Deportes.- En las calles calurosas de Cartagena, hace apenas unos años, el fútbol parecía un sueño lejano, casi imposible. Allí, entre el pregón de los vendedores y el asfalto ardiente, un jovencito venezolano veía a su padre empujar una carretilla cargada de aguacates y frutas. Aquella carretilla, que apenas lograba reunir lo necesario para el sustento diario, era el motor de una familia que lo había dejado todo en la capital zuliana, Maracaibo, buscando una oportunidad: Helieyker Guzmán.
Ese joven hoy tiene nombre propio en el fútbol profesional colombiano. Un juvenil que tocó el cielo con las manos al debutar y marcar el agónico 2-2 ante Águilas Doradas, certificando el pase del Once Caldas a las finales del torneo.

El aroma de la redención
Manizales, la ciudad del café, celebró el gol de Guzmán con una intensidad especial. Helieyker de 19 años de edad, pasó de la precariedad económica y la incertidumbre del migrante a convertirse en el protagonista de una jornada épica en el Palogrande.
Para Helieyker Guzmán, el tanto tuvo un significado especial, no solo por el contexto del partido, sino por su historia personal.
“Muy feliz, esto es para mi familia, para el cuerpo técnico y mis compañeros que siempre confiaron en mí”, expresó el joven delantero.
“No fue fácil dejar a mis abuelos, tíos y primos en Maracaibo”, declaró Guzmán en una rueda de prensa cargada de emotividad. Con la madurez que dan las ausencias forzadas, el joven recordó la tristeza de partir siendo casi un niño, dejando atrás sus raíces para enfrentar la dureza de la migración.
El jugador relató el camino que lo llevó al fútbol profesional, marcado por dificultades económicas y la migración desde Venezuela, para buscar un mejor futuro.

“Me tocó salir muy joven de Venezuela, dejar a mi familia. Pasé momentos duros, pero gracias a Dios hoy puedo ayudarlos desde acá”, contó.
Guzmán también destacó el respaldo de referentes del equipo como Dayro Moreno, a quien considera un ejemplo dentro y fuera de la cancha.
“Me dice que me la crea, que soy el mejor, que no baje los brazos, es un referente por su humildad y por todo lo que ha logrado”, señaló.
Herrera explicó que la inclusión del juvenil fue una apuesta del cuerpo técnico en medio de un partido complejo, decisión que terminó siendo determinante.
“Una lucecita ahí arriba nos dijo metamos al Chamo, a pesar de que era una situación difícil sacar a Jeffrey Zapata, que también hace goles. Entró y definió. Yo creo que definió en un momento difícil para nosotros porque había que empata”, dijo su DT Hernán Herrera.

De recibir ayuda a ser el sustento
La historia de Guzmán es el espejo de millones. Sin embargo, el fútbol le permitió cambiar el guion. Hoy, aquel niño que veía a su padre vender frutas para sobrevivir, es quien envía el apoyo económico de vuelta a casa.
“Ahora, como futbolista profesional, puedo ayudar a mi familia”, afirmó con orgullo. Sus goles en Colombia se traducen en bienestar para quienes se quedaron en Venezuela, cerrando un círculo de sacrificio que comenzó con una maleta llena de miedos en la frontera.
Un faro para la diáspora
El debut de oro de Helieyker Guzmán trasciende las canchas. Para la comunidad migrante venezolana en Colombia, su figura se ha convertido en un símbolo de que el destino no está escrito por las circunstancias del presente. Su historia de lucha es una fuente de inspiración: si Guzmán pudo pasar de la carretilla al estadio, otros también pueden alcanzar sus metas.
Hoy, Manizales huele a café y a gol venezolano. La historia de Helieyker nos recuerda que, a veces, para llegar al cielo, primero hay que haber caminado con mucha fe por el desierto. Pura resiliencia, puro fútbol y, sobre todo, pura esperanza.