OMAR, WILLY Y LA MANDRÁGORA

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POR: EUGENIO MONTORO

La mandrágora es una planta venenosa que fue usada en brujería durante la edad media. Nicolás Maquiavelo escribió una novela con ese título y se decía que crecía bien debajo de los patíbulos, regadas con el orín y la sangre de los que ajusticiaban. Sus raíces bifurcadas asemejan una figura humana y eso genera, a su alrededor, misterios y leyendas de todo tipo.

Dentro de unos días tendremos elecciones (dicen que no deberían llamarse así por la parcialidad del CNE) para gobernadores, alcaldes y legislaturas regionales. Para los zulianos en general y para los maracuchos en particular significan una buena oportunidad de salir de dos personajes nefastos como lo son el actual gobernador Omar Prieto y su “pana burda” el alcalde de Maracaibo Willy Casanova, ambos del PSUV y que aspiran ser reelectos.

Se nos ocurrió asociarlos con la mandrágora pues al igual de haber sido un veneno para lo regional, representan a un régimen que disfruta del dolor ajeno y crece muy bien entre los orines del delito.

Por ser de igual partido, Prieto y Casanova han gobernado como un solo cuerpo y hoy, en sus días finales, se apresuran a realizar alguna obra tratando de mejorar sus deterioradas imágenes. Radio bemba es amplia al reproducir lo mucho que Omar y Willy han usado los cargos para su beneficio y aunque no sabemos si son rumores fundados eso no cambia el mucho ruido de la calle. Además, nada tendría de nuevo de que algo de eso sucediera con gobernantes de pacotilla cuyo único mérito real es el de pertenecer, en forma sumisa y con rodilla en tierra, al PSUV.

Pero mucho más importante que todas las torpezas y marramucias que hubiesen hecho este par de indeseables locales y que por si solo justificaría el sacarlos de cuajo, es el hecho innegable de que forman parte del sistema perverso que ha convertido a nuestra nación en tierra arrasada.

Todos los índices internacionales nos muestran como lo peor del mapa. El de mayor desempleo, el de mayor inflación, el peor índice para invertir, el de mayor corrupción, el de mayor pobreza, el de mayor éxodo de ciudadanos, el de mayor criminalidad, el peor en suministro eléctrico, el peor en suministro de agua, el peor en sistema de salud, el peor en todo. Por otra parte, han destruido el parque industrial del país, han expropiado y al poco tiempo quebrado centeneres de empresas productivas, han paralizado las empresas básicas y ni siquiera, en un país con enormes reservas de petróleo, tenemos gasolina.

Por si eso fuera poco, al régimen se le asocia con decenas de actividades delictivas. Se le acusa de formar parte del narcotráfico haciendo de Venezuela un centro internacional de distribución de cocaína, alberga sin escrúpulo alguno a guerrilleros terroristas de la FARC y ELN, es acusado de violaciones a los derechos humanos de todo tipo y sus responsables está siendo tratados por la Corte Penal Internacional y las acusaciones de enriquecimiento ilícito son de dimensiones gigantescas.

Es evidente que mucho del deterioro económico del país fue intencionalmente provocado. Las tonteras comunistas de producir un hombre nuevo obligaban a crear un país sin lujos y con un poder central fuerte que mantuviese el proyecto por décadas de manera de adoctrinar a la población y llevarla a la utopía del mundo feliz y generoso. Lo decía Fidel Castro a viva voz “Venezuela con 10.000 millones de dólares en ingresos tiene, lo demás le sobra”.

Por supuesto la economía se fue deteriorando y generó una diáspora sin precedentes. El número sigue creciendo y seguramente este ha sido uno de los factores importantes que empujaron al régimen a tragarse sus ideas y revertir el proceso tratando ahora de reactivar la economía y detener la fuga de venezolanos.

Se aceptó el uso interno del dólar, se acabó con el control de precios, se acabó con el control cambiario, se eliminaron impuestos a importaciones, se revierten expropiaciones y otras decisiones tratando de reactivar al país. Todos estos cambios no han producido mucho efecto pues la desconfianza de los inversionistas en esta pandilla de locos es enorme.

Ni Omar Prieto ni Willy Casanova pueden disimular su relación íntima con el régimen y no pueden esconder su responsabilidad directa con lo que sucede a nivel nacional por ser parte cómplice y pertenecer al PSUV.  Son mandrágoras podridas a las que hay que sacar de raíz.

No hace mucho escribía sobre lo inconveniente que resultaba ir a votar, pero finalmente nuestros amigos de oposición decidieron hacerlo y no nos queda otra que apoyarlos en sus aspiraciones. En medio de este desastre nacional tal vez estas elecciones son una buena oportunidad para manifestar nuestro rechazo a la forma de conducir al país. Una forma de salir de la “llave” Prieto-Casanova y al mismo tiempo gritarle con los votos al mandrágora Maduro, lo que todos le hemos gritado por estos tiempos y que termina en madre.

Eugenio Montoro

montoroe@yahoo.es

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