Nacional.- Venezuela ya no es la misma de hace cien años, al menos no en sus termómetros. Según datos de la Red Global de Climatología Histórica (GHCN), gestionada por la NOAA de Estados Unidos, el país ha experimentado un incremento de +1,8 °C en su temperatura promedio durante el último siglo.
Esta cifra no es solo una estadística meteorológica; es una señal de alarma que pone en jaque la seguridad alimentaria y el futuro económico de la nación.
El ingeniero forestal y consultor ambiental Álvaro Zambrano, profesor de la UCLA, ha analizado mensualmente estos registros, concluyendo que este aumento supera cualquier variabilidad natural. Los culpables son conocidos: la industrialización, las emisiones de CO2 de la actividad petrolera y química, la aviación, la deforestación y una urbanización desmedida que ha devorado los paisajes naturales.
“Este resultado alinea a Venezuela con el patrón de calentamiento global”, advirtió Zambrano durante un reciente foro estratégico. El impacto no se limita al sudor en las ciudades; se traduce en un déficit hídrico y la pérdida de ecosistemas vitales.
La crisis en el surco: Agricultura bajo estrés
El cambio climático ha vuelto los calendarios de siembra y cosecha «impredecibles». Cultivos sensibles al calor, como el café de altura y diversos cereales, están viendo reducida su productividad.
Los principales efectos identificados son:
Alteración fenológica: Los ciclos de los cultivos cambian, afectando el rendimiento final.
Estrés hídrico: Las zonas semiáridas requieren ahora un riego más intensivo, volviéndose insostenibles.
Plagas y bacterias: El calor favorece la proliferación de enfermedades que atacan tanto la siembra como la cosecha.
La ganadería en jaque: Menos leche y carne
El sector pecuario no es ajeno a esta emergencia. El aumento de la temperatura corporal en los bovinos genera estrés térmico, lo que provoca que los animales consuman menos alimento. ¿El resultado? Una caída drástica en la producción de leche y carne.
Además, el informe destaca un impacto silencioso pero devastador: el ciclo reproductivo. Los cambios hormonales derivados del calor están disminuyendo la fertilidad en vacas y aves, comprometiendo la reposición de los rebaños y la estabilidad del mercado de proteínas.
Con el 2026 planteando retos climáticos inéditos, la investigación de Zambrano concluye que la seguridad alimentaria de Venezuela depende de estrategias urgentes. Sin una adaptación tecnológica y una gestión sostenible de los recursos forestales y ambientales, el plato de comida de los venezolanos seguirá estando a merced de un termómetro que no deja de subir.
El Regional del Zulia
Fuente/La Prensa de Lara
Fotos/WEB