Salud.-En un descubrimiento que podría marcar un antes y un después en la investigación sobre el Trastorno del Espectro Autista (TEA), científicos de Stanford Medicine han logrado revertir comportamientos similares al autismo en ratones, manipulando una región cerebral específica: el núcleo talámico reticular.
Este núcleo, encargado de filtrar la información sensorial entre el tálamo y la corteza cerebral, mostró una actividad excesiva en ratones genéticamente modificados para simular el TEA. Los investigadores observaron que esta hiperactividad provocaba síntomas como hipersensibilidad a estímulos, conductas repetitivas, hiperactividad motora, baja interacción social e incluso convulsiones.

Z944: el fármaco que cambió el juego
Utilizando el medicamento experimental Z944 —originalmente diseñado para tratar la epilepsia— los científicos lograron reducir la actividad neuronal en esta región. El resultado fue sorprendente: los ratones mostraron mejoras significativas en su comportamiento social, disminución de las conductas repetitivas y menor sensibilidad a estímulos externos.
Además del fármaco, el equipo empleó una técnica avanzada de neuromodulación llamada DREADD (Receptores Diseñados Activados por Fármacos Diseñados), que permitió inhibir selectivamente la actividad de las neuronas hiperactivas. Esta intervención restauró patrones de comportamiento normales en los ratones modelo.
Implicaciones globales
El estudio, publicado en Science Advances, no solo abre nuevas vías para el tratamiento del TEA, sino que también establece un vínculo biológico entre el autismo y la epilepsia, dos condiciones que coexisten en aproximadamente el 30% de los casos. El hallazgo sugiere que tratamientos dirigidos a esta región cerebral podrían beneficiar a ambos trastornos.
Este avance representa una luz de esperanza para millones de familias en todo el mundo. Aunque aún queda camino por recorrer antes de aplicar estos hallazgos en humanos, el trabajo de Stanford redefine lo que creíamos posible en la neurociencia del autismo, siendo un avance prometedor hacia futuros tratamientos y refuerzan la importancia de explorar áreas del cerebro poco estudiadas en la comprensión del autismo..