RUTA MUNDIAL 2026.- El deporte está lleno de historias de sacrificio, duras caídas y glorias, y el fútbol no es la excepción. Paraguay acaba de firmar una de las victorias más épicas de su historia en el Mundial de Norteamérica 2026, para alcanzar los octavos de final del torneo, y el protagonista junto al estratega Gustavo Alfaro, el “Cazador de utopías”, y sus muchachos, ha sido un gigante entre los tres palos: Orlando Gill.
Gill de 26 años se estrenó en la Copa sin poder evitar una goleada de Estados Unidos que parecía acabar con los sueños de la Albirroja, por lo que llegaron las críticas y la desesperanza de los hinchas guaraníes, entre ellos las de legendarios que una vez llegaron a cuartos de final en la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010. En dicho torneo, fueron eliminados por España (1-0) tras haber superado a Japón en los octavos de final.

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El Arquero «mudo» es el héroe
José Luis Félix Chilavert, ese arquero mítico paraguayo, que muchas admiran, fue duro al criticar el debut paraguayo con goleada, y se atrevió a culpar a Gill de la derrota: “No habla, juega mudo. El fútbol es comunicación, más para el arquero. Un arquero tiene que mandar y gritar”.
Además, Chilavert cuestionó la decisión de Gustavo Alfaro de mantener la incógnita sobre el portero titular hasta prácticamente el día del partido. A su juicio, esa falta de claridad pudo pasar factura a Gill. «Los arqueros sienten. Antes de irse de Paraguay, tendría que tener decidido quién es el arquero. Esas dudas le transmiten inestabilidad emocional al arquero», sentenció.

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Ante las duras críticas de Chilavert contra Alfaro, el estratega tras consolidar la victoria de sus dirigidos optó por la mesura y la épica discursiva para esquivar el cruce personal en la rueda de prensa, para responder a quienes llama “los Francotiradores”: «Resistir está grabado en nuestra cédula de identidad y hoy resistimos como nadie. Yo quería que los 26 futbolistas salieran hoy a la cancha como guerreros y se retiraran del estadio como leyendas. El fútbol tiene un poder maravilloso: hoy hicimos un feriado nacional».

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La historia fue otra
Luego de la triste goleada vino el triunfo ante Turquía y el empate ante Australia, y Paraguay rasguñó un mejor tercero para ser parte de los dieciseisavos de la contienda, pero con la dura tarea de ir contra un grande, contra cuatro estrellas que pesan por calidad futbolística, nombres y referentes como Manuel Neuer, Joshua Kimmich, Jamal Musiala, Leroy Sané, Kai Havertz y Florian Wirtz, entre otros.
La historia fue otra y ese el poderío sucumbió ante la humildad de un equipo con garra, con patria en el pecho, que luchó sin descanso y aguantó el empuje de cuatro estrellas que buscaban aplastarlos, y pasó lo inimaginable: El mudo habló con sus manos.
Detrás del héroe guaraní hay una historia
Detrás de esas épicas atajadas de Orlando Gill de las que hoy todos hablan, tiene una historia detrás digna de ser contada. Ese espigado muchacho casi sin habla, que emergió como la figura e hizo temblar a los alemanes, un gigante que jamás había perdido una tanda de penaltis en un Mundial, pero que cuando se paró frente a ellos, sin pronunciar palabras ni gritos, dijo con sus manos lo que todo paraguayo quería oír: ¡Lo paró, lo paró!, y no una sino dos veces, siendo el verdugo de Kai Havertz y Nick Woltemade, quienes esta vez fueron los derrotados.
Y es que la historia de este lunes 29 de junio de Gill es la bonita, es la gloriosa, con seis atajadas claves dentro de los 120 minutos y siendo el arquero mejor valorado del Mundial ,según el Power Ranking de la FIFA; sin embargo, hay otro muy dura detrás de esos guantes bendecidos.
Hace apenas unos años Orlando vendía hasta su camiseta de la Selección Sub-20 que soñaba conservar para siempre, sus guantes y botines, para afrontar los gastos de su familia y de su hijo Lautaro Daniel recién nacido, sin contar que es un arquero del club argentino San Lorenzo de Almagro valorado en tan solo 6 millones de euros.

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Ahora lo bueno y lo malo se juntan para que su liderazgo también sorprenda, ya que, pese a su juventud, transmite tranquilidad a la defensa y se ha convertido en uno de los líderes silenciosos del equipo, héroe de una Nación y de su esposa e hijo Lauti, ahora con tres añitos.
Ante el background de éxito silencioso que registra Orlando Gill, el héroe paraguayo, Chilavert está obligado por honor a cambiar esa premisa de que un portero tiene que hablar y gritar para intimidar a su rival o el mudo terminará siendo él.