POR: ALFREDO GONZÁLEZ
Trabajador Petrolero
Friedrich Nietzsche, filósofo alemán; en su obra “Más allá del bien y del mal”, critica a la filosofía dogmática; y hace un ensayo sobre la percepción de la religión y de los valores morales, los cuales se basan en la honestidad, y en hacer el bien. La verdad se constituye como uno de los más altos valores morales, que hace referencia a la realidad, a lo verídico. Por otro lado, la mentira tiene una definición un poco más sencilla. La mentira en términos generales es, simplemente; la ausencia de la verdad.
En algún momento hemos mentido por alguna razón, y es que, para muchos autores; la mentira existe naturalmente en la esencia de los organismos vivos que la utilizan en el camuflaje para que los depredadores no los devoren. Charles Darwin planteó que en la naturaleza sobrevive el más apto, y en este caso la mentira ha ayudado a subsistir desde insectos, peces e incluso a animales que fingen ser otra cosa. Prácticamente todas las especies hacen uso del engaño con fines de supervivencia y reproducción. Desde un punto de vista evolutivo, la mentira ha sido una forma de supervivencia. En relación con el hombre, la mentira tiene una función primordial en cuanto a cohesión social.
La mentira, en el caso de los humanos, seres con raciocinio; funciona para relacionarse entre ellos mismos, además, es un mecanismo de protección. Sin embargo, decir la verdad es un valor para respetar a los demás. Cuando la mentira comienza a ser usada con un mal propósito y de manera excesiva podría ser un trastorno psicológico llamado mitomanía.
Cuando se miente, a menudo intentamos proteger una versión de nosotros. Se trata de mantener esa “máscara”, ese “falso yo” que nos hace sentir más “respetados y aceptados”. El riesgo de mentir parece valer la pena porque la alternativa de ser rechazado basado en quienes realmente somos; resulta insoportable. Mentir se convierte en una respuesta que se manifiesta para mantenerse a salvo, no necesariamente para manipular a los demás, sino para protegerse de un daño emocional percibido.
La mitomanía, un trastorno que implica una tendencia compulsiva a mentir de forma sistemática y patológica, sin necesidad aparente; es un fenómeno complejo que afecta a personas en todo el mundo y que genera unas consecuencias muy desagradables, tanto para la persona mitómana como para su entorno.
El psiquiatra francés Ernest Dupré, define mitomanía como: “una invención inconsciente y demostrable de acontecimientos muy poco probables y fácilmente refutables”. Asimismo, otra definición de mitomanía que suele emplearse en la actualidad es: “una tendencia a elaborar, exagerar y emitir mentiras, incluidos informes de experiencias imaginadas que suelen implicar un autoengaño”.
La mitomanía, a diferencia de la mentira ocasional, se caracteriza por un patrón de mentiras patológicas frecuentes y compulsivas. Las causas subyacentes de este comportamiento son complejas y varían de una persona a otra. Un motivo común es la necesidad de recibir atención y admiración de los demás, o la carestía de poder de atracción en las masas. Esta búsqueda de validación externa es un motivo significativo detrás de sus mentiras.
La mentira recurrente hace perder la credibilidad, destruyendo la confianza, la autoridad y el respeto frente a los demás. La credibilidad es un activo frágil que se construye con acciones constantes, pero que puede desmoronarse rápidamente debido a la incoherencia, a la falta de transparencia o a los errores repetitivos en lo que incurre un mentiroso compulsivo.
El comportamiento falso o hipócrita suele estar impulsado por mentiras generadas por profundas inseguridades y una baja autoestima. Quienes adoptan esta conducta suelen mentir o fingir para obtener aprobación, encajar en un grupo o camuflar su verdadera personalidad. Hay quienes se disfrazan de “oveja”, encamisados con las mentiras y comportamiento mitómano, pero tan mal el disfraz que se les ven las orejas de “lobo”.
La mentira tiene muchas razones, entre ellas por ejemplo; cando alguien miente sobre haber recibido un documento, generalmente busca ganar tiempo, evadir una responsabilidad o encubrir un error (como no haberlo procesado debidamente). Esta táctica suele darse tanto en entornos laborales como personales para salir de un apuro inmediato. Mentir de vez en cuando no tiene porqué significar un gran problema. Sin embargo, cuando se miente por mantener una posición insostenible, y preservar el “statu quo” de una situación irreal, sin un gran objetivo y con frecuencia, puede suponer un problema digno de ser tratado por psicólogos o psiquiatras.
En definitiva, las personas que sufren mitomanía tienden a mentir y manipular de forma obsesiva y constante, llegando incluso a creerse sus propias mentiras. Este comportamiento lleva a la persona a verse atrapada en sus propias ficciones, lo que termina impactando negativamente en ella misma y en las personas de su entorno más cercano.