Nacional.- En medio de una de las mayores crisis migratorias del continente, millones de venezolanos han cruzado fronteras en busca de estabilidad, seguridad y oportunidades. Entre ellos, miles de jóvenes con sueños universitarios enfrentan una realidad que dista mucho de sus aspiraciones: el acceso a la educación superior en sus países de acogida está plagado de obstáculos económicos, burocráticos y sociales.
Según datos de ACNUR y UNESCO, menos del 6% de los migrantes y refugiados venezolanos logra acceder a la educación superior en América Latina y el Caribe. Esto ocurre a pesar de que muchos de ellos llegan con títulos universitarios o con la intención de continuar sus estudios. La falta de reconocimiento de credenciales, los altos costos de matrícula y la escasa oferta de programas de ayuda social son algunas de las barreras más comunes.
En países como Colombia, Perú, Chile y Brasil; las universidades públicas ofrecen cupos limitados para estudiantes extranjeros, y los costos de matrícula para no residentes suelen ser significativamente más altos. Además, los gastos asociados, como alojamiento, transporte, alimentación y materiales académicos, hacen que el sueño universitario se vuelva inalcanzable para muchos jóvenes venezolanos.
Programas como el PAPE en Brasil, por ejemplo, ofrecen apoyo financiero a estudiantes refugiados, pero los montos varían según el perfil de vulnerabilidad y no siempre cubren todas las necesidades básicas. En otros países, los subsidios son escasos o inexistentes.
En Colombia existen programas de ayuda social y becas, gestionados principalmente por El Instituto Colombiano de Crédito Educativo y Estudios Técnicos en el Exterior (ICETEX), que ofrecen oportunidades a estudiantes extranjeros para cursar estudios universitarios a bajo costo o con financiamiento. Estos programas, como el Programa de Reciprocidad para Extranjeros y Beca Colombia para Extranjeros, están diseñados para fomentar la cooperación educativa y cultural entre Colombia y otros países.

Trámites y trabas
La regularización migratoria es otro gran escollo. Muchos jóvenes venezolanos no cuentan con pasaportes vigentes o documentos apostillados, lo que les impide inscribirse en universidades o acceder a becas. En algunos casos, deben regresar a Venezuela para completar trámites, lo que representa un riesgo y un gasto imposible de asumir.
Aunque comparten el idioma con la mayoría de los países de acogida, los estudiantes venezolanos enfrentan diferencias culturales, académicas y sociales que dificultan su integración. Iniciativas como el curso de escritura académica en portugués ofrecido por la UNIFESP en Brasil buscan mitigar estas barreras, pero aún son insuficientes frente a la magnitud del problema

Zuleima Pachano: avanza superando obstáculos
Zuleima Pachaco se sentía preocupada por su futuro cuando sopesaba si matricularse o no a una carrera en Colombia para poder, finalmente, obtener su título de grado. “Empezar una carrera Universitaria fuera de tu país no es fácil”, dice la venezolana de 23 años, originaria del sector Las Palmas de Tía Juana, estado Zulia.
La represión hacia los estudiantes y el deterioro de la educación universitaria que se desató en Venezuela tras el estallido social de 2018, obligó a la joven universitaria a no continuar su carrera de Enfermería en el Instituto Universitario de Tecnología Readic de Cabimas (UNIR), donde se disponía a cursar el segundo semestre; para decidir migrar a Colombia en octubre del año 2021.
Ya instalada en la ciudad de Medellín y tras realizar los respectivos arreglos de su documentación de estadía legal; primero intentó encontrar universidad con sede en Medellín para continuar sus estudios de Enfermería, pero no tuvo opciones de ingreso debido a lo costoso de estos estudios superiores.
La grave crisis económica y social que atraviesa Venezuela ha llevado a unos 2.8 millones de venezolanos a refugiarse en distintas ciudades de Colombia. Esta cifra incluye tanto a aquellos con estatus regular como irregular, según Migración Colombia. Aunque de esta diáspora la cifra de estudiantes venezolanos en etapa universitaria para el año 2025 no está disponible con exactitud, se estima que en los últimos años ha habido un aumento significativo, pasando de 34.000 en 2017 a más de 600.000 en 2023, estudiantes que, como Pachano, se vieron forzados a abandonar su formación académica.

