El desarrollo de Ciudad Ojeda estuvo marcado por el auge petrolero que transformó profundamente su estructura social, económica y cultural. En medio de ese crecimiento vertiginoso, el sector educativo se convirtió en uno de los pilares fundamentales de la ciudad, consolidando instituciones que han dejado huella en generaciones enteras.
Las empresas transnacionales que se asentaron en la región no solo trajeron modernidad y empleo, sino también un compromiso con la formación de la población. Así, junto a liceos y escuelas públicas de prestigio, florecieron instituciones privadas y religiosas que enriquecieron el panorama educativo de la ciudad.

Foto/Raúl Arroyo Valera
Colegio San Agustín
En el corazón de Ciudad Ojeda se erige el Colegio San Agustín, fundado el 15 de noviembre de 1954 por los padres Agustinos con el respaldo del Obispo de Maracaibo, Monseñor José Rincón Bonilla. Inspirado en valores cristianos y en la búsqueda de la excelencia académica, esta institución ha formado a miles de jóvenes que se destacan en diversas áreas del conocimiento.
Más allá de su rol educativo, el San Agustín se ha convertido en un pilar de la comunidad de Lagunillas, con un compromiso constante hacia la innovación y la mejora continua, garantizando su vigencia como institución de referencia en la educación venezolana.

Foto/Raúl Arroyo
Unidad Educativa Privada Juan Bosco
Fundada en 1962 por los esposos Lourdes Viloria de Pérez y el profesor Jesús Pérez del Valle, el colegio Juan Bosco se convirtió en un referente de calidad y tradición. Hoy alberga a más de 800 estudiantes desde el nivel Inicial hasta la Media General, en instalaciones modernizadas que incluyen espacios únicos como una sala de cine, salón de los espejos, áreas de Robótica y un parque recreativo.
Bajo la dirección de la profesora Elizabeth de Medina desde 1996, y con una plantilla de más de 40 docentes, el colegio ha consolidado un lema que inspira a sus estudiantes: “Somos los mejores”, una fórmula que los impulsa a avanzar y prepararse para el futuro.

Foto/Raúl Arroyo Valera
Instituto Simón Bolívar y Colegio Juan XXIII – Fe y Alegría
La urbanización Tamare fue testigo del nacimiento de instituciones que aportaron luz y conocimiento a la zona. Entre ellas, el Instituto Simón Bolívar y el colegio Juan XXIII, perteneciente a Fe y Alegría.
Este último nació entre 1963 y 1964 gracias al esfuerzo de un grupo de personas que dedicaron su tiempo y voluntad a la población infantil. En 1965, las Hermanas de la Presentación de la Virgen Niña María de Granada se unieron a la misión, fortaleciendo la formación pastoral y los valores humanos-cristianos.
El colegio fue inaugurado oficialmente el 20 de febrero de 1965 con la presencia del fundador de Fe y Alegría, Padre José María Vélaz, y desde entonces ha mantenido un firme compromiso con la educación inclusiva. Actualmente cuenta con una matrícula de 1.018 alumnos provenientes de la Urbanización Libertad y sus alrededores, y sostiene la visión de construir una sociedad donde todas las personas tengan acceso a la educación, la dignidad y la igualdad.

Foto/Raúl Arroyo Valera
Mientras que el Instituto Simón Bolívar se funda el 28 de noviembre de 1973, cuando un grupo integrado por 9 matrimonios de la zona, vieron la necesidad de constituir una institución donde sus hijos pudieran recibir educación de calidad, logrando su ceración con el objetivo de contribuir al desarrollo educativo, cultural y social de la Región, y en lo que era para ese entonces el Distrito Bolívar.

Foto/Raúl Arroyo Valera
Centro Educativo Internacional Las Morochas
El petróleo trajo consigo muchas historias al Zulia, que trascendieron y fueron ejemplo de constancia y entrega de personajes que creyeron y se dispusieron a dar pasos que fomentaron el futuro de muchas personas, tal fue el caso de Carolyn Talbott, quién decidió hacer todo lo posible por lograr la construcción de una escuela bilingüe en el sector ‘Las Morochas’, del Municipio Lagunillas.
El sueño de Carolyn Talbott se convirtió en realidad en 1971, con la fundación de la “Escuela Las Morochas”, la cual cambiaría su nombre a Centro Educativo Las Morochas (CELM) para el año escolar 2019-2020 debido a su registro en el Ministerio del Poder Popular Para la Educación.
El auge educativo de Ciudad Ojeda es reflejo de su historia de progreso y de la vocación de servicio de quienes apostaron por sembrar conocimiento en medio de una ciudad en expansión. Cada institución, con su identidad y misión, ha contribuido a forjar generaciones de ciudadanos preparados para enfrentar los retos del futuro, consolidando a Ciudad Ojeda como un epicentro de formación y esperanza en el occidente venezolano.
