Nacional.- Una ola de desapariciones está estremeciendo el país. La angustia se ha instalado en hogares de distintas regiones de Venezuela. En menos de quince días, se han reportado al menos seis casos de desapariciones, con desenlaces que van desde el rescate de víctimas hasta la tragedia de una muerte confirmada.
Las circunstancias varían, pero el patrón se repite: desapariciones misteriosas, falta de información oportuna y una creciente sensación de inseguridad.
Las familias afectadas viven entre la incertidumbre y la desesperación, enfrentando la lentitud de las investigaciones y la escasa respuesta institucional. En redes sociales, los llamados de ayuda se multiplican, mientras la ciudadanía se moviliza para compartir imágenes, datos y pistas que puedan conducir al paradero de sus seres queridos desaparecidos.
El rol de la familia y la prevención
Frente a esta realidad, expertos y activistas coinciden en la necesidad de reforzar la vigilancia y la comunicación en el entorno familiar. “Los padres deben estar más atentos a con quién se relacionan sus hijos, qué consumen en internet y cómo se sienten emocionalmente”, señalan voceros de organizaciones de protección infantil.
La educación digital, el acompañamiento emocional y la denuncia oportuna son herramientas clave para prevenir estos hechos. Además, se exige al Estado mayor transparencia, celeridad en las investigaciones y políticas públicas efectivas para combatir las causas estructurales de estas desapariciones.
Lo lamentable seria de que Venezuela se convirtiera en un país acostumbrado a este tipo de casos

Qué está pasando
La pregunta obligada es: ¿Qué está pasando? ¿Por qué se incrementan estos casos?.
Una de las desapariciones más sonadas es la de Josué Enrique Mata Jiménez, un adolescente de 16 años, oriundo de Ciudad Guayana, que permaneció desaparecido por 7 días en Puerto Ordaz, estado Bolívar, tristemente fue localizado muerto en las inmediaciones del sector donde residía.
El adolescente había desaparecido cuando pasadas las 8:00 de la noche del 9 de noviembre salió de la vivienda de su hermana, en la manzana 99 del sector Core 8, con destino a su residencia, ubicada a unas tres casas de distancia, sin embargo Josué nunca llegó, iniciando casi inmediatamente una intensa búsqueda por parte de sus familiares.
El padre del muchacho, José Mata, confirmó a los medios locales que introdujo una denuncia por desaparición en la sede del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas de San Félix y la institución que inició de inmediato las averiguaciones pertinentes.
El padre explicó a los medios locales que su hijo había estado disfrutando con amistades en una piscina en Las Amazonas, comunidad que está a unos 10 minutos del Core 8. Aproximadamente a las 7:00 de la noche regresó al sector donde reside, pero antes visitó la vivienda de su hermana ubicada específicamente en la manzana 99 del sector Core 8 de Puerto Ordaz, con el fin de ayudar a sus sobrinos con tareas escolares.
Fue entonces cuando se comunicó con su padre y le avisó que regresaría a su casa a las 9:00 de la noche, ya que tenía que despertar temprano para cumplir con su jornada escolar. Un poco antes de la hora acordada, subió a su bicicleta con dirección hacia su vivienda a la que nunca regresó.
Las autoridades durante sus investigaciones ubicaron la bicicleta del adolescente en casa de un amigo, quien para ese momento, negó tener vínculos con la desaparición.
Josué era un joven deportista, con una trayectoria destacada en karate y fútbol, además de ser un muchacho sociable sin problemas con ningún miembro de la comunidad.
Su familia siempre guardó la esperanza de encontrarlo con vida, sin embargo pasadas las seis de la tarde de este domingo 16 de noviembre , el padre del joven salió de la medicatura forense de la localidad certificando que el cuerpo encontrado en un terreno baldío cerca de la escuela Fe y Alegría con un tiro en la espalda, era el de su hijo.
La angustia sobre el paradero de Josué cesó, sin embargo ahora queda lograr que los culpables de este atroz crimen paguen, y para ello ya hay detenidos. Solo queda saber qué motivo llevó a los asesinos a acabar con la vida del jovencito.
Juan Andrés tampoco aparece
La familia de Juan Andrés Rangel, también vive la angustia de haberle perdido su rastro desde el pasado 4 de noviembre, cuando el muchacho fue visto por última vez en su motocicleta MD Colibrí color rojo por la carretera Barinas- Mérida.
Según las publicaciones en Redes Sociales de sus familiares cercanos, Juan Andrés es un joven profesional de 24 años, licenciado en Administración que trabajó en MangoCenter y ahora administra su propio negocio digital.
El mayor temor de los familiares es que el joven, al momento de marcharse, se sentía agobiado por problemas personales, por lo que suplican que cualquier persona que tenga alguna información sobre su paradero se comuniquen al número telefónico 0414-9566555, a fin de que los ayuden a traer de vuelta a casa a Juan Andrés.
Durante los días que han transcurrido desde que Rangel salió de la residencia donde vive con sus padres, se conoció, a través de gente cercana al joven, que socorristas de varios organismos han ejecutado acciones de búsqueda con drones en varios lugares, entre ellos en la zona montañosa de la carretera Barinas- Mérida, pero hasta el momento no hay novedades de ningún tipo.
“En estos casos no se descartan posibilidades, ya que es un joven sin aparentes problemas, pero es probable que haya tenido algún inconveniente y por ello se marchó de su residencia y no haya regresado. Pero de que sucedió algo, pues claro que algo pasó para que asumiera esa actitud tan extraña para quienes lo conocen”, explicó un funcionario policial, según reseñan sus familiares en sus redes sociales.

