Nacional.- La reciente decisión del ministro de Educación, Héctor Rodríguez, de incorporar la figura de “preparadores estudiantiles” en los liceos del país para el año escolar 2025-2026 ha generado un intenso debate en el gremio docente y entre especialistas en pedagogía.
Según el anuncio oficial, estos preparadores serán estudiantes con los mejores promedios, quienes tendrán la tarea de apoyar a sus compañeros en el estudio de materias complejas, sin sustituir a los profesores.
¿Una solución pedagógica o una estrategia paliativa?
Los objetivos principales de la iniciativa del Ministerio de Educación venezolano para incorporar preparadores estudiantiles en los liceos so:
Fomentar el aprendizaje colaborativo: Se busca que los estudiantes con mejores promedios apoyen a sus compañeros en asignaturas complejas, promoviendo el trabajo en equipo y el refuerzo entre pares.
Estimular vocaciones docentes: El ministro Héctor Rodríguez ha señalado que esta es una oportunidad para que los jóvenes “se enamoren de la profesión docente” y consideren estudiar educación como carrera universitaria.
Fortalecer el sistema educativo desde adentro: La medida pretende involucrar a los estudiantes en el proceso formativo, generando mayor compromiso y sentido de pertenencia con la escuela.
Complementar la labor docente sin sustituirla: Se ha enfatizado que los preparadores no reemplazarán a los profesores, sino que actuarán como apoyo académico en el aula.

Medida improvisada
Ante la iniciativa , voces críticas dentro del gremio docente advierten que esta medida podría ser interpretada como una respuesta improvisada ante la crisis estructural que atraviesa el sistema educativo venezolano.
Déficit de docentes: En los últimos años, miles de maestros han abandonado las aulas por bajos salarios, falta de insumos y condiciones laborales precarias. ¿Es la figura del preparador una forma de suplir silenciosamente esa ausencia?
Formación insuficiente: Aunque los estudiantes destacados pueden tener habilidades académicas, no cuentan con formación pedagógica ni herramientas didácticas para asumir roles de enseñanza. ¿Se corre el riesgo de desvirtuar el proceso educativo?
Desigualdad y presión: Convertir a los mejores promedios en “preparadores” podría generar tensiones entre estudiantes, alimentar la competencia y sobrecargar a jóvenes que ya enfrentan exigencias académicas.

La reacción del gremio docente
Para muchos educadores, esta medida representa una falta de reconocimiento a su labor profesional. “No se trata de que los estudiantes nos sustituyan, pero sí de que se nos está desplazando simbólicamente”, comenta una profesora de Ciencias Naturales en Maracaibo. “La docencia no es solo transmitir conocimientos, es formar, acompañar, orientar. Eso no se improvisa”.
Además, preocupa que esta iniciativa se implemente sin una consulta amplia ni estudios piloto que evalúen su impacto. Aunque el ministro Rodríguez ha insistido en que los preparadores no reemplazarán a los docentes. “No vienen a sustituir a los profesores, es más bien una oportunidad para que nuestros jóvenes se enamoren de la profesión docente y muchos de ellos decidan estudiar esta carrera”, dijo durante una reunión con los directores estadales para afinar detalles sobre el inicio del año escolar 2025-2026.
Por su parte el gremio exige claridad sobre los límites de sus funciones, el tipo de acompañamiento que recibirán y cómo se garantizará que no se vulneren derechos laborales ni estudiantiles.

¿Semillero de vocaciones o laboratorio de ensayo?
El gobierno ha vinculado esta propuesta con su interés en despertar vocaciones docentes y fortalecer el sistema educativo desde adentro. En paralelo, se han anunciado actividades extracurriculares, jornadas de formación docente y la revisión de programas académicos. Sin embargo, el contexto de precariedad institucional y la falta de inversión en infraestructura y salarios hacen que muchos vean esta medida como un intento de maquillar una crisis más profunda.
La figura del preparador estudiantil podría ser una herramienta valiosa si se enmarca dentro de un plan integral de transformación educativa, con participación activa del gremio docente, acompañamiento pedagógico y garantías institucionales. De lo contrario, corre el riesgo de convertirse en un símbolo más de la improvisación que ha caracterizado las políticas educativas en Venezuela en los últimos años.