Nacionales.- ¿Por qué sigue temblando? Venezuela atraviesa un periodo de intensa actividad geológica tras el potente evento sísmico registrado el pasado 24 de junio. Este suceso sorprendió a la comunidad científica internacional por tratarse de un «doblete sísmico», es decir, dos terremotos de magnitudes similares (7,2 y 7,5) que ocurrieron con una diferencia de apenas 40 segundos. Esta liberación masiva de energía en la Falla de Boconó explica por qué la tierra no ha dejado de moverse, generando cientos de eventos posteriores que mantienen a la población en alerta.
El reacomodo de las fallas tras el doblete
La razón principal de los constantes temblores radica en el ajuste de esfuerzos en la corteza terrestre. Expertos explican que el primer sismo alteró el equilibrio de la zona, facilitando casi de inmediato la ruptura de una falla cercana que ya estaba próxima a ceder. En consecuencia, las réplicas actúan como un mecanismo natural para aliviar las tensiones residuales que quedaron acumuladas en las rocas tras la fractura principal.
Además, las réplicas se producen porque la energía liberada se transfiere a bloques de roca adyacentes. Cuando este empuje supera la resistencia de los materiales, estos también se rompen, originando nuevos sismos de menor magnitud que el evento principal. Aunque el término técnico preferido por algunos especialistas es aftershock, en esencia, todos estos movimientos forman parte de un mismo proceso de estabilización geológica.

¿Cuánto tiempo durarán estos movimientos?
Es fundamental que la ciudadanía comprenda que los temblores continuarán durante un tiempo prolongado. Los sismólogos advierten que, tras un evento de magnitud 7,5, es normal registrar réplicas durante meses o incluso años. Por ejemplo, el Servicio Geológico de EE.UU. (USGS) estima una probabilidad del 99% de que ocurran movimientos de magnitud 3 o 4 en las próximas cuatro semanas.
A pesar de que la cantidad y la intensidad de estos sismos tienden a disminuir con el paso de los días, no se descarta la posibilidad de que ocurra alguna réplica de intensidad considerable. De hecho, los pronósticos sugieren que podría registrarse algún evento de hasta magnitud 6,5, lo cual, si bien es menor al terremoto original, requiere mantener la vigilancia.

Prevención: El camino hacia la seguridad
Aunque la actividad sísmica es inevitable, el riesgo para las personas puede gestionarse a través de la preparación. Los especialistas insisten en que los sismos no matan personas, sino las edificaciones que no están preparadas para resistirlos. Por lo tanto, la clave no es predecir cuándo temblará, sino asegurar que nuestras construcciones cumplan con las normas de resistencia adecuadas.
En este contexto, se recomienda a la población:
• Revisar las estructuras: Las réplicas pueden terminar de colapsar edificios que ya sufrieron daños en el sismo principal.
• Seguir fuentes oficiales: Es vital combatir la desinformación y los rumores que generan pánico innecesario.
• Fortalecer la cultura sísmica: Entender que Venezuela es un país con fallas activas ayuda a que las familias e instituciones mantengan planes de evacuación vigentes.
¿Qué probabilidad hay de una réplica de magnitud 6.0?
Según los datos proporcionados por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), la probabilidad de que ocurra una réplica de magnitud superior a 6.0 en las próximas cuatro semanas es del 13%.

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Para entender mejor este panorama y mantener la calma, es importante considerar los siguientes puntos basados en los estudios técnicos:
• Probabilidades según magnitud: Mientras que la probabilidad para un evento mayor a 6.0 es relativamente baja (13%), las posibilidades de sismos de menor intensidad son mucho más altas: un 70% para réplicas de magnitud 5 y un 99% para movimientos de magnitud 3 o 4.
• Regla estadística: Los expertos señalan que, tras un terremoto de magnitud 7.5 como el ocurrido en Venezuela, existe una «regla empírica» que sugiere la ocurrencia de al menos una réplica de magnitud 6.0 y unas diez de magnitud 5.0 en los años siguientes.
• Techo de intensidad: Algunos sismólogos advierten que la réplica máxima esperada para este evento específico podría alcanzar una magnitud de 6.5.
• Profundidad del evento: La probabilidad de estas réplicas se mantiene vigente debido a que el epicentro del sismo principal fue superficial (entre 10 y 20 kilómetros de profundidad), lo que suele generar más réplicas que los sismos que ocurren a mayores profundidades.
Esta información técnica refuerza la importancia de la prevención, ya que un evento de magnitud 6.0 o 6.5 es lo suficientemente fuerte como para afectar estructuras que ya presentan daños previos por el sismo principal.

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Finalmente, la diferencia entre una emergencia manejable y un desastre radica en la calidad de la prevención y la educación ciudadana. La ciencia continúa monitoreando cada movimiento para ofrecer respuestas, mientras la sociedad debe enfocarse en la resiliencia y la seguridad estructural.
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