ECONOMÍA.- La estabilidad económica de Venezuela ha entrado en una fase de vulnerabilidad extrema. Los economistas Rodrigo Cabezas y Edison Morales, destacados profesores de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad del Zulia (LUZ), han encendido las alarmas ante lo que califican como una situación “extremadamente grave y letal”: una tasa de devaluación diaria del 1,66% registrada por el Banco Central de Venezuela (BCV).
Para los académicos, este ritmo descontrolado no es una simple cifra, sino la prueba fehaciente de que el ente emisor ha perdido el timón de la política cambiaria. Esta deriva no solo quiebra cualquier estrategia de estabilización de precios, sino que sitúa al país frente al precipicio de un colapso financiero.
Las proyecciones matemáticas son lapidarias. Si esta tendencia persiste, el precio del dólar oficial experimentará un incremento geométrico del 64,4% en apenas 30 días, superando la barrera de los mil bolívares por unidad. A un año vista, el impacto es, según los expertos, “sencillamente impredecible”, amenazando con devolver a Venezuela al oscuro umbral de la hiperinflación.

El efecto colchón: un golpe al consumidor
En un ecosistema altamente dolarizado, donde la divisa estadounidense dicta el precio de casi todo, la devaluación y la inflación operan como un tándem destructivo. La incertidumbre obliga a los comercios —desde supermercados hasta farmacias— a implementar estrategias de supervivencia. Ante el temor de no poder reponer inventarios, los precios se ajustan por encima de la propia devaluación diaria. Este “efecto colchón” se convierte en un acelerador inflacionario que devora el poder adquisitivo de los ciudadanos a diario.
Crisis social y exigencia de transparencia
El impacto humano es, quizás, la faceta más dolorosa de esta crisis. Los trabajadores, especialmente aquellos con ingresos fijos en moneda nacional, ven cómo la pobreza monetaria se agrava drásticamente. Esta contracción del consumo familiar no solo empobrece a las familias, sino que lastra las perspectivas de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) nacional.
Ante este panorama, Cabezas y Morales han sido tajantes: el BCV debe rendir cuentas. Los economistas cuestionan la gestión de la directiva del Banco Central y exigen respuestas claras sobre el destino de los ingresos petroleros. «¿Dónde están las divisas generadas por las exportaciones?», es la interrogante que resuena, mientras el país espera saber por qué este flujo no se ha destinado a robustecer las reservas internacionales como un dique necesario para proteger la economía nacional.