En Bolívar otro joven lleva días desaparecido
Ángel Casanova es otro joven de 22 años que desapareció en la madrugada del pasado viernes 7 de noviembre. Se le vio por última vez en Terrazas del Caroní, donde vive solo y de donde salió con destino desconocido.
Según su hermana, Aurismar Casanova, Ángel tenía que reunirse con un amigo el día viernes 7, pero nunca lo hizo. Desde que salió de su casa en la madrugada tiene el teléfono apagado.
El joven trabaja en una recarga de agua cerca de donde vive y pidió la mañana de ese día libre para ir a San Félix a comprar unas cosas y verse con un amigo. Ni su hermana ni su amigo conocen su paradero.
Aurismar Casanova puso la denuncia ante las autoridades, pero casi una semana después no ha tenido respuesta de dónde puede estar su hermano. Cualquier información sobre Ángel, puede contactarse al número: 424-9230058.

Sin rastros de Ángela Marcano
Ányela Marcano, de 45 años de edad, también lleva casi un mes desaparecida. Tras el asesinato de su pareja en un extraño hecho ocurrido el pasado 25 de octubre en la vivienda que compartía la pareja, ubicado en la calle El Limón, de La Pedrera de Puerto la Cruz, los familiares perdieron el rastro de la dama, presumiendo que se trató de un robo resultando asesinado el hombre y posterior secuestro de Ángela.
Ángela, madre de dos hijos, que no habitaban con ella al momento de los hechos, era muy conocida en el sector por ser miembro de una iglesia evangélica “Espíritu Santo situada en el Paseo Colón de Puerto la Cruz, a la cual asistía con regularidad.
Aunque existe cierto hermetismo entre los familiares de la mujer por la forma que fue asesinada la pareja de Ángela, de quien no tienen información precisa, quien recibió un tiro en la cabeza, y presentó posibles signos de tortura; solo guardan la esperanza de saber que sucedió con la mujer, por lo que piden a las autoridades reforzar la búsqueda, para dar con su paradero.
“Solo queremos saber qué pasó con ella, qué aparezca de la manera que sea, pero que aparezca”, sostienen.
Hasta el momento, no hay un pronunciamiento oficial de parte de las autoridades sobre este caso.

