NACIONAL.- Caer de espaldas al vacío desde un octavo piso, abrazada a su hijo de apenas 18 días de nacido y temer que su columna estaba rota tras el impacto, es el inicio de la pesadilla que vivió Dayana Patiño. Sin embargo, lo que pudo ser un final trágico se transformó en un testimonio de fe: tras 32 horas atrapada bajo los escombros en La Guaira, fue rescatada junto a su pequeño, Juan David, casi ilesos, después de los terremotos que azotaron siete estados de Venezuela el pasado 24 de junio.
El testimonio de vida de Dayana es realmente conmovedor y lleno de fe, cuando confiesa que renegó. «Le reclamé a Dios, preguntándole por qué, si era una buena madre y esposa, debía vivir algo así». No obstante, la respuesta a su duelo llegó de la forma más insólita: «Sentí algo blando en mi cadera; al tocarlo, me di cuenta de que era una Biblia. Al palpar a mi hijo y sentir su respiración, supe que ambos íbamos a vivir».
Lo ocurrido a esta familia está rodeado de mística, al ocurrir un 24 de junio día de San Juan Bautista, el santo de Juan David. Al nombre de Juan David también se le suma aquel David creyente de Dios que confió en Él para vencer al Goliat que amenazaba a su pueblo.

Dayana cuenta lo ocurrido a los medios
“Yo me mantuve siempre alerta por mi bebé”, afirma la agradecida madre para la cadena de noticias CNN.
También indicó que cuando el primer sismo sacudió el edificio, acababa de llegar a su casa luego de un paseo con su perra. “Dejé a mi bebé en la mecedora sobre la mesa para ponerme a limpiar y, en ese momento, sentí el primer temblor. Primero asumo que iba a pasar y ya, luego salí corriendo, agarré a mi bebé y me senté a esperar que pasara”. En segundos el balcón de su vivienda se desplomó. Vio cómo su perra desaparecía y luego sintió su caída al vacío. “Entré como en una especie de fosa, que fue donde quedé incrustada. Era un mueble de mi casa, el mueble del televisor”, cuenta, agregando que no recuerda mas nada hasta que se percató que tenía a su bebé junto a ella, sobre el pecho.
Juan David quedó de espaldas sobre su madre y eso no le permitió alimentarlo durante esas largas horas hasta el rescate.
Su esposo Gerson Trujillo no estaba en casa al momento del evento sísmico: “Apenas iba ingresando al edificio por lo que logré salir antes del derrumbe, luego solo me quedó ver frente a mí el devastado edificio donde estaba mi familia”. Desesperado junto a familiares y algunos de sus vecinos, trataba de ubicar a su esposa y a su hijo. “Comenzamos a buscar en los escombros, pero ya era de noche, no había luz, nadie que alumbrara. Solo éramos nosotros con la lámpara de los teléfonos”.

Un milagro entre ruinas
Dayana fue localizada y rescatada. Primero salió Juan David sin un rasguño, luego su mamá, la escena fue documentada en varios vídeos que fueron colgados en las Redes Sociales. La heroica mamá, que ya fue dada de alta médica, solo tiene sus piernas inmovilizadas por fractura de ligamentos y meniscos que sufrió. Lesiones que durante su rescate llevaron a pensar en amputar una de sus piernas para poder lograr sacarla, y que fue descartada esa medida a petición de uno de sus hermanos, ahora se recupera satisfactoriamente y será operada en las próximas semanas.
Hoy esa mamá agradecida declara desde una cama de hospital los momentos de angustia que vivió luego del colapso de la estructura, refiriendo que en medio del polvo, los escombros, sus heridas y la incertidumbre, decidió darle la gloria a Dios por haber preservado su vida y la de su pequeño bebé.
Su historia se ha convertido en un testimonio de fe en medio de una noticia marcada por el dolor. Mientras muchos intentan explicar cómo logró sobrevivir, ella no dudó en reconocer la mano de Dios en su rescate.
Este testimonio nos recuerda que, aun en los momentos más oscuros, la fe puede levantarse como una luz. No siempre entendemos por qué ocurren las tragedias, pero cuando una vida es preservada, cuando una madre y su bebé salen con vida de los escombros, el corazón no puede permanecer indiferente.
Como cita el Salmo 91:15: “Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia”. El caso de Dayana y Juan David es, para muchos, la prueba de que, incluso en las ruinas más profundas, la fe es capaz de sostener la vida.