NACIONAL.- El aula venezolana está perdiendo a sus guías. Lo que comenzó como una crisis económica se ha transformado en un colapso estructural: Venezuela arrastra hoy un déficit de más de 250 mil docentes, una brecha que, de no revertirse la tendencia actual, tardaría entre 25 y 50 años en cerrarse. El sistema educativo no solo sufre la ausencia de maestros, sino también la falta de relevo generacional.
La radiografía de esta situación fue detallada por Tulio Ramírez, director del doctorado y posdoctorado en Educación de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Sus estudios comparativos entre 2008 y 2022 revelan una cifra alarmante: el número de egresados de las principales facultades de Educación del país —incluyendo la UCV, la UCAB y los institutos de la UPEL— se desplomó un 82 %, pasando de 17.000 graduados anuales a apenas 3.000. La Universidad de Carabobo, en un estudio de seguimiento realizado en 2025, confirmó que el panorama sigue siendo desolador.
Para los jóvenes bachilleres, la docencia ha dejado de ser una opción atractiva. La imposibilidad de cubrir necesidades básicas con los ingresos percibidos ha alejado a las nuevas generaciones de las aulas universitarias. Por otro lado, Fausto Romeo, director general de Consenso Educativo, advierte sobre un fenómeno paralelo: el envejecimiento de la fuerza laboral. Aunque los colegios privados han reportado una ocupación cercana al 90 %, este porcentaje se sostiene gracias a un “canibalismo laboral” donde los docentes migran desde el sector público hacia el privado, dejando los planteles estatales aún más desolados.
El 10 de junio: Un punto de inflexión
Ante este escenario de “aulas mudas”, el magisterio nacional decidió romper el silencio. El pasado 10 de junio, un paro nacional paralizó actividades académicas en colegios y universidades, marcando un hito en la lucha por la dignificación del gremio.
Raquel Figueroa, vocera de la Federación Nacional de Profesionales de la Docencia-Colegio de Profesores de Venezuela, calificó la jornada como un éxito rotundo, a pesar de las presiones. “El magisterio nacional expresó un alto descontento”, sentenció Figueroa, quien denunció un entorno marcado por el “terrorismo laboral”, donde la persecución y el hostigamiento se han vuelto prácticas sistemáticas para intentar desmovilizar a los educadores. Sin embargo, lejos de amedrentarse, el sector contó con un respaldo inédito de padres, representantes y organizaciones de derechos humanos.
Rumbo a Ginebra: La lucha se internacionaliza
Con la evaluación de la protesta y la organización de nuevas asambleas ya en marcha, los docentes han decidido escalar el conflicto. Agrupados en la Federación Venezolana de Maestros (FVM) y otras organizaciones sindicales, han formalizado sus exigencias ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
El objetivo es claro: presionar al Ejecutivo nacional mediante el Consejo de Administración y los foros de diálogo social de la OIT. Las demandas son innegociables:
Salario integral: Un ajuste que responda al costo real de la canasta básica.
Dignificación contractual: Cese de la política de bonificaciones discrecionales y recuperación de los beneficios de ley.
Justicia laboral: Reincorporación inmediata de los docentes suspendidos injustamente de sus nóminas.
Mientras el Gobierno mantiene un estancamiento en la discusión de la contratación colectiva, los educadores venezolanos parecen haber encontrado en la presión internacional y la movilización sostenida una tabla de salvación. La pregunta que queda en el aire no es solo cuándo habrá una mejora salarial, sino si quedará alguien en las aulas para cuando el país decida, finalmente, atender el llamado de quienes sostienen el futuro de la nación.