Nacional.- Hace apenas una década, Chile era visto por miles de venezolanos como un refugio de estabilidad, oportunidades y respeto. La palabra “solidaridad” marcaba el tono de bienvenida en sus regiones. Sin embargo, ese gesto humanitario ha ido mutando con el paso del tiempo.
Hoy, muchos migrantes venezolanos en Chile enfrentan un clima hostil, marcado por la sospecha, el miedo y, en algunos casos, el odio abierto. Es así como el país austral da paso libre a la xenofobia contra la población venezolano que busca refugio en su territorio.
Todo comenzó con frases como: “No todos los venezolanos son delincuentes, pero muchos delincuentes ahora son venezolanos”. Frases que no explican nada, pero estigmatizan todo. Y que sirven para despolitizar la causa del éxodo y convertir al migrante en amenaza.
De la esperanza al prejuicio
Miles de venezolanos residen actualmente en Chile. La mayoría llegó entre 2016 y 2021, huyendo de la crisis económica y política en su país. Aunque muchos lograron insertarse en el mercado laboral formal, otros lo hicieron en condiciones precarias, sin documentación ni acceso a servicios básicos.
Un estudio de Activa Research reveló que el 85,2% de los chilenos expresa distancia social hacia los venezolanos, en comparación con el 55,2% en 2019. Esta cifra los convierte en la nacionalidad más rechazada del país.

El papel de los medios y redes sociales
La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y la Universidad Carlos III de Madrid alertaron que 57,7% de las publicaciones en redes sociales originadas en Chile transmiten percepciones negativas sobre migrantes, especialmente venezolanos. Lo más alarmante: no son bots quienes propagan el odio, sino personas reales, muchas con cuentas verificadas y alto alcance.
Las etiquetas como “#urgente” y “#alerta” se han vuelto comunes en publicaciones sobre migrantes, generando una narrativa de emergencia y amenaza.
Grandes titulares sin contexto, notas policiales donde la palabra “venezolano” solo aparece cuando hay crimen, no cuando hay trabajo, estudio o aporte, atizaron un rechazo irracional y cruel contra los venezolanos.
El estudio también identifica a los medios de comunicación como actores que contribuyen al ecosistema del odio digital.
Titulares con connotaciones racistas, coberturas sesgadas u omisiones sistemáticas de las voces de personas refugiadas o migrantes, en temas que las afectan directamente, refuerzan percepciones negativas y sentimientos de exclusión.
Esa representación incompleta no solo desinforma, sino que legitima discursos que dificultan la convivencia y la integración.

Hay que aceptar la realidad
Camilo Herrera, especialista chileno y, director Ejecutivo de la Corporación 3xi, indicaba en un programa televisivo, que el 8 por ciento de la población austral es migrante, explicando que hay comunas en Chile donde el 50 por ciento de su población son extranjeros, sumando a esto que el 50 por ciento de la migración chilena es venezolana, donde 1 millón 300 de ellos están pidiendo residencia. “Esto nos dice que esos venezolanos quieren quedarse en Chile, esa es la realidad”, dijo.
Sostiene Herrera que los chilenos tienen que aprender que existe esa nueva realidad en el país, y aprender a convivir con ella. “Hay que bajarle el volumen al parlante y aprender a cómo ser más tolerantes”.
Para el especialista es más fácil tocar una tecla visceral y estigmatizar a los migrantes etiquetándole sus problemas: prostitución, delincuencia, crimen organizado, falta de empleo. “Los deshumanizan para tener a alguien como la gran causa de sus problemas”
“Si preguntamos a un chileno qué opinión tiene de un migrante dice: problemas, un desastre, no aportan al país, son delincuentes. Pero si les preguntas si conocen un migrante dicen sí: el que cuida a mi papa, quien trabaja en mi restaurante, los compañeros de mis hijos en el colegio, y con todos tengo buenas relaciones. Toda una contradicción que no refleja la realidad del fenómeno que se está enfrentando”, destacó..
Herrera hace un llamado a mirar de cerca este fenómeno, y entender que sí son capaces de construir buenas relaciones con ellos, que los migrantes vienen a aportar al país. Que los problemas de delincuencia están ahí y estaban antes. Que hay países que no tienen miles de migrantes, pero tienen a miembros del Tren de Aragua adentro.
“Los chilenos tienen que entender que estamos frente a fenómenos separados”, acotó Camilo Herrera.

