Ciencia y Tecnología.- En un mundo donde el espacio parece ser la última frontera, un equipo de científicos de la Universidad de Stanford han desarrollado a OceanOneK, un robot humanoide que no solo explora las profundidades marinas, sino que permite a los investigadores “sentir” lo que él toca, revolucionando la forma en que la ciencia interactúa con el mundo submarino.
La investigación ha demostrado que el océano aún guarda secretos igual de fascinantes, y este robot puede explorar a 1.000 metros de profundidad, facilitando el estudio y cuidado de ecosistemas marinos inaccesibles para el ser humano.
OceanOneK, un robot humanoide manejado a control remoto está equipado con una interfaz háptica avanzada que transmite sensaciones táctiles a los operadores en la superficie. Esto significa que un científico ubicado a gran distancia puede sentir, desde un barco o laboratorio, la textura de una copa romana o la barandilla de un submarino hundido.

Tecnología háptica: tocar sin mojarse
OceanOneK tiene visión estereoscópica en 3D y brazos articulados con precisión quirúrgica.
Su diseño combina una parte superior humanoide con una parte inferior equipada con ocho propulsores multidireccionales, lo que le permite maniobrar con agilidad en entornos extremos.
Exploraciones históricas
Desde 2021, OceanOneK ha protagonizado misiones en el Mediterráneo que incluyen:
- Recuperación de artefactos de naufragios romanos en perfecto estado
- Exploración de un submarino de la Segunda Guerra Mundial
- Inspección de barcos hundidos como el Le Francesco Crispi, donde el operador sintió la barandilla como si estuviera allí.
En una de sus expediciones, el robot colocó una placa conmemorativa a 825 metros de profundidad que decía: “El primer contacto de un robot con el fondo marino profundo. Un vasto mundo nuevo para que los humanos exploren”.

Un laboratorio submarino global
El creador del proyecto, el profesor Oussama Khatib, visualiza un futuro donde OceanOneK sea parte de una red de observatorios submarinos conectados remotamente. Así como los telescopios estudian el cosmos, estos robots podrían permitir que científicos de todo el mundo colaboren en tiempo real para estudiar y proteger los océanos.
OceanOneK no solo facilita la arqueología marina, sino que también tiene un Impacto científico y ambiental al estudiar especies desconocidas del fondo marino, recuperar objetos perdidos sin riesgo humano y realizar reparaciones submarinas en estructuras como tuberías y embarcaciones
OceanOneK es más que un robot: es una extensión sensorial del ser humano en un entorno donde la presión, la oscuridad y el misterio han mantenido a raya a la ciencia por siglos. Con cada inmersión, este androide nos acerca a un océano más conocido, más protegido y más conectado con la humanidad.