NACIONALES.- A veces, en medio de una catástrofe natural, el aturdimiento por el estruendo, el polvo y, en muchos casos, el dolor de las heridas y los golpes, hace que las alucinaciones nublen la mirada y la mente. Pero resulta que, en estas historias de milagros, que rayan en lo sobrenatural, como la del niño Maximiliano Torres, siempre aparece alguien que guía en la oscuridad, para salvar del abismo. Para los creyentes, son ángeles enviados por Dios, o en otros casos, el mismo Señor de las Alturas que baja en auxilio.
La historia de Maximiliano, un niño de 12 años que asegura que un señor con barba lo sacó de entre las ruinas de un edificio en Macuto tras los terremotos que sacudieron a Venezuela el pasado 24 de junio, es esperanzadora e invita a la fe: esa certeza de que, tras la brutal tragedia que hoy enluta al país, del cielo llega la fuerza necesaria para salir adelante.
Maximiliano no solo relata su visión de lo sucedido y cómo logró salir de los escombros que lo tapiaban; con voz de entusiasmo y alegría, cuenta y recuenta el suceso, siempre ofreciendo un mensaje de esperanza para los guaireños: “Toda mi vida he vivido acá. No creo que pueda acostumbrarme tan fácil a vivir en otro lugar. Yo amo a La Guaira y quisiera vivir siempre aquí, pero, con esta situación, hay que ver si se puede”, fueron sus palabras ante uno de los tantos creadores de contenidos que exaltan su historia.

¿Cómo cuenta lo sucedido?
“A mí no me llegó la alarma del temblor, porque si la hubiese oído, salgo corriendo. Un amigo me avisó cuando comenzó a temblar. Cuando vi que era verdad y que todo se movía como gelatina, corrí, pero la reja estaba cerrada. Regresé a la casa, me coloqué en una esquina, y ahí listo, se cae todo. Fue horrible esa sensación”, comentó al iniciar su relato de sobrevivencia.
Agrega que, en ese momento, no estaba procesando nada: “En cinco segundos me cayó todo encima y no me dio tiempo de salir. No sentía nada, pero aún estaba consciente. Vi un hueco enorme por donde observaba que comenzaba a llegar gente. Grité: ‘¡Auxilio, auxilio!’. Primero llegó alguien joven, y después llegó el señor de barba que se metió entre los escombros y comenzó a moverlos para liberarme”.
Maximiliano contesta seguro: “Yo vi su mano extendida para ayudarme. Era un señor con barba al que nunca había visto. Me dijo que todo iba a estar bien, y escuché claro cuando dijo: ‘Vengo a arriesgar mi vida por ti’. Movió esos escombros, que para mí eran imposibles de mover, me cargó hacia la acera, me vendó y nunca más lo vi”.
Sin saber si fue una presencia celestial o humana, el niño, con una sonrisa contagiosa, mira hacia la cámara de su entrevistador como si quisiera asegurarse de que, si la persona que lo salvó es alguna de esas que arriesgaron su vida para rescatar a centenares de heridos, escuche su agradecimiento: “Muchas gracias por salvarme y arriesgar tu vida por mí. Para mí fuiste un milagro. Gracias”.

“Me muero si Messi me envía un mensaje”
Como quien está presto para enfrentar la adversidad de haberlo perdido todo —incluso a su mascota, una perrita que aún no ha podido rescatar de entre los escombros—, acota con fortaleza: “Ahí está mi perrita; muerta, aún no la he podido sacar, pero todo bien”.
El jovencito, con una sabiduría increíble y a pesar de vivir ahora con su familia en una carpa, cuenta alegremente que es un amante del fútbol y que juega como extremo con sus amigos y sus primos, como Dylan, quien se acerca a la conversación.
Con los sueños intactos, Maximiliano quiere llegar a ser un gran futbolista como su referente, el astro Lio Messi. Con picardía y apretando su balón, dice: “Messi, mándame un mensaje. Yo me muero si Messi me envía un mensaje”.
Según Maximiliano, Dylan juega en la portería, pero él le mete todos los goles que quiere, a lo que Dylan asiente con alegría, reclamando que, cuando juegan utilizando un portón como portería, Maxi le pega fuerte.

El mensaje tras la tragedia
La recomendación del jovencito tras esta emergencia que enluta a miles de venezolanos es que agradezcan y valoren todo lo que tienen, porque todo se puede venir abajo en cinco segundos, como le pasó a él: “No peleen con sus padres por cosas materiales, porque hay personas que no tienen nada, que perdieron todo y están en la calle”.
Asegura que hay que llevar las cosas en armonía de aquí en adelante, recalcando que quienes perdieron sus pertenencias ahora valoran lo que antes tenían. “Por eso, valoren cada momento y no esperen que sea tarde como ahora”.
Esperanzado en la recuperación de su ciudad, Maximiliano dice con firmeza: “Estamos esperando que construyan algo aquí, porque yo no me quiero ir de La Guaira”. Y asegura con más firmeza aún que La Guaira va a ser más bella de lo que fue. “Eso ténganlo claro”.
Finalmente, pide al mundo que se ponga la mano en el corazón y que no le suelte la mano a Venezuela. “Te amo, Venezuela”, dice sonriendo.
