“Se abrió el piso y todo me caía encima”: Cabimense que sobrevivió al desplome del Hotel Santuario (Video)

Vanessa Andrew quedó atrapada de la mitad del cuerpo hacia abajo por pesadas estructuras de concreto. Una piedra impidió que las paredes colapsaran directamente sobre su rostro, salvándole la vida.     

por Noris Hernández

CABIMAS, ZULIA.- Vanessa Andrew, oriunda del municipio Cabimas, estado Zulia, es una de los pocos sobrevivientes del trágico colapso del Hotel Santuario, ubicado en La Llanada, Caraballeda (estado La Guaira). Ella formaba parte del grupo de ciudadanos repatriados desde los Estados Unidos en el vuelo 164 de la Misión Gran Vuelta a la Patria.

En entrevista exclusiva para El Regional del Zulia, relató el horror de quedar atrapada en una grieta luego de que el piso se abriera durante el doble terremoto que sacudió a Venezuela el pasado 24 de junio, un evento catastrófico que cobró la vida de decenas de sus compañeros de viaje tras el desplome total de la edificación.

“El piso se abrió, me caí y todo se vino encima”, recordó Vanessa con el dolor de una experiencia que marcará el resto de su vida. A pesar de las secuelas, eleva su agradecimiento a Dios por concederle una segunda oportunidad para seguir luchando por recuperar a sus dos pequeños hijos, quienes permanecen en territorio estadounidense.

Vanessa había sido retenida por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) y permaneció siete meses en cautiverio hasta su deportación el mismo 24 de junio, el fatídico día de la tragedia que conmocionó a Venezuela y al mundo.

Con una mirada que refleja profunda tristeza y la constante nostalgia por sus hijos, la joven de 29 años de edad describe lo vivido como una auténtica película de terror.

“No hay palabras para expresar lo que sentí en ese momento ni durante mi rescate”, confesó.

Actualmente, se encuentra refugiada en casa de su hermana, en el sector La Montañita de Cabimas, enfocada en sanar sus heridas físicas y emocionales.

El momento del colapso

Aquel 24 de junio por la tarde, Vanessa conversaba en su habitación con sus compañeras de cuarto, también recién llegadas en el vuelo de repatriación, cuando la tierra comenzó a agitarse con una violencia tal que les impidió mantenerse en pie.

“Con otras muchachas logramos salir al pasillo, pero había demasiada gente acumulada. Empezó a caerse el techo, las paredes… y el piso se abrió. Ahí fue donde me resbalé, caí, y en ese instante me cayó todo encima”, relató.

 

“Todo ocurrió en cuestión de segundos. Solo pensé en mis hijos, en mi familia, y empecé a pedirle perdón a Dios”. En medio de la oscuridad y la asfixia, Vanessa escuchaba gritos desesperados de auxilio entre las ruinas.

“Pensé que no iba a poder salir, que los rescatistas no llegarían a tiempo. Al lado mío estaba una de mis amigas, tapada por los escombros. Ella me tenía la mano agarrada… y después no habló más, se quedó sin signos vitales. También había un muchacho al lado que falleció al instante”, narró con visible conmoción.

La mitad inferior de su cuerpo quedó aprisionada bajo pesadas estructuras de concreto. La providencial caída de una roca bloqueó el colapso directo de las paredes sobre su rostro, dejándole un espacio mínimo para poder respirar y resistir.

El rescate y el colapso hospitalario

Horas después del sismo, al caer la noche, las voces de los equipos de rescate rompieron el silencio de su encierro. Para liberarla, los rescatistas debieron cortar vigas de acero y perforar dos paredes de concreto que la mantenían inmóvil.

Tras ser rescatada, fue trasladada de urgencia en ambulancia, perdiendo el conocimiento durante el trayecto. El primer centro asistencial al que ingresó, en la zona de El Caribe, se encontraba desbordado por la magnitud de la catástrofe.

“Había tantos heridos que no había espacio; estábamos todos afuera, en el suelo”.

Al día siguiente, fue remitida al Hospital Vargas en Caracas, donde recibió atención médica especializada por politraumatismos en sus piernas y caderas.

Un retorno marcado por la dureza

La travesía de retorno de Vanessa comenzó meses antes de la catástrofe, librando una dura batalla legal en Estados Unidos para evitar ser separada de sus hijos, Brayan (7) y Lorena (5).

“Me dijeron que no podía traerlos porque mis niños son de nacionalidad colombiana. Nos trasladaron esposados de manos, caderas y piernas. Recibí maltratos durante el vuelo; nos halaban las cadenas, nos gritaban. Yo solo les pedía que me deportaran, pero junto con mis hijos”, relató con la voz entrecortada.

Al aterrizar en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía, el grupo de retornados fue conducido por funcionarios de seguridad hacia el Hotel Santuario La Llanada, en el estado La Guaira.

Según el relato de Andrew, la edificación no contaba con los servicios básicos indispensables: “No había agua, realmente el lugar no estaba en condiciones para ser habitable”. En el sitio les retuvieron la documentación con la instrucción de pernoctar allí hasta el día siguiente, cuando se gestionaría el traslado a sus estados de origen. Horas después de su ingreso, ocurrió el doble terremoto.

Un clamor desde Cabimas

Gracias al apoyo económico de su hermana y a la solidaridad de personas particulares, Vanessa pudo costear el pasaje terrestre para retornar el pasado viernes 3 de julio a la ciudad de Cabimas.

Hoy continúa su proceso de recuperación física en el sector La Montañita, aunque asegura que el golpe más duro es la distancia que la separa de sus pequeños, quienes quedaron bajo la custodia de su expareja en territorio estadounidense.

Ante esta situación, hizo un llamado público de apoyo a la presidenta encargada de la República de Venezuela, Delcy Rodríguez; a la representación de la Embajada Norteamericana, al gobernador Luis Caldera, al alcalde Frank Carreño y a las instituciones competentes para que la ayuden a canalizar el retorno de sus hijos.

De igual manera, solicitó apoyo para costear los insumos médicos de su tratamiento y la posibilidad de gestionar una vivienda digna que le permita iniciar de nuevo junto a su familia.

“Dios me dio una segunda oportunidad. Lo único que yo deseo ahora es recuperar a mis hijos, que me ayuden a que regresen a mi lado porque jamás me había separado de ellos”, imploró.

Finalmente, envió un mensaje de aliento a las familias que hoy atraviesan el luto y la pérdida de sus hogares en el país: “Sé que las palabras sobran en este momento. Solo le pido a Dios que les conceda mucha fortaleza y templanza para salir adelante de esta dura prueba”.

Perfil del viaje: El paso por el Darién

Vanessa Andrew residía previamente en Colombia, país donde nacieron sus dos hijos. En el año 2023, motivada por la búsqueda de mejores condiciones, decidió emprender la ruta por la selva del Darién con destino a los Estados Unidos.

A pesar de las extremas dificultades del trayecto junto a sus pequeños, logró ingresar a territorio norteamericano, donde permaneció casi tres años. Tras ser retenida por el ICE y pasar siete meses bajo custodia migratoria, fue deportada el pasado 24 de junio en el vuelo 164, un retorno truncado por la catástrofe natural de la que hoy se recupera en su natal Cabimas.


EL REGIONAL DEL ZULIA

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