POR: ALFREDO GONZÁLEZ
Trabajador Petrolero
Estaba sentado tomando un café, en casa donde frecuentamos y llamamos humorísticamente “Bety´s bar”, cuando Franklin, un ángel que tenemos en la tierra; se acerca y me dice en su lenguaje pintoresco: “a´mos pa´ San Jenito”. Esto avivo mi interés de escribir sobre San Benito de Palermo: El Santo Negro.
Benito, hijo de padres cristianos y esclavos de origen africano; nació el 27 de diciembre del 1524 en San Filadelfo, Sicilia, Italia. Su infancia estuvo rodeada de la mayor pobreza, habiendo nacido en libertad, de allí su nombre por la exclamación que hizo su madre al enterarse que nacería libre en una comunidad de esclavos: ¡Bendito sea DIOS!, ¡Mi hijo nacerá libre!.
De adolescente Benito fue pastor y labrador, y desde entonces, por sus virtudes y vocación religiosa, entró en contacto con la comunidad de la Orden de Frailes Menores, conocidos como Franciscanos, donde se entregó a seguir el ejemplo de caridad de su fundador Francisco de Asís. Por ser analfabeta le asignaron tareas en la cocina, desde donde generaba una energía que irradiaba piedad y humildad, y prestaba un servicio muy gratificante para sus discípulos y seguidores, y que muchos de ellos la calificaban como comida milagrosa, y hasta milagros se le atribuyeron, sobre todo curaciones, las cuales le dieron gran fama. Siendo religioso no sacerdote, fue nombrado superior del convento, el cual guio por más de cinco años con sabiduría, prudencia y gran caridad. Se cuenta que logró imponer una estricta disciplina de pobreza y austeridad entre los frailes. La fama de su santidad, que se había difundido rápidamente, fue acogida con calurosas manifestaciones del pueblo. Las personas lo rodeaban constantemente pidiéndole oraciones y deseos de presenciar algún milagro, que muchos alegaban los realizó en vida. Su presencia era recibida frecuentemente con aplausos, aplausos estos que el rechazaba por su humildad.
Desde su nacimiento, la vida de Benito estuvo consagrada a la santidad, entregada y puesta al servicio de Dios, llegando a convertirse en una figura religiosa notable, cuya vida resonó por su humildad y devoción fervorosa a Dios, y al servicio de los demás; dejando un legado perdurable que ha trascendido fronteras, épocas y culturas.
En 1589, Benito enfermó gravemente, y luego de recibir los últimos sacramentos, muere el 4 de abril de 1589 en Palermo, Italia; a la edad de 63 años, pronunciando las palabras de Jesús moribundo: “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”. Los innumerables milagros obrados por su intercesión obligaron a la Santidad de Benedicto XIV a beatificarlo en 1743; y después de nuevos prodigios, el Papa Pío VII lo canonizo y le colocó en el catálogo de los Santos en 1807. San Benito de Palermo, el Santo Patrón de los afroamericanos; es recordado por su paciencia y entendimiento cuando se enfrentaba a prejuicios raciales. Su culto se difundió ampliamente y llego a ser el protector de los pueblos negros. Palermo, ciudad Italiana, lo escogió como Patrón de la ciudad en gratitud a los numerosos milagros realizados. De allí su nombre de San Benito de Palermo.
La veneración a San Benito de Palermo en América tiene su origen a finales de la Colonia, marcada por la esclavitud negra proveniente de África, durante la evangelización católica y el establecimiento de estructuras e instituciones sociales de origen europeo. La devoción de San Benito de Palermo está muy difundida en América Latina, sobre todo donde hubo comunidades esclavas numerosas, como Venezuela y Nicaragua, e inclusive al sur, como en Uruguay, Brasil y Argentina.
El origen étnico descendiente de esclavos africanos, permitió que San Benito de Palermo, santo católico; se convirtiera rápidamente en referente identitario local, especialmente entre grupos descendientes de negros esclavos e indígenas que trabajaban en las plantaciones y haciendas del Sur del Lago de Maracaibo y en los Andes venezolanos.
Los sacerdotes franciscanos impusieron a San Benito de Palermo entre la comunidad de negros y mulatos esclavos, en las plantaciones y haciendas del Sur del Lago de Maracaibo; como forma para evangelizarlos. Los esclavos, traídos del continente africano, percibían la evangelización como una imposición de los santos de los blancos, y al identificarse con el Santo Negro, por ser descendiente de los esclavos africanos en Sicilia, Italia; fusionaron su devoción a las divinidades africanas con las de San Benito de Palermo. Tal vez, de allí surgió el mito sobre San Benito, elaborado por los afrodescendientes del Sur del Lago de Maracaibo, cuyo ritual les permitió comunicar representaciones colectivas reafirmando su pasado, fortaleciendo su gentilicio con sus danzas al son de tambores, y negando la existencia de dominación colonial. Es por ello que la veneración por San Benito de Palermo, aunque es reconocida y aceptada como manifestación católica, con frecuencia es criticada por la poca ortodoxia de sus prácticas y creencias.
Hoy en día, el culto a este santo es seguido con gran devoción por las poblaciones de varios Estados de Venezuela; entre ellos: Zulia, Trujillo y Mérida.
Devotos y feligreses celebran la veneración a San Benito de Palermo, a través de festividades y encuentros, donde a golpe de los «Chimbángueles» o «Chimbangles», originarios de África; se pagan las promesas y milagros concedidos por el Santo Negro. La máxima expresión de devoción se realiza el 27 de Diciembre, día del nacimiento de San Benito de Palermo, donde su imagen sale de la Iglesia y se une a la multitud que lo baila al ritmo de tambores coreando: “Ajé, Ajé, Ajé, Bendito Ajé”.
Historiadores, antropólogos, etnólogos y múltiples autores, han reseñado los mitos y la devoción por San Benito de Palermo. Particular interés fue el trabajo sobre la vida y obra de San Benito que elaboro El Regional del Zulia, en una edición especial sobre la vida y obra de este santo, por motivo de arribar a sus primeros 34 años de excelente labor periodística: “San Benito de Palermo, 500 años de Devoción”, en conmemoración de los 500 años del nacimiento del Santo Negro.
En ocasión de este articulo extiendo agradecimiento al Padre Martín González, párroco de la Iglesia San Benito de Palermo, en la parroquia Alonso de Ojeda de nuestro municipio; quien con sabiduría y enseñanza aporto ideas para su elaboración, así como al Compañero Edwin Rojas, honesto empresario de impoluta conducta, quien ha sido un personaje clave en mantener latente la tradición de veneración a San Benito de Palermo en nuestro municipio.
El arraigo afro venezolano se manifiesta en las celebraciones en honor a San Benito de Palermo, donde el sincretismo del catolicismo con los cultos afro descendiente se exterioriza y se hace presente en el pueblo que ha fusionado esas creencias, que se han transmitió hasta nuestros días por nuestros ancestros, y llevara ese legado para la posteridad.
La veneración a San Benito de Palermo ha sido catalogada como un acto de religiosidad popular, siendo la manifestación católica más extendida, plurisocietarias y multiétnica; donde el pueblo convive con el santo como uno más de su tierra, que se manifiesta en la vinculación de la vida cotidiana con la confesión de la fe cristiana de manera jubilosa, festiva y alegre, acentuado que San Benito de Palermo es el Santo Negro.