Nacional.- La turbidez del agua potable que llega a los hogares venezolanos se ha convertido en una constante preocupación para millones de ciudadanos. Lo que antes era una excepción, hoy, varias décadas después, parece ser la norma: agua con sedimentos, coloración anormal y olores desagradables circula por los grifos de las viviendas en muchas regiones del país, afectando la salud pública y la calidad de vida de la ciudadanía.
Según Norberto Bausson, experto en servicios públicos y presidente de la Sociedad Venezolana de Ingeniería Hidráulica (SVIH), este fenómeno no es casual. “La turbidez del agua es consecuencia directa de tres factores: las condiciones climáticas extremas, la falta de mantenimiento en las plantas de tratamiento y la discontinuidad del servicio”, explicó en una reciente entrevista ofrecida en el programa De Primera Mano TV de Radio Fe y Alegría Noticias..

Norberto Bausson, presidente de la Sociedad Venezolana de Ingeniería Hidráulica (SVIH), «este problema no es casual».
Las lluvias intensas, cada vez más frecuentes debido al cambio climático, arrastran sedimentos hacia las fuentes de captación afectando directamente la calidad del agua. Sin embargo sin una infraestructura adecuada para filtrar y tratar el agua, estos materiales terminan en los sistemas de distribución. A esto se suma el deterioro evidente de las estaciones de bombeo, la escasez de insumos químicos y la falta de personal capacitado.
Comentó durante su intervención Bausson, que Venezuela cuenta con alrededor de 100 grandes sistemas de abastecimiento de agua potable, de los cuales la mayoría dependen de fuentes superficiales, como los embalses y las captaciones directas sobre ríos.

Impacto en los hogares
En zonas como Zulia, Lara y Bolívar, los reportes de agua turbia son casi diarios. Los ciudadanos han optado por hervir el agua, comprar filtros o recurrir a fuentes alternas, como pozos o camiones cisterna. Sin embargo, estas soluciones son costosas y no siempre garantizan la potabilidad.
“No podemos confiar en el agua que llega por las tuberías. A veces parece barro líquido”, comentan con frecuencia los usuarios.
La turbidez no solo afecta el aspecto del agua, sino que puede ocultar microorganismos peligrosos. Expertos advierten que el consumo de agua sin tratamiento adecuado puede provocar enfermedades gastrointestinales, infecciones y brotes epidémicos, especialmente en comunidades vulnerables.
Es evidente que estas aguas están contaminadas. Cualquier enfermedad infecciosa puede ser transmitida si la tomas, como hepatitis A, leptopirosis, amibiasis, parasitosis de cualquier tipo. Pueden producir diarreas. Bañarse con esa agua también es un riesgo de enfermedades de la piel, infecciones bacterianas por estafilococo áureo, infecciones de origen micótico.
El experto señaló que la contaminación del agua también ocurre durante su trayecto desde la planta hasta el hogar.
Según Bausson en Venezuela sus plantas hídricas no tienen capacidad para mantener las redes presurizadas, por lo que la situación se agrava cuando se aplican planes de racionamiento para poder abastecer a toda la población, debido a que cuando el agua vuelve a entrar, arrastra los contaminantes acumulados en las tuberías, lo que deteriora no solo las redes sino la calidad del agua. “De allí la importancia de la presurización para mejorar el sistema”, dijo.

¿Hay solución?
Venezuela, al ser un país tropical, depende en gran medida de los embalses para almacenar agua durante las épocas de lluvia y usarla en la temporada de sequía. Sin embargo, un cambio climático agresivo como el actual o una mala gestión de los embalses puede llevar a bajos niveles de agua, lo que genera racionamiento y afecta el servicio que se ofrece a la población.
Bausson insiste en que la recuperación del sistema hídrico venezolano requiere voluntad política, inversión sostenida y planificación técnica. “No basta con reparar una tubería. Se necesita una estrategia nacional que priorice el acceso al agua segura como un derecho humano”, afirmó.
Mientras tanto, millones de venezolanos siguen esperando que el agua que llega a sus hogares sea, al menos limpia y clara.