Zuleima Pachano durante su presentación en la Ópera: Aida de Giussepe Verdi, función de la temporada 2025
Reorganizó sus intereses de estudios
Tres años después de su llegada a Colombia, la joven Zuleima Pachano está llevando adelante su carrera de canto lírico en la fundación Prolirica de Antioquia en Medellín. A la vez, trabaja como asesora de ventas en un BPO (Business Process Outsourcing). Se trata de un centro de comunicaciones bilingües de la ciudad. “Fue un proceso difícil, sobre todo para encontrar un buen empleo, pero mis conocimientos de inglés me abrieron las puertas adecuadas”.
Cuando empezó el camino para estudiar su carrera musical, descartó las universidades públicas porque su trabajo y otras responsabilidades le impedían dedicarse a tiempo completo a los estudios. Aunque los centros privados se adecuaban más a su situación, no le salían las cuentas.
“Como también tengo habilidades en el canto, intenté encontrar entonces algo por esa parte. Busqué y busqué hasta que encontré la Fundación Prolirica de Antioquia en internet, los seguí en su Instagram y envié un mensaje directo preguntando por algún tutor de canto lírico. Tardaron mucho en responder, pero finalmente lo hicieron. La tutora (que es una de las directoras de la fundación) me llamó y concretamos una cita donde me explicó su oferta, me escuchó cantar, y posterior a una serie de preguntas me aceptó como estudiante”, indica con satisfacción Pachano.
Zuleima Pachano refiere que semanalmente tiene que recibir clases de canto privadas para su permanencia en la institución, las cuales son costosas, pero para ella, vale la pena el sacrificio que hace para poder consagrarse como una reconocida cantante de ópera. “Luego de un año de clases mi tutora organizó una audición para formar parte del coro de ópera. Fui seleccionada y desde entonces he participado en tres Óperas y una Zarzuela”.
“Estudiar en Colombia es bastante costoso y tengo que lidiar con esto. La fundación donde estudio Ópera es una institución que organiza temporadas de zarzuela, ópera y opereta anualmente, y para ser parte de sus proyectos culturales canceló mis clases de preparación particulares, pero recibo remuneraciones por mis participaciones”, explicó la joven Zuleima Pachano.
Aunque muchos jóvenes venezolanos huyen en busca de protección y crecimiento personal, lo que encuentran a menudo son fronteras cerradas, sistemas migratorios hostiles y sociedades poco preparadas para acogerlos con dignidad.
En países de Sudamérica como Colombia, Chile, Perú, Argentina, Brasil, la situación de los desplazados se agrava, según algunos expertos en temas sociales, a la “debilidad institucional y a la falta de políticas públicas integrales que garanticen derechos básicos a las personas migrantes”. Sumado a esto los jóvenes migrantes, tanto de Colombia como de otros países, a menudo enfrentan discriminación, violencia, explotación y desarraigos en sus ciudades de acogida.

Universidad Central de Costa Rica.
Más allá de lo económico
Desde 2022, la Red Internacional de Derechos Humanos Europa (Ridhe), un programa que promueve los derechos humanos y la educación inclusiva, especialmente para personas en situación de movilidad forzada, refugiadas o en riesgo de exclusión social, enfocada en brindar educación en emergencia, asistencia humanitaria y formación en incidencia internacional; tiene una oficina en San José de Costa Rica.
Marta Castillo, su coordinadora, contó en una entrevista ofrecida a El País para un reportaje sobre el tema, cómo se han ido adaptando a la situación. “Con las instituciones privadas tuvimos algún tipo de flexibilidad. Algunos lograron convalidar asignaturas o planes de estudio de los jóvenes beneficiados, pero con las públicas no era tan sencillo”, explica. Estas últimas tienen exámenes de admisión y procesos de matrícula más complejos que llevaron a algunos jóvenes acogidos por la Ridhe a “empezar de cero”.
“Varios estudiantes que estaban llegando a Costa Rica lo hacían sin documentos o notas. Al principio, fue bien complejo porque a muchos les habían borrado su expediente académico. Otros sí que tenían notas, pero, si la universidad había cerrado, no tenían absolutamente nada para poder convalidar”, añade Castillo.
Carlos Valbuena, de 25 años y originario de Maracaibo, chocó de frente con la realidad de no poder continuar sus estudios superiores al llegar a Costa Rica. “Todo fue muy raro porque es acostumbrarte a una sociedad con una cultura a veces xenofóbica. La gente te dice que hablas raro”, apunta el también beneficiario de la ayuda en una entrevista ofrecida a un portal web.
Él llegó a Costa Rica en diciembre de 2020, dejando atrás su carrera de Ingeniería Civil en la Universidad del Zulia. Intentó estudiar, aunque fuese otra carrera y empezar de cero, pero no pudo costear una universidad privada y el acceso a la pública se le dificultaba: el único documento de identidad que tenía era el de solicitante de refugio.
Con la beca de la Ridhe, Valbuena pudo matricularse en la carrera de Psicología en la Universidad Central, una institución privada en San José, donde ahora cursa su segundo año.

¿Qué se está haciendo?
Organismos como la UNESCO IESALC han lanzado proyectos regionales para mapear rutas hacia la educación superior y promover políticas inclusivas. Estos estudios buscan identificar buenas prácticas y formular recomendaciones para mejorar el acceso y la permanencia de los migrantes venezolanos en el sistema universitario.
Sin embargo, los avances son lentos y desiguales. La falta de coordinación regional y de voluntad política limita el impacto de estas iniciativas.
