugar, y Catherine había leído que el tanque de aguas residuales indicado en el mapa había dejado de funcionar en 1937, por lo que, en teoría, estaba vacío. ¿Pero quién estaba enterrado allí?

Testimonios vivientes
PJ Haverty pasó los primeros seis años de su vida en este lugar al que él llama prisión. Aun así, se considera uno de los afortunados.
«Salí de allí».
Recuerda cómo los «niños de la casa de acogida», como se les conocía, eran rechazados en la escuela.
«Teníamos que llegar 10 minutos más tarde y salir 10 minutos antes que el resto, porque no querían que habláramos con los demás niños», cuenta PJ.
«Incluso, en el recreo, no nos permitían jugar con ellos; nos ponían aparte, acordonados». «Eras basura de la calle.»
El estigma acompañó a PJ toda su vida, incluso después de llegar a un hogar de acogida lleno de cariño o tras, años después, encontrar a su madre biológica, de la que lo separaron cuando tenía un año.
El hospicio, dirigido por las monjas pertenecientes a las Hermanas del Buen Socorro, era una sombra invisible, que lo acechó a él y a muchos otros en Tuam durante décadas. Hasta que la historiadora aficionada Catherine Corless sacó a la luz el oscuro pasado de St Mary.

Autoridades olvidaron investigar
Catherine llamó a la oficina de registro civil de nacimientos, defunciones y matrimonios de Galway y pidió los nombres de todos los niños que hubieran fallecido en la casa.
Dos semanas después, un miembro del personal, escéptico, la llamó para preguntarle si realmente los quería a todos —Catherine esperaba «20 o 30″—, pero había cientos.
La lista completa, cuando Catherine la recibió, registraba 796 niños muertos.
Quedó totalmente conmocionada. Su evidencia comenzaba a indicar quién podría encontrarse bajo ese trozo de césped en St Mary’s.

Años para saber la verdad completa del caso
Se espera que la excavación dure unos dos años.
«Es un proceso muy difícil, una auténtica primicia mundial», declaró Daniel MacSweeney, jefe de la operación, quien ha ayudado a encontrar cuerpos desaparecidos en zonas de conflicto como Afganistán.
Explicó que los restos posiblemente estén mezclados y apuntó como detalle para dar a entender la dificultad que esto entraña, que el fémur de un bebé, el hueso más grande del cuerpo, tiene tan solo el tamaño del dedo de un adulto.
«Son diminutos», afirmó. «Necesitamos recuperar los restos con sumo cuidado para maximizar las posibilidades de identificación».
La dificultad de identificar los restos «no puede subestimarse», añadió.
Mientras dure, habrá personas que esperan noticias, con la esperanza de saber de hermanas, hermanos, tíos, tías y primos que nunca tuvieron la oportunidad de conocer.
El objetivo de la exhumación es dar sepultura digna a los restos, identificar a las víctimas y ofrecer reparación a las familias. El caso ha reabierto heridas profundas en la sociedad irlandesa y ha puesto en evidencia el trato inhumano hacia mujeres y niños en instituciones religiosas.