Un niño valiente: “El único que sobrevivió fui yo, mi mamá dejó de respirar ayer a las 7 y 30”

Detrás de cada cifra de este devastador sismo que ha sacudido a nuestro país, hay un nombre, un rostro y una historia que nos parte el alma, pero que al mismo tiempo nos devuelve la esperanza en la humanidad.

por Noris Hernández

NACIONAL.– Como si vivir la pesadilla de quedar atrapado bajo los escombros junto a su madre, fuese casi nada, un niño valiente que representa a los centenares de niños venezolanos que han logrado sobrevivir a una tragedia sobrevenida que los tomó por sorpresa, pero que no fue suficiente para quebrantarlos; dijo con firmeza a los rescatistas que le preguntaban por sus padres: “El único que sobrevivió a ese derrumbe fui yo, mi mamá no está viva, dejó de respirar ayer a las 7 y 30”.

 

La respuesta de este pequeño venezolano (Mateo Alejandro Masirubí Carvajal), de aproximadamente siete años de edad, sentado en una camilla improvisada en el suelo y con una de sus piernas inmovilizada por las heridas sufridas; deja claro al mundo el inquebrantable espíritu del venezolano que sabe enfrentar con entereza, desde muy pequeño, la crudeza de una tragedia como la provocada por estos terremotos que sacudieron al país, y que dejaron una estela de edificios destruidos y cientos de familias ahogadas en el dolor de haberlo perdido todo.

 

Las declaraciones de Mateo se hicieron virales en todas las plataformas digitales, y hoy no dejan de asombrar sus palabras, porque a pesar de que representan su fuerza interna también dejan entrever el pesar de saberse ahora solo sin sus padres, pero con la fortuna de estar vivo para ser un testimonio de fe y de que el aliento de muchos venezolanos no lo desvanece el infortunio de las toneladas de concreto y polvo que intentaron sepultar sus cuerpos.

 

Los niños en medio de la tragedia no han dejado de dar muestras de su fuerza física y espiritual, como la imagen del padre que aferra a su hijo a su pecho mientras esperan ser rescatados, y rompe en llanto de agradecimiento a quienes no escatiman esfuerzos para sacarlo de entre los escombros, y se escucha la voz de su pequeño darle ánimos: “No llores papá”.

Una solidaridad que apacigua la tragedia

Son imágenes y audios desgarradores, pero la solidaridad de la ciudadanía opaca ese dolor cuando se ven hombres de distintas edades arriesgar sus propias vidas para colarse entre las peligrosas ruinas y dar la mano a un hermano para impulsarlo hacia la vida, hacia al socorro, hacia la oportunidad de contar la historia de que fueron sepultados bajo trozos de paredes, pero jamás se permitieron dejar de respira.

 

En hospitales y centros de atención, médicos, rescatistas y voluntarios trabajan no solo para salvar vidas, sino también para brindar consuelo a menores como Mateo, que, en cuestión de segundos, quedaron huérfanos o separados de sus seres queridos. Las escenas de pequeños abrazando a quienes los rescataron han conmovido al país y al mundo.

Hoy Venezuela enfrenta una emergencia humanitaria que va mucho más allá de los daños materiales. Detrás de cada cifra hay una historia, una familia rota y un niño como este, valiente, que necesitará apoyo para reconstruir su vida.

Que la solidaridad siga llegando a quienes más la necesitan. Cada ayuda, cada donación y cada oración cuentan en este momento tan difícil.

 

EL REGIONAL DEL ZULIA

NORIS MARÍA HERNÁNDEZ

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