Internacional.- Tus próximas vacaciones podrían costarte un poco más, pero no solo por la inflación. Cada vez más países están implementando impuestos turísticos con un propósito ambiental: combatir el cambio climático y proteger sus ecosistemas más vulnerables. Esta tendencia global busca transformar el turismo en una herramienta de sostenibilidad.
Hawái: pionero en tarifas climáticas
En mayo de 2025, Hawái se convirtió en el primer estado de EE UU en establecer un impuesto turístico explícitamente vinculado al cambio climático. La llamada Green Fee añade un 0,75% adicional a los impuestos de alojamiento ya existentes. Se espera que esta medida recaude alrededor de 100 millones de dólares anuales para restaurar arrecifes, recuperar zonas afectadas por incendios forestales y financiar proyectos de adaptación climática a partir de 2026.
La decisión fue impulsada por los devastadores incendios forestales de 2023 en Lahaina, la ciudad más histórica de Hawái, en el corazón de Maui, que dejaron 102 muertos y destruyeron más de 2.000 edificios, convirtiéndolos en uno de los incendios forestales relacionados con el clima más mortales en la historia de Estados Unidos.
En un comunicado de prensa, el gobernador de Hawái, Josh Green, afirmó que la nueva ley aborda el creciente impacto que tiene la presencia de 10 millones de turistas en las islas y refleja una estrategia más amplia para responder a la creciente frecuencia de desastres naturales.
“No es solo un recargo”, afirmó a la BBC Susan Fazekas, guía de senderismo en Maui. “Es una oportunidad para que los visitantes contribuyan a la preservación de los recursos naturales que vienen a disfrutar”.
A medida que se intensifican los desastres relacionados con el clima, otros destinos alrededor del mundo también están repensando cómo se recauda el ingreso turístico y hacia dónde se dirige.

Grecia y su tarifa de resiliencia
Desde enero de 2024, Grecia reemplazó su impuesto por estancia nocturna con una Tarifa de Resiliencia ante la Crisis Climática. Los viajeros pagan entre 0,58 y 11,60 dólares por noche, dependiendo del tipo de alojamiento y la temporada. En destinos populares como Mykonos y Santorini, el recargo puede llegar hasta los 24 dólares por persona.
El gobierno espera recaudar 460 millones de dólares anuales para invertir en infraestructura hídrica, prevención de desastres y restauración de ecosistemas.

Bali, Maldivas y Nueva Zelanda se suman
Bali introdujo en 2024 una tarifa de 150.000 rupias (unos 9 dólares) para turistas internacionales, destinada a la protección ambiental; mientras que Maldivas duplicó en 2025 su “impuesto verde” nocturno, que ahora alcanza los 12 dólares por persona. Los fondos se destinan a la gestión de residuos y la resiliencia costera.
En Nueva Zelanda desde 2019 se mantiene el International Visitor Levy, que casi se ha triplicado hasta alcanzar unos 100 dólares neozelandeses (US$58) en 2024- apoya los esfuerzos de conservación y la infraestructura turística sostenible en todo el país.
Según Rachel Dodds, doctora y profesora de gestión del turismo en la Universidad Metropolitana de Toronto, en Canadá, lo que finalmente da sentido a estas tarifas es la claridad con la que se comunican a residentes y visitantes.
«Los impuestos turísticos pueden ser una fuente fácil de ingresos adicionales para apoyar iniciativas de sostenibilidad o climáticas», afirma. «Pero la transparencia es esencial para garantizar que el dinero realmente se destine a esas iniciativas».

Un nuevo modelo de turismo
Este giro en la política turística refleja un cambio de paradigma: el turismo deja de ser una actividad extractiva para convertirse en una colaboración entre visitantes y comunidades locales. Las tarifas climáticas buscan que los viajeros no solo disfruten del paisaje, sino que también contribuyan a su preservación.
Durante décadas, el turismo ha funcionado en gran medida como una economía extractivista; los visitantes llegan, consumen y se van. Pero en un mundo afectado por el cambio climático, ese modelo ya no es sostenible.
Aunque pagar más por un viaje pueda resultar frustrante, estas nuevas tarifas podrían ayudar a garantizar que algunos de tus destinos favoritos sobrevivan en un mundo con subidas del nivel de los mares, calor récord y desastres naturales.
Como señala Fazekas, “honrar el kuleana —la responsabilidad compartida— es clave para proteger el futuro de estos destinos”.
En el fondo, el auge de los impuestos turísticos vinculados al clima no se trata solo de financiamiento, sino de reescribir el contrato social del turismo.