Silencio que pesa: el costo emocional de callar en Venezuela

La obligación de guardar silencio ante el malestar no es solo una estrategia de supervivencia: es una forma de represión emocional. “No podemos quejarnos porque puede costarnos caro”, repiten muchos venezolanos afectados por esta situación.

por Noris Hernández

Salud.-“Es que no puedo con mi alma”. La frase, repetida en susurros o entre lágrimas, se ha convertido en un mantra silencioso para miles de venezolanos que, día tras día, cargan con una fatiga que no es solo física, sino emocional. Un agotamiento que cala hasta los huesos, alimentado por la presión de no poder decir lo que realmente les duele.

En un país donde la crisis se ha vuelto rutina, la salud mental se ha convertido en una víctima invisible, como resultado el venezolano lleva años atravesando situaciones difíciles que no puede gritar y que lo obliga a guardar silencio.

Según el informe PsicoData 2024, nueve de cada diez venezolanos presentan algún grado de vulnerabilidad emocional. Ansiedad, depresión, miedo y desconfianza son parte del paisaje interno de una población que ha aprendido a sobrevivir, pero no necesariamente a sanar.

El peso de callar

La obligación de guardar silencio ante el malestar no es solo una estrategia de supervivencia: es una forma de represión emocional. “No podemos quejarnos porque puede costarnos caro”, repiten muchos venezolanos afectados por esta situación. “Si estás mal, lo mejor es hacer como si nada. Pero eso te va matando por dentro”.

Este silencio impuesto genera una carga emocional que se vuelve insoportable. La falta de espacios seguros para expresar el dolor, el miedo o la frustración convierte al cuerpo en un contenedor de angustias no procesadas. Y cuando el desahogo no es posible, el colapso se vuelve inminente.

Periodistas: entre la verdad y el desgaste

Para los periodistas, el dilema es aún más cruel. Su oficio exige visibilizar lo que otros callan, pero hacerlo puede implicar riesgos personales y profesionales. “Contar la verdad en Venezuela es como caminar sobre cristales”, comenta un reportero que prefiere no revelar su nombre. “Uno ve cosas que duelen, que indignan, pero tiene que narrarlas con cuidado, con filtros. Eso genera un burnout constante (Síndrome de desgaste profesional, es un estado de agotamiento físico, emocional y mental causado por el estrés crónico, principalmente en el ámbito laboral)”.

La angustia de tener que “hacer como si nada” mientras se documenta la realidad es una forma de desgaste emocional que no siempre se reconoce. El periodista no solo informa: también absorbe el dolor ajeno, lo traduce, lo publica… y luego lo guarda.

Explicaba María Laura García en su programa A Tu Salud, que la dificultad para expresarse y tener estabilidad emocional para el venezolano se ha globalizado. “El venezolano que antes decía: me voy a cualquier lado; ahora se encuentra con un mundo con sus propios problemas y en el cual en muchas partes ya no nos quieren, donde migrar ya no es una solución tan fácil. Lejos de ser un paraíso o de que todo se haya arreglado, nuestro día a día sigue exigiendo una sobre trabajo brutal».

Para García ese cúmulo de problemas lo que hace olvidar poner en práctica todo lo que se sabe es válido y útil para vivir con salud y calidad de vida.

Fragmentación emocional

La investigadora Celibeth Guarín, de la Universidad Católica Andrés Bello, advierte que la desconfianza generalizada ha fragmentado el tejido social venezolano. “Cada quien actúa bajo la lógica del ‘sálvese quien pueda’”, señala. Esta atomización emocional impide la construcción de redes de apoyo, lo que agrava el aislamiento y la vulnerabilidad.

Guarín señaló que el estrés económico es el principal factor de tensión para la población, afectando al 47% de los encuestados, seguido por los problemas de salud personal.

Advirtió que las dificultades económicas, la crisis política y social, la falta de confianza y la ruptura del tejido social y familiar hace que el individuo sea más impulsivo, se sienta más desesperanzado, presente síntomas de ansiedad o depresión y, en muchos casos, comience a naturalizar el sufrimiento psicológico.

A pesar del panorama, hay signos de resiliencia. Iniciativas como la Psicolínea UCAB y el psicomapa de servicios gratuitos buscan ofrecer primeros auxilios emocionales a quienes no pueden pagar terapia. Pero el reto sigue siendo estructural: sin políticas públicas que reconozcan la salud mental como prioridad, el silencio seguirá siendo la norma.

El Regional del Zulia

Fotos/WEB

Fuente/Correo del Caroní

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