Del miedo al estigma
El aumento de la criminalidad en zonas del norte del país ha sido atribuido por algunos sectores a bandas internacionales como el Tren de Aragua, lo que ha alimentado el estigma hacia toda la comunidad venezolana.
Se militarizó el norte, se usaron expulsiones como espectáculo, y se culpó al migrante de todo lo que el Estado no quiso o no supo resolver.
Encuestas recientes indican que 63,4% de los chilenos asocia la inmigración con el aumento de la delincuencia, pese a que la mayoría de los migrantes vive y trabaja de forma honesta.
Para muchos el odio es más fácil que la empatía. Porque es más cómodo culpar al que llega que cuestionar al que expulsa.
Historias que duelen
Yolvin Primera, venezolano con 11 años en Chile, ha sido víctima de agresiones físicas y comentarios discriminatorios. “Me dijeron ‘ándate a tu país, extranjero’ mientras rayaban mi carro con un destornillador”, relató en una entrevista. Su caso no es aislado. En redes sociales circulan decenas de testimonios similares, algunos incluso con agresiones físicas.
El resultado de este rechazo orquestado con sevicia, es un país que olvidó que también fue de migrantes. Que convirtió la migración en presunción de culpa. Y que ahora debate si quitar el derecho al voto a los extranjeros —como proponen voces del oficialismo y sectores conservadores— no porque voten mal, sino porque incomodan.

¿Qué deben saber los migrantes para defenderse de la discriminación en Chile?
Los migrantes están amparados por diversos instrumentos legales internacionales y por la legislación local de cada país de acogida. Estos marcos normativos no solo establecen deberes, sino también derechos que deben garantizarse en defensa de las personas extranjeras, sin importar su condición, origen o etnia.
Sin embargo, en naciones como Chile, casos vinculados a la xenofobia y la discriminación han generado amplio debate público y la reacción de organizaciones defensoras de migrantes y profesionales del derecho.
Braulio Jatar, abogado chileno-venezolano, presidente de ILC Legal y socio del estudio jurídico TC Abogados Chile, ha brindado apoyo legal en distintos procesos que han alcanzado notoriedad pública. Entre ellos destacan la agresión sufrida por un taxista venezolano, en noviembre de 2024, a manos de una pasajera y el caso de Yaidy Gandica, también venezolana, asesinada en junio durante una discusión en una celebración del Día del Padre.
Según Jatar, en Chile se han implementado “políticas restrictivas” hacia los migrantes que, a su juicio, han derivado en “numerosas injusticias” contra esta comunidad. Dicha situación, agrega, también ha abierto espacios para la defensa judicial de los derechos de los migrantes en el país.
El abogado mencionó que en temas relacionados a discriminación, el país sureño cuenta con la Ley N° 20.609, conocida como Ley Zamudio, que previene y sanciona la discriminación arbitraria.
Dónde y cómo denunciar
De acuerdo con Jatar, cada caso puede ser denunciado ante las instituciones correspondientes. Entre los organismos a los que pueden acudir las víctimas se encuentran los Juzgados de Policía Local (en conflictos vecinales), los Juzgados de Garantía o Tribunales Orales en lo Penal (cuando se trata de un delito) y los Juzgados Civiles de primera instancia (para la aplicación de la Ley Zamudio).

¿Hay esperanza?
A pesar del clima adverso, el estudio de ACNUR destaca que los jóvenes chilenos son menos propensos a tener prejuicios y valoran la diversidad. Este grupo se perfila como un actor clave para revertir las narrativas de odio y promover una convivencia más inclusiva.
La migración venezolana no es una invasión, sino una consecuencia de una tragedia social. Son familias que buscan sobrevivir, jóvenes que sueñan con estudiar, madres que quieren alimentar a sus hijos. La xenofobia no solo hiere a quienes la sufren, también empobrece moralmente a las sociedades que la permiten.
Pero no todo Chile odia. Algunos lo permiten. Otros lo justifican. Y muchos simplemente callan. La xenofobia no se construye sola. Tiene voceros, micrófonos, pantallas. Tiene cómplices. Y también tiene consecuencias.
Chile, como país de acogida, tiene la oportunidad de recuperar el espíritu solidario que alguna vez lo definió. Porque detrás de cada migrante hay una historia de lucha, y detrás de cada acto de rechazo, una oportunidad perdida de humanidad.
La migración venezolana no es una amenaza. Es una consecuencia. Lo que necesita no es represión ni estigma. Es memoria, ética y coherencia. Porque en un continente de migrantes, nadie debería ser ilegal. Y si sembramos odio hoy, mañana recogeremos ruinas.