Otras desapariciones
También hay otros tipos de desapariciones, como la que denuncia Mayra Boscán, madre del joven Eudi José Andrade, quien alega que tras casi diez meses de su detención, aún desconoce el paradero real de su hijo, quien presuntamente se encuentra recluido en el Internado Judicial Rodeo I, en el estado Miranda.
Sin embargo, asegura que cada fin de semana acude al penal sin obtener confirmación oficial ni acceso a su familiar.
“Todavía no tengo noticias de dónde está Eudi. Supuestamente está en el Rodeo I, pero voy todos los fines de semana y me dicen lo mismo: que él no está, que allí nunca ha estado. Lo he buscado en el Rodeo II y III, y en ambos me dicen que tampoco está allí, que está en el I, pero sigo sin noticias”, relató.
Según Boscán, ni el abogado defensor ni el juez del caso han podido ofrecer mayores detalles, más allá de confirmar que su hijo “está vivo y en el Rodeo”.
Desde el 29 de enero no ha podido verlo, hablar con él ni hacerle llegar pertenencias personales. Tampoco ha recibido respuesta a las solicitudes de fe de vida ni evaluaciones médicas.
La madre también denunció que, al consultar en el Ministerio de Servicios Penitenciarios, le informaron que su hijo “no aparece en ninguna base de datos”. “Es como si Eudi no existiera. Y eso aumenta mi preocupación”, afirmó.
La angustía de esta madre no difiere mucho de otras que han recibido información de que sus familiares han sido detenidos, pero al buscar información sobre sus casos, no aparecen en ninguna institución carcelaria.
¿Qué está ocurriendo?
Organizaciones como Justicia, Encuentro y Perdón han alertado sobre un preocupante aumento de desapariciones forzadas y detenciones arbitrarias en el país. Según sus reportes, existe un patrón sistemático de represión y opacidad informativa, que ha afectado incluso a estudiantes y periodistas. Amnistía Internacional también ha denunciado que las desapariciones forzadas en Venezuela podrían constituir crímenes de lesa humanidad, al formar parte de un ataque generalizado contra la población.
Sin embargo, más allá del ámbito político, también se registran desapariciones vinculadas a redes de trata de personas, violencia de género y delincuencia organizada. En los casos recientes, se ha identificado la participación de bandas que captan a menores mediante engaños en redes sociales, lo que ha encendido las alarmas sobre la vulnerabilidad de los adolescentes.

Un final feliz: el IAPEBM rescató a dos adolescentes secuestrados
Esta semana funcionarios del Instituto Autónomo de la Policía del Estado Bolivariano de Mérida (IAPEBM), adscritos al Centro de Coordinación Policial N° 11 Mucuchíes, rescataron a dos adolescentes de 13 y 14 años en el sector La Meza de Mococón Alto, parroquia Mucurubá, municipio Rangel, tras recibir una denuncia por desaparición.
El procedimiento se llevó a cabo luego de que padres y representantes acudieran a la sede policial para reportar que las jóvenes no habían regresado del liceo desde el día anterior. Según el testimonio de una compañera, las adolescentes se habían quedado en Mucurubá, específicamente en la cancha del sector, tras ser dejadas allí por el padre de la amiga.
Una comisión policial logró localizar a las adolescentes en una zona boscosa de Mococón Alto. En el lugar se encontraban en compañía de un adulto y un adolescente de 15 años, quienes presuntamente las mantenían allí bajo engaños, ofreciéndoles dinero, empleo fijo y un supuesto viaje a Colombia.
Los implicados intentaron huir, pero fueron aprehendidos. Ambos residen en el sector La Cruz de Mucurubá. Las adolescentes se refugiaron en la comisión y relataron haber sido víctimas de abuso sexual por parte de los detenidos.
Los aprehendidos fueron puestos a la orden de la Fiscalía Décimo Segunda del Ministerio Público, con competencia en delitos contra niños, niñas y adolescentes, para el inicio del proceso judicial correspondiente.
Cada desaparición es una herida abierta. Cada rostro en un cartel de “Se busca” representa una vida interrumpida, una familia rota, una sociedad que no puede permitirse la indiferencia. El incremento de estos casos exige una respuesta urgente, coordinada y humana. Porque detrás de cada nombre hay una vida que merece ser rescatada.
