WALDINA

POR: EUGENIO MONTORO

Este 18 de noviembre de 2022, día de la Chinita, murió en Maracaibo, nuestra delegada de Gente del Petróleo y entrañable amiga Waldina Sánchez de Urribarri. Van estas líneas como cariñoso homenaje a su persona y de agradecimiento a sus muchos aportes.

Waldina nació en 1955 en Santa Ana de Trujillo en el municipio Pampán. Un pueblo pequeñito y de cordillera que se hizo famoso por la regularización de la guerra en 1820 entre Simón Bolívar y Pablo Morillo.

Sus muchas ganas de estudiar la llevaron a la Universidad del Zulia (creo que con una beca de la Fundación Ayacucho) y allí sucederían dos cosas fundamentales para su vida, una es que se graduó en Ingeniería química y, la otra, es que, además, se graduó junto a Waldo Urribarri quien luego sería su esposo, padre de sus hijos y compañero para el resto de su vida.

Los dos entraron a trabajar en la refinería de Amuay en la década de 1970 y allí nos conocimos. Waldina empezó a especializarse en el tema de control y automatización de procesos industriales y en esa área desarrollaría su carrera, por supuesto cada vez con más conocimientos, más autoridad y mayor responsabilidad.

Pero, en algún momento, Waldo y Waldina vieron atractiva la posibilidad de regresar a Maracaibo, así lo solicitaron y finalmente sucedió y vinieron a trabajar en el complejo petroquímico El Tablazo, plato fuerte tecnológico para esos dos profesionales de primera.

Nos dejamos de ver por varios años, pero el hado tiene sus mañas y también vino a suceder que viniera yo a El Tablazo y retomáramos nuestra amistad.

Los logros profesionales de Waldina en el complejo El Tablazo son enormes relacionados con la automatización de las plantas. Casi todas tienen que agradecerle. Su temperamento para alcanzar el resultado de la misión y el proyecto asignado era motivante ejemplo y su acostumbrada dedicación, a todo dar, es la diferencia clara y fundamental entre aquella PDVSA o Pequiven azul y el nido de mapurites rojos ineficientes que tenemos hoy.

Pero Waldina no solo era alguien especialmente sobresaliente en la parte técnica, su caja de sorpresas era enorme y tenía muchísimo adentro y las fue sacando mediante el estudio y la dedicación en otros campos más cercanos a la gente y a sus problemas.

Sucedió una especie de metamorfosis que cambió la dureza de la corteza en la larva de la técnica, de los números y los procesos industriales para convertirse en una colorida mariposa. Esto le vendría a pasar a la sorprendente Waldina. Un cambio enorme y que quizás es una de las mayores lecciones que hemos recibido de ella. La capacidad de poder hacer cambios radicales en nuestra vida y en nuestras actividades en pro de lo que creemos son objetivos mayores.

Waldina comenzó a estudiar cómo ayudar a otros en sus problemas personales, como ayudarlos con medicamentos naturales, como ayudarles a imaginar su futuro, decenas de mecanismos de pseudo ciencia como la acupuntura pero que muchos los aceptan como buenos y, además, les dan un resultado excelente.

Waldina se convirtió en conferencista nacional e internacional, profesora de cursos especializados en estos temas inusuales y era reconocida por su enorme capacidad de solucionar asuntos complejos y conflictos personales. Su fama en esta nueva faceta fue creciendo paulatinamente y sus clientes eran ya de un gran número de países vía Internet.

Era una organizadora natural y en casi todas las elecciones la buscaban para poner las cosas en orden en las mesas y centros de votación. Poseía un liderazgo sin esfuerzo e interactuaba con los organismos de poder en representación vecinal.

Su enorme empatía hacía que cualquier persona a los pocos minutos se conectara con ella y la viese como una gran amiga. Realmente era alguien fuera de lo común y comprometida fuertemente con el proceso para salir de estos malandros que se dicen son gobierno.

Mucha tristeza nos deja su temprana e inesperada muerte, pero, también mucho de agradecimiento por su amistad, por sus enseñanzas y sus ejemplos. Un abrazo de condolencia para Waldo y para todos sus hijos.

 

 Eugenio Montoro

 montoroe@yahoo.es