Nacional.- Cada día, a lo largo de la carretera Troncal 1 del estado Táchira, se repite una escena que se ha vuelto parte del paisaje desde que comenzó el éxodo venezolano, y que hasta ahora ha sido indetenible: decenas de caminantes con mochilas al hombro, van rumbo a la frontera con Colombia, en busca de un futuro más digno.
Sin recursos para costear transporte, alimentación o alojamiento, muchos dependen de la solidaridad de desconocidos para sobrevivir el trayecto.
Este grupo de venezolanos parece no prestar atención a los cientos de compatriotas que llegan en vuelos humanitarios desde varios puntos del hemisferio, deportados o autodeportados por no encontrar en el camino el objetivo de sobrevivencia propuesto.
Una carretera convertida en corredor migratorio
La Troncal 1, que conecta San Cristóbal con el Puente Internacional Simón Bolívar en San Antonio del Táchira, sigue siendo una vía de escape para quienes huyen de la crisis económica, la falta de empleo y el deterioro de los servicios básicos.
Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), entre 100 y 150 personas cruzan diariamente la frontera del Táchira hacia el Norte de Santander en Colombia.
Los migrantes, conocidos como “caminantes”, suelen pedir apoyo en estaciones de servicio, paradas de autobús y comercios. Solicitan agua, comida, transporte o un lugar donde dormir. Muchos son familias con niños pequeños, adultos mayores o jóvenes que abandonan sus estudios, según ellos, por falta de oportunidades.

¿Por qué se van?
Lo preocupante de esta situación que se observa a lo largo de la carretera Troncal 1 que conduce hacia la frontera colombiana, es que cada día pareciera incrementarse la cantidad de venezolanos que emigra caminando, pidiendo apoyo para el traslado, alimentación y hospedaje, por falta de dinero para cubrir esos gastos.
Las razones son múltiples y persistentes: desempleo, inflación, inseguridad alimentaria, falta de medicamentos y el deseo de reunirse con familiares en el extranjero. Aunque algunos migrantes han intentado llegar a Estados Unidos, las recientes restricciones migratorias han provocado un aumento en los retornos, pero también han intensificado el flujo hacia países vecinos como Colombia, Brasil, Chile y Perú.
El trayecto por la Troncal 1 no está exento de peligros. Los caminantes enfrentan climas extremos, robos, explotación y abusos. Organizaciones humanitarias como Cáritas y la Cruz Roja han instalado puntos de atención, pero los recursos son limitados y la demanda crece cada semana.

Manuel Bolívar, nativo de Maracay, forma parte de un grupo de más de diez caminantes.
Voces en la carretera
Manuel Bolívar es apenas un joven de 21 años, nativo de Maracay, quien forma parte de un grupo de más de diez caminantes, entre adultos y niños, proveniente de diferentes estados de Venezuela que optó por migrar del país en busca de mejores oportunidades en otras naciones.
Manuel fue el vocero de este grupo en un reporte publicado en redes sociales por el portal web Táchira Noticias, donde con un rostro de incertidumbre dijo que se dirigía hacia la ciudad de Medellín en busca de una mejor vida, pero agradece que va con Dios, y es Él quien le permita encontrar una familia en el camino integrada por quienes lo acompañan en su travesía, y que la comida no les haya faltado.
“Dios siempre nos bendice…vamos es pa’lante, para Colombia. Somos desconocidos, nos hemos encontrado juntos y somos una familia y entre todos nos ayudamos”, manifestó el joven al destacar el apoyo mutuo que hay entre el grupo de emigrantes.
“Salí de Barquisimeto con mi esposa y mis dos hijos. No tenemos dinero, pero no podíamos seguir viviendo allá. Aquí nos han dado pan, agua y hasta nos ofrecieron llevarnos un tramo en camión”, cuenta otro migrante que lleva cinco días caminando.
La Troncal 1 se ha convertido en una arteria del éxodo venezolano, donde cada paso refleja la desesperación, la esperanza y la resiliencia de quienes buscan reconstruir sus vidas más allá de la frontera.