CARACAS.-La tierra no ha dejado de moverse en la región central de Venezuela, desatando olas de pánico, pero la vida se ha plantado con fuerza frente a la tragedia. A 72 horas de los devastadores sismos, de magnitudes 7.5 y 7.2 que golpeó a varios estados peri con mayor fuerza a la Gran Caracas, el pasado miércoles 24 de junio, la esperanza cobró forma este sábado 27 de junio.
En medio del colapso provocado por una nueva y potente réplica de magnitud 5.5, con epicentro en el mar Caribe a 38 kilómetros de La Guaira, equipos internacionales de rescate lograron concretar múltiples y milagrosos salvamentos en caliente, extrayendo con vida a varios niños y adultos que permanecían atrapados bajo toneladas de concreto.
Las operaciones de salvamento, coordinadas estrechamente entre el Ejecutivo nacional, Estados Unidos y la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), liderada en el país por Gianluca Rampolla, han entrado en su fase más crítica e intensa.
En los perímetros de desastre de la Gran Caracas y del litoral central, la atmósfera se quiebra a cada instante entre la angustia desgarradora de quienes esperan noticias de sus seres queridos y la alegría desbordante, sellada con lágrimas y aplausos espontáneos, cada vez que una camilla emerge de los escombros con una señal de vida.
17 naciones en los escombros
El despliegue de ayuda internacional se está ejecutando palmo a palmo en las zonas con mayores colapsos estructurales. Un contingente de especialistas de 17 países se encuentra desplegado en las áreas más golpeadas, incluyendo las urbanizaciones Altamira y Los Palos Grandes en el norte de la capital.
Fuerzas de choque de los equipos de Búsqueda y Rescate Urbano (USAR) trabajan sin descanso en turnos rotativos de 24 horas.
Entre ellos destacan las brigadas de élite norteamericanas de Fairfax (Virginia), Los Ángeles y Miami-Dade, que junto a expertos rescatistas de México, El Salvador, Colombia, Ecuador, Países Bajos y Suiza, desafían la inestabilidad de las réplicas para buscar sobrevivientes.
El trabajo de estos especialistas, apoyado por unidades caninas altamente entrenadas, tecnología de escucha biológica y cámaras térmicas, exige periodos de «silencio absoluto» en las calles, un instante de extrema tensión donde familiares y rescatistas contienen el aliento aguardando el más mínimo latido o quejido bajo las placas caídas.
Cielos activos
Mientras los milagros se obran en el suelo, el espacio aéreo de la región central registra un despliegue operativo sin precedentes que mantiene a la ciudadanía expectante.
Los cielos son surcados de manera constante por aviones C-17 Globemaster de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, encargados del desembarco masivo de hospitales de campaña, suministros de trauma y equipos pesados de remoción.
A este puente aéreo se suman las aeronaves de despegue vertical MV-22 Osprey, las cuales realizan constantes misiones de reconocimiento técnico sobre infraestructuras agrietadas y garantizan la evacuación médica de emergencia.
Este soporte en tierra y aire se complementa desde el mar con la presencia de los buques USS Fort Lauderdale y USS Billings, activos en aguas internacionales frente a las costas venezolanas como plataformas logísticas flotantes.
Balance de la emergencia y fondos de auxilio
Aunque las historias de éxito de este sábado inyectan una luz de fe, el panorama general sigue siendo sumamente grave.
El balance oficial actualizado de la catástrofe ya supera los 1.430 fallecidos y reporta más de 3.360 heridos hospitalizados, mientras la ONU mantiene la alerta por miles de desaparecidos de los que aún no se tiene rastro.
Para sostener la gigantesca operación humanitaria, la comunidad internacional ha comenzado a liberar recursos financieros de emergencia. La administración estadounidense confirmó la canalización inmediata de 150 millones de dólares para la contingencia, destinando 100 millones de forma directa al fondo especial de la OCHA y los 50 millones restantes a la asistencia humanitaria de primera necesidad, como alimentos, agua potable y sistemas de refugio temporal para los miles de damnificados.
Ante la persistencia de las réplicas, las autoridades de Protección Civil han reiterado el llamado a mantener la calma, recordando que estos movimientos secundarios son comunes tras eventos de gran magnitud, al tiempo que instan a la población a mantenerse informada exclusivamente por medios de comunicación formales para evitar que la angustia social sea alimentada por rumores falsos.
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Por @elregionaldelzulia





