CARACAS/NACIONAL.- Mientras las labores de rescate continúan en las zonas afectadas por los eventos sísmicos en el litoral central, ha surgido una luz de solidaridad que intenta mitigar el dolor de los damnificados: se trata del voluntariado en La Guaira.
Allí se encuentra Darwin Graterol, un hombre de 49 años con 15 años de residencia en Caracas y oriundo de Bachaquero del municipio Valmore Rodríguez del estado Zulia, quien se ha convertido en una pieza clave de este despliegue de ayuda humanitaria espontánea.

Darwin Graterol no dudó en ayudar a las familias afectadas por los sismos en La Guaira. (Foto:Cortesía).
La historia de Graterol comenzó con una urgencia personal: el deseo de rescatar a su tía tras conocer la magnitud del desastre en La Guaira; “bajé de Caracas para salvar a mi tía que vivía en uno de los edificios colapsados”.
Sin embargo, lo que inició como una búsqueda familiar se transformó en una vocación de servicio tras un momento decisivo.
“Fui a buscarla y la encontré viva, pero al ver la magnitud de lo sucedido me quedé ayudando a sacar a un niño y sus hermanos. Ese sentimiento, al ver a ese pequeño vivo, fue lo que me impulsó a seguir bajando a La Guaira para ver en qué podía servir”, relató muy conmovido y sentirse muy orgulloso de formar parte del Voluntariado en La Guaira.

junto a un grupo de amigos, Graterol llevó alimentos a las personas que perdieron sus viviendas en La Guaira. (Foto: Cortesía).
Al comprender la gravedad de la situación, Darwin identificó una serie de necesidades que requerían acciones inmediatas.
“El segundo día me di cuenta de que faltaba mucha agua y comida. Junto a mis vecinos decidimos preparar 400 arepas y las repartimos, acompañadas de 40 bultos de agua que unos jóvenes me financiaron”, explica sobre sus primeras labores logísticas en medio de un escenario desolador.
Esta labor, que comenzó de forma individual, ha cobrado fuerza colectiva.
Un grupo de muchachos y sus sobrinas se han sumado a la causa, gestionando recursos para la adquisición de pañales, hidratación y frutas.
“No estoy solo, gracias a Dios, cada día se unen más personas”, añadió Graterol.

Darwin Graterol ha sido una de las personas que se sumó al voluntariado en La Guaira desde las primeras horas del desastre. (Foto: Cortesía).
Actualmente, el escenario en el litoral es desolador. Tras haber estado inmerso en la zona de desastre, Graterol describe un ambiente crítico.
“La Guaira ha sido golpeada muy fuertemente, está destrozada. De hecho, la zona donde estábamos trabajando ya ha sido declarada zona muerta”, relató el voluntario para El Regional del Zulia.
Más allá de la logística y el esfuerzo físico, esta experiencia ha marcado un antes y un después en la visión del mundo de Darwin.
“Esto me ha enseñado mucho, sobre todo a valorar la vida. Dios nos ha permitido seguir viviendo y tenemos que darle un propósito claro a esa oportunidad”, reflexionó.
La catástrofe pone a prueba la resistencia, pero también revela la inmensa capacidad del ser humano para la empatía.
APLAUSOS PARA EL VOLUNTARIADO EN LA GUAIRA




La verdadera labor humanitaria no reside sólo en lo que se entrega, sino en la convicción de que, mientras exista un prójimo al cual ayudar, el camino hacia la recuperación siempre estará abierto.
Raúl Arroyo Valera / @ARROYORAUL30
Foto: Cortesía para ERZ