Nacional.- En los últimos años, el timbre de entrada a las escuelas venezolanas no solo marca el inicio de las lecciones académicas, sino también la apertura de un escenario de convivencia cada vez más complejo. Lo que antes se despachaba como «cosas de niños», hoy es reconocido por expertos como una escalada de violencia que exige una respuesta institucional inmediata.
Para la profesora Luisa Pernalete, docente jubilada de Fe y Alegría y asesora del programa Madres Promotoras de Paz, la clave no está en el castigo, sino en la formación. Pernalete sostiene que el personal educativo —desde el directivo hasta el personal de mantenimiento— debe ser capacitado para leer entre líneas el comportamiento estudiantil.
«Es en ese momento en el que los docentes deben identificar cuándo se trata de violencia y el tipo de comportamiento que tiene el estudiante hacia sus compañeros», afirma Pernalete.
La experta advierte que la escuela es, muchas veces, el espejo de lo que ocurre en casa. La violencia intrafamiliar no se queda en la puerta del hogar; viaja en el morral del estudiante y se manifiesta en el aula como un mecanismo de defensa o imitación.
El Espectro de la Agresión
La violencia escolar ha dejado de ser únicamente un intercambio de golpes. Hoy se manifiesta de formas más sutiles pero igualmente devastadoras:
Violencia Verbal: Insultos y burlas que minan la autoestima.
Violencia Psicológica: La exclusión sistemática del grupo.
Ciberbullying: El acoso que no descansa, trasladado a las redes sociales las 24 horas del día.
Violencia Física: Agresiones visibles que suelen ser la punta del iceberg de un conflicto previo no atendido.

El «Efecto Pantalla» y la Frustración Real
A este cóctel emocional se le ha sumado un ingrediente moderno: el uso excesivo de la tecnología. La psicóloga Bárbara Cerón destaca que el abuso de celulares y videojuegos está alterando la percepción de la realidad en niños y adolescentes.
Cuando un joven se sumerge en el mundo digital, pierde el anclaje con el «aquí y el ahora». Según Cerón, al apagar la pantalla y enfrentarse a un mundo que no responde a la inmediatez de un clic, surge la frustración.
«Muchos niños utilizan las pantallas para distraer o evadir sus emociones», explica la psicóloga. El resultado es una irritabilidad latente que estalla en conductas agresivas cuando la realidad física no coincide con la distorsión digital que consumen habitualmente.
Más allá de la Academia: Herramientas para la Paz
Especialistas consultados por el Diario de Lara y LA PRENSA coinciden en que la preparación de los trabajadores del sector educativo debe ir más allá del contenido pedagógico. Urge dotar a los maestros de herramientas de resolución de conflictos y mediación.
¿Qué se necesita en las escuelas hoy?
Espacios de diálogo: Donde el estudiante pueda expresar su emoción sin ser juzgado.
Protocolos de detección: Identificar si el agresor es, en realidad, una víctima de su entorno familiar.
Alfabetización emocional: Enseñar a los jóvenes a gestionar la frustración y el aburrimiento sin recurrir a la violencia o al aislamiento tecnológico.
El desafío está servido: transformar las escuelas en territorios de paz donde el aprendizaje conviva con la empatía, entendiendo que un niño que agrede es, casi siempre, un niño que pide auxilio a gritos.
Guía de Alerta Temprana: ¿Qué observar en casa?
El bullying es un fenómeno silencioso que se alimenta del aislamiento. Como padre o representante, detectar las señales a tiempo puede cambiar el rumbo de la salud mental de un niño.
Señales de que tu hijo podría estar siendo víctima
No todos los niños se atreven a denunciar por miedo a represalias o vergüenza. Observa estos cambios:
Cambios de humor repentinos: Irritabilidad, tristeza inexplicada o ansiedad, especialmente los domingos por la tarde o antes de ir a clase.
Somatización: Dolores de estómago, náuseas o dolores de cabeza frecuentes que coinciden con el horario escolar.
Aislamiento social: Ya no habla de sus amigos, deja de recibir invitaciones o muestra desinterés por actividades que antes disfrutaba.
Evidencias físicas o materiales: Ropa rota, pérdida constante de útiles escolares o «pérdida» recurrente de dinero de la merienda.

Señales de que tu hijo podría estar ejerciendo violencia
Es la parte más difícil de aceptar para un padre, pero detectarlo es el primer paso para ayudarlo (recordando que, como dice Pernalete, la violencia suele ser un reflejo de algo más):
Falta de empatía: Se burla de los problemas de los demás o justifica la agresión diciendo que «fue una broma».
Necesidad de control: Muestra una actitud dominante o prepotente con hermanos menores o amigos.
Nuevas pertenencias: Aparece en casa con objetos o dinero que no le pertenecen y no sabe explicar su procedencia de forma coherente.
Frustración tecnológica: Reacciona con agresividad física o gritos cuando se le retira el celular o se acaba el tiempo de videojuegos (la «distorsión de la realidad» mencionada por Cerón).
¿Cómo actuar? (Recomendaciones de expertos)
Valida, no juzgues: Si tu hijo confiesa una situación de violencia, evita frases como «¿Y por qué no te defendiste?». En su lugar, usa: «Te creo, no es tu culpa y vamos a solucionarlo juntos».
Establece «Dietas Digitales»: Para evitar la irritabilidad que menciona la psicóloga Cerón, limita el uso de pantallas al menos dos horas antes de dormir y fomenta actividades de «aquí y ahora» (deportes, juegos de mesa, conversación).
Comunicación con la escuela: No busques confrontar directamente al otro niño o a sus padres. Acude a la institución y exige la aplicación de los protocolos de convivencia pacífica.
El ejemplo en casa: Revisa cómo se resuelven los conflictos en el hogar. La profesora Pernalete es enfática: la escuela no puede sola si el modelo de conducta en casa es la agresividad.
El Regional del Zulia
Fuente/Prensa de Lara
Foto